Miércoles, 26 de Mayo de 2010

Edurne aún confía en ser la primera

"Ahora mismo Oh Eun-sun es la primera y así la he felicitado, pero es verdad que hay dudas sobre algunas de sus cumbres"

ANGEL LUIS MENÉNDEZ ·26/05/2010 - 11:56h

"Prefiero vivir un día como un tigre que cien años como un cordero". En la cita de la inglesa Alison Hargreaves, primera mujer en subir al Everest por la cara norte en solitario y sin oxígeno, están condensados nueve intensos años de la vida de Edurne Pasaban. La alpinista española cerró ayer una aventura que la ha elevado a las cumbres más altas del planeta. Tras conquistar los 14 ochomiles, la deportista vasca regresó ayer a casa.

"Realmente, he empezado a disfrutar hace diez minutos, cuando he visto el vídeo de la última cumbre (Sisha Pangma)", confesó la guipuzcona en el aeropuerto de Barajas, donde fue recibida, a las 8.30, por sus padres, amigos y el secretario de estado para el Deporte, Jaime Lissaveztsky, que le anunció la concesión de la medalla de oro al mérito deportivo. A Edurne se le agolparon los sentimientos y a duras penas pudo contener las lágrimas. Cansada y rodeada de su fiel equipo "el mejor del mundo", se confesó "feliz" y "con ganas de vacaciones". Pero, fiel a su instinto, sigue al acecho de su verdadero objetivo: ser la primera mujer en la historia en hollar todos los ochomiles.

"Ahora mismo Oh Eun-sun (alpinista coreana) es la primera y así la he felicitado -aseguró Pasaban-, pero es verdad que hay dudas sobre algunas de sus cumbres. Miss Hawley (octogenaria periodista norteamericana que vive en Nepal y ejerce de notaria oficiosa de cada ascensión a un ochomil) pone como dudoso el Kanchenjunga y la ha pedido pruebas. Yo le he entregado a Hawley fotos y dossieres con las personas que me han acompañado en cada subida".

Acostumbrada a sortear peligros más afilados que las preguntas de los periodistas, Pasaban también se refirió a los que la acusan de aprovecharse del trabajo de sus compañeros de equipo. "Antes, esos comentarios me hacían daño reconoció la tolosarra. Ahora, sólo digo: que vengan conmigo, a ver si suben. Y me quedo con felicitaciones de gente como Messner, Kalterbrunner o Kruglov, que han hecho y hacen cosas grandes en la montaña. Y, por supuesto, este reto hubiera sido imposible sin los que me han acompañado, auténticos amigos, y sin los sherpas, muchas veces olvidados por nuestro egoísmo".