Viernes, 7 de Mayo de 2010

Más que cine, activismo

'The Cove', ganador del Oscar al mejor documental, aterriza en España con la mezcla de movimiento social y 'thriller' que lo ha convertido en un fenómeno al que todo famoso de Hollywood se quiere adherir

SARA BRITO ·07/05/2010 - 08:40h

Un miembro del equipo de especialistas de The Cove' trabaja para acoplar cámaras submarinas capaces de grabar la matanza de delfines.SARA BRITO

En la ajetreada campaña de los Oscar, trufada de cenas, encuentros y fiestas promocionales, George Clooney se acercó a Louie Psihoyos para decirle en tono confidencial: "¿Sabes? Me parece que The Cove es mucho mejor que Ocean's Eleven, simplemente porque tu película es real, es de verdad". Pocos días después, el fotógrafo de National Geographic reconvertido a documentalista-activista se hacía con el Oscar al mejor documental por un filme que, en clave de thriller, denuncia la matanza anual de delfines en el pueblo japonés de Taiji.

En efecto, The Cove, que aterriza por primera vez en España en el Festival Documenta Madrid que arranca hoy, aunque no llegará a las salas comerciales hasta el 11 de junio, emula a la taquillera saga protagonizada por Clooney, al reclutar a un equipo de especialistas listos para dar el gran golpe. Armados de tecnología punta y de cierto halo ecomesiánico, intentarán demostrar que en una remota cala de un pueblito japonés se matan delfines a miles, cuya carne luego se utiliza de alimento con altos índices de mercurio. Grabado en secreto durante 2007, empleando micrófonos submarinos y cámaras de alta definición camufladas, y con el jefe de la policía local pisándoles los talones, The Cove se ha convertido en el filme-campaña al que todo famoso de Hollywood se quiere adherir. Y un fenómeno que ha generado respuestas encendidas del Gobierno de Japón y reacciones en medio mundo occidental.

La gran campaña

El director no titubeó: "Se lo dije a mi equipo antes de empezar a rodar: No estamos intentando hacer una película, sino empezando un movimiento", reconoce Psihoyos en conversación desde Los Ángeles. "Yo, más que un cineasta, soy un activista", remata.


La película ha conseguido reunir más de un millón de acólitos a través de una página web desde la que se llama a la acción (takepart.com). Además, estrellas como Ben Stiller, Naomi Watts y Jennifer Aniston han participado en un vídeo que arrasa en la Red desde que se lanzó en el Día de la Tierra. En el plano político, la oposición ha sido firme desde Japón, donde las autoridades defienden la pesca de delfines como una tradición. La película se ha pasado en el Festival de Tokio acompañada de controversia y ante las amenazas que, según el director, han recibido exhibidores y profesores que la han proyectado en universidades, el realizador ha decidido colgar de Internet su película en japonés. También, dice, algo se ha conseguido: "Antes, la carne de delfín formaba parte de los menús de los comedores escolares del país. Esto ha dejado de ser así".

Blanco contra amarillo

Tampoco han faltado voces a la contra. Hay quien argumenta que el documental no es otra cosa que el clásico caso de blancos salvando a delfines adorables de las manos de malvados amarillos. Psihoyos se defiende con un argumento que ya utiliza en el documental: "Mi respuesta es que si nosotros nos estuviéramos comiendo vacas que tienen una proporción de mercurio más alta de la permitida, esperaría que alguien de otra cultura venga y me diga algo. Tu tradición no vale cuando está envenenando a gente", sentencia.

Psihoyos prosigue: "Para mí, el cine es un arma de construcción masiva. Esta película ha tenido un efecto increíble en la gente. El público se ríe, llora, se sorprende y luego pregunta qué puede hacer para ayudar".

Una carrera de fondo

Los primeros en emocionarse fueron los espectadores del Festival de Sundance de 2009, donde The Cove se hizo con el premio del público. Allí arrancó la carrera de críticas favorables de las principales cabeceras de EEUU, que llevan un año y medio coincidiendo en los dos ganchos esenciales del filme: la presencia de Ric O'Barry como protagonista y la estructura a lo Misión imposible. El director apunta un tercero: el relato de terror. "El pueblo parecía sacado de una novela de Stephen King: externamente se mostraba un profundo respeto y amor por los delfines y las ballenas, pero lo que estaba ocurriendo en la cala secreta componía otra historia", comenta.

La historia de O'Barry tampoco tiene desperdicio: en los sesenta, fue el adiestrador de los cinco delfines que se utilizaron para crear a Flipper. Así, el hombre que contribuyó a hacer del negocio de los delfines en cautividad uno millonario y popular, poco después convertiría su vida en un camino a la redención: O'Barry lleva tres décadas tratando de desmontar la industria que ayudó a crear.

El segundo atractivo era el thriller. "En principio, no habíamos pensado en hacer la película en clave de suspense, sólo queríamos contar la historia de Ric y la cala secreta. Todo el tema del equipo de especialistas era en realidad parte de los extras del DVD, algo así como un making of. Pero cuando volví al estudio y mi editor lo vio, me dijo que debía estar en el documental. Lo que no esperábamos es que se convirtiera en la película", reconoce el realizador, que ahora prepara una serie en la que abordará misiones medioambientales siguiendo el mismo esquema.

Lo cierto es que en 2009 otro documental revestido con las formas del thriller se hacía también con el Oscar. Era Man on Wire, que, sin entrar en el tono polemista, se apropiaba también de la forma de un filme de suspense para contar la historia de un intrépido funambulista. Para Psihoyos, los documentales son como "las coles de Bruselas del cine: sabes que si comes verduras, va a ser bueno para ti, pero la verdad es que no se antoja demasiado. Pensamos que si lo hacíamos de esta manera, ganaríamos público", dice.

Sin embargo, la fórmula no ha resultado rentable. A pesar del ruido y los premios (el filme ha recogido más de cuarenta), la recaudación en taquilla de The Cove no llega ni siquiera al millón de dólares. Nada que ver con los más de dos millones de Man on Wire o los más de 20 de Bowling for Columbine. Habrá que ver si cuando llegue a España, el virus del activismo cinematográfico arrastra al público a las salas.