Sábado, 8 de Mayo de 2010

Dos almas enfrentadas en el corazón de Europa

Sólo la monarquía belga ata a dos pueblos separados por lengua e identidad

DANIEL BASTEIRO ·08/05/2010 - 08:00h

La vía más rápida para entender por qué Bélgica es un país cuya rutina es estar al borde del colapso es encender la televisión. Dos grandes corporaciones públicas, con base en el mismo edificio en Bruselas, se ignoran mutuamente. Dos idiomas, el francés y el neerlandés, configuran programaciones distintas para dos almas de un país en el que el único asidero estable es la monarquía.

La lengua es, en Bélgica, el detonante de graves enfrentamientos identitarios, económicos y electorales. Sin embargo, las sucesivas reformas constitucionales han añadido una complejidad administrativa y política insólita. En Bélgica hay un Gobierno federal, siempre en crisis, al que se suman las administraciones lingüísticas francófona, neerlandesa y germanófona, a lo que hay que sumar los gobiernos regionales de Flandes, Valonia y Bruselas.

"Lo que necesita Bélgica no es un fontanero, sino un arquitecto"

Para sociólogos y ciudadanos, el sueño de una opinión pública belga está enterrado desde hace mucho. Los únicos programas que concitan el interés de unos y otros son Miss Bélgica o Eurovisión. Más allá de las excepciones, la información política, cultural y rosa sólo tiende puentes al extranjero. Los francófonos miran hacia Francia, cuya televisión bate marcas de audiencia. Los flamencos, a Holanda, país de lengua hermana en el que tradicionalmente se refugiaron hasta que la prensa neerlandesa ganó en calidad.

La asignatura pendiente es la convivencia pacífica bajo un mismo techo, aunque sea artificial. "Lo que necesita Bélgica no es un fontanero, sino un arquitecto", reflexiona Carl Devos, politólogo y profesor de la Universidad de Gante. Paradójicamente, muchos de esos fontaneros han acabado tratando de solucionar los problemas de Europa. Herman van Rompuy, el primer ministro que consiguió un año de calma institucional, por lo que se ganó el mote de "anestesista local", es ahora el presidente del Consejo Europeo, la institución que reune a los 27 gobiernos de la Unión Europea. Wilfred Martens y Guy Verhofstadt, antecesores de Van Rompuy, son el presidente del Partido Popular Europeo y el del Grupo Liberal en la Eurocámara, respectivamente.

Jean Luc Dehanne, también ex primer ministro y actualmente eurodiputado, fue la última apuesta de Alberto II, que lo nombró su mediador para tratar de desbloquear el conflicto de los suburbios de Bruselas, la piedra de toque de los conflictos institucionales de los últimos años. Los habitantes de los barrios periféricos de Bruselas-Halle-Vilvoorde, en su mayoría francófonos, constituyen una excepción electoral, al poder votar a listas francófonas pese a que la mayoría de la circunscripción se encuentra en territorio flamenco. Además, tienen el derecho a ser juzgados en francés y en flamenco, privilegio del que sólo gozan los habitantes de la región de Bruselas, la única oficialmente bilingüe.

Dos de los más importantes partidos flamencos son separatistas

Dehaene fracasó porque la escisión que propuso para acabar con la anomalía no convenció a los liberales flamencos, principal apoyo en el Gobierno federal del partido democristiano del primer ministro, Yves Leterme, también flamenco. El Gobierno de cinco partidos de Leterme, de tan solo cinco meses de edad, saltó por los aires, abriendo la puerta a elecciones y poniendo a cero el contador de las negociaciones institucionales.

"No hay voluntad política", señala Jérôme Degueldre, un biólogo de 36 años que no se considera belga, sino francófono. "No es que nos acostumbremos a tener elecciones, pero sí nos hemos acostumbrado a vivir entre problemas que, o parece que serán eternos, o que estallarán sin remedio", asegura. Lo mismo piensa Samuel Lietaer, estudiante flamenco de 22 años, quien se declara "cansado de un clima de disputa permanente cuando falta tan poco para que seamos el país presidente de la Unión Europea", en el segundo semestre de este año.

Un hastío compartido

Aunque unos y otros reconocen el hastío por un debate emponzoñado en el tiempo, los resultados en las urnas demuestran que los argumentos de los políticos calan. Los votos flamencos se fragmentan en ocho partidos, casi todos conservadores. Dos de los más importantes se declaran abiertamente separatistas. "El electorado flamenco parece agradecer que los discursos duros se traduzcan en actos", asegura el politólogo Jean-Benoît Pilet, de la Universidad Libre de Bruselas, al semanario político Vif. Sólo así se explica el puñetazo en la mesa del partido liberal Open VLD, anunciado con un Alea jacta est en el Twitterdel ministro de Empresa, Vincent Van Quickenborne, uno de los hombres fuertes de la formación.

El Open VLD, con un nuevo liderazgo, trata de emular, según los analistas, a los nacionalistas conservadores del N-VA, que en 2008 amenazaron con abandonar el Gobierno flamenco por la tibieza en las reivindicaciones del partido democristiano del primer ministro Leterme. Como premio, las encuestas sitúan por primera vez al N-VA como primera fuerza política de Flandes en las próximas elecciones.

Por su parte, ninguno de los cuatro partidos valones está dispuesto a tocar una coma de las leyes que garantizan derechos lingüísticos y electorales a ciudadanos francófonos en los suburbios de la capital. Además, los valones, francófonos, tampoco aceptarían renunciar al dinero de los impuestos que pagan los flamencos.