Sábado, 22 de Mayo de 2010

La gran jugada de Mourinho

Diego Milito destroza al Bayern con dos golazos que le encumbran como el héroe de la final de la Liga de Campeones

LADISLAO JAVIER MOÑINO ·22/05/2010 - 22:36h

EFE - Instante en el que Diego Milito bate al portero del Bayern.

Una patada larga de Julio César, la prolongación de Milito para Sneijder, la pared entre ambos, tac-tac y gol de Milito. La secuencia ideal del fútbol de Mourinho. Cuatro toques, todos en línea recta. Todo muy rápido. Sin mascar el fútbol, pero devorando sus tiempos para empezar a ganar una final que encumbra a Mourinho antes de su probable fichaje por el Madrid. La jugada le ha salido.

Esa jugada fue un latigazo para destrozar las pizarras, que en ese momento ya mandaban en el duelo. Estaba el partido como le gusta a Mourinho y como mejor los maneja. Es en ese fútbol parado y con pocas rendijas donde se refleja el cogollo de su ideario y su espartano trabajo. Una simple patada larga para él puede ser un jaque mate, porque coloca al equipo para jugarla, para sacarle todo el provecho, como sucedió en el gol.

Mete Mourinho a sus futbolistas a batallar los partidos metro por metro. Todos, no hay excepción. Milito se partió el pecho con Demichelis y Van Buyten. Ora una caída a banda derecha, ora una caída a la izquierda. Ora un desmarque entre los dos centrales.

Una patada larga, prolongación, pared y gol: la secuencia ideal de Mourinho

El estajanovismo táctico de Mourinho lo encarna Milito como nadie. Noventa minutos a full. Sin esfuerzo constante, Mourinho no concibe ni el fútbol ni a sus futbolistas. Etoo y Pandev quedan disfrazados como extremos, pero en realidad son dos centrocampistas más que llegan arriba a la contra o para presionar en las bandas.

Media hora había pasado cuando llegó el gol y ya se había diluido el fervor inicial de los dos equipos. El Inter salió a intimidar con una presión agresiva sobre la salida del balón del Bayern. Tuvo que ser Robben en una carrera en la que se midió con Chivu y le reventó el que sacara a su equipo de su letargo. Su centro atrás lo echó fuera Olic. Iban 10 minutos y el Inter ya reculó.

No perdió agresividad, pero ya no fue tan arriba a buscar el balón. Dejaba que lo manejaran Van Bommel y Schweinsteiger y que cargaran el juego sobre Robben, muy vigilado por Chivu y ayudado por Cambiasso y a veces hasta por Samuel. En la izquierda, Altintop comprobaba lo que significa que te defienda un equipo de Mourinho: Maicon le perseguía hasta cuando se metía al centro para hacer movimientos de distracción.

El Inter conquista la Copa de Europa, su tercera, 45 años después

Si con el juego controlado un equipo de Mourinho es incómodo, con el viento a favor se le afila el colmillo. La contra la maneja como el mejor italiano. En realidad, ayer, en un Inter sin producto nacional en el once titular, el más italiano de todos era su entrenador. Sneijder desperdició un contragolpe sólo ante Butt en otra secuencia preferida de su técnico: robo, pase al espacio y llegada por sorpresa.

Pudo cambiar la final en el inicio del segundo tiempo, que fue descontrolado. Olic, tras una gran jugada por el medio, se plantó ante Julio César, que se le hizo inmenso. El brasileño acreditó su estancia en la terna de mejores porteros del mundo junto a Buffon y Casillas. Estiró la pierna izquierda abajo y sacó el remate. La misma con la que inició la jugada del gol.

Como en la mano cambiada que le sacó a Robben. Como portero y como pasador fue decisivo para que el Inter conquistara su tercera Copa de Europa 45 años después. Igual que Milito. Ya con el Bayern a la desesperada, sentó el culo de Van Buyten en una contra y cruzó el balón ante Butt. Gol en tres toques. En secuencia Mourinho.