Martes, 18 de Mayo de 2010

Abhisit pone a los 'camisas rojas' contra las cuerdas

El primer ministro tailandés rechaza la mediación del Senado que pide la oposición

DAVID BRUNAT ·18/05/2010 - 22:00h

Jerry Lampen / reuters - "Dejad de matar a gente", se lee en el casco de este camisa roja'.

Lo que parecía imposible finalmente sucedió ayer en Bangkok: un día despejado, sin humo negro en el horizonte ni helicópteros acechando el corazón de la capital. Apenas un puñado de neumáticos ardieron solitarios en varias calles secundarias, y la violencia se redujo a una breve escaramuza al anochecer y a una sucursal de banco destrozada. Nada que ver con la guerra del fin de semana o los tiroteos y gases lacrimógenos del lunes .

Incluso algunas de las barricadas que controlan el acceso al campamento de los camisas rojas aparecieron desiertas. En el interior, los líderes discutían frenéticamente cómo salir airosos del cerco al que les está sometiendo el ejército. Decidieron proponer al Gobierno un alto el fuego negociado con la mediación de miembros del Senado, pero apenas dos horas más tarde el primer ministro, Abhisit Vejjajiva, rechazó esta nueva oferta porque los miembros del Frente Unidos para la Democracia y la Dictadura (FUDD) querían imponer qué miembros debían mediar.

El nuevo ultimátum obliga a desalojar el centro de Bangkok antes del viernes

Dos dimisiones

Todo parece indicar que el movimiento opositor se estádesinflando tras cinco días de estado de emergencia y casi dos meses de ocupación de las calles de la capital tailandesa. Ayer dos líderes del FUDD renunciaron a su cargo y abandonaron el campamento, entre ellos el destacado Veera Musikapong, llevándose con ellos a un buen puñado de fieles seguidores.

Ahora, la facción violenta de los camisas rojas, en la que, según el Gobierno hay terroristas infiltrados, son el principal dolor de cabeza del Ejecutivo, que teme que vuelvan a disparar la tensión.

Sólo quedan 3.000 manifestantes en las calles, pero dicen que lucharán "hasta el final"

"Lucharemos hasta el final, no nos importa que el ejército cargue con sus armas", insistían desde el campamento, que presenta un estado cada vez más lúgubre. Apenas 3.000 fieles se mantienen tras las barricadas.

Mientras, en un intento por recuperar la normalidad, las calles más turísticas de la capital tailandesa seguían ofreciendo a los extranjeros cerveza barata, ropa hippie y, cómo no, prostitución. "Recomendamos a la gente que se abstenga de venir al país, la situación es complicada y es mejor esperar un tiempo", indicó a Público Ignacio Sagaz, embajador de España en Tailandia.

El Gobierno ofreció ayer a los manifestantes un nuevo ultimátum: el centro deBangkok debe volver a la normalidad este viernes.

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