Miércoles, 5 de Mayo de 2010

Pontevedra, lugares para el encuentro

Descubrir y disfrutar de esta tranquila ciudad gallega dejándose llevar de plaza en plaza, puede resultar una absoluta delicia en estos días de primavera.

PÚBLICO ·05/05/2010 - 09:29h

TURGALICIA - Las plazas de Pontevedra son el verdadero corazón de la ciudad /

Sentarse en la plaza de la Ferrería, en la de la Verdura, en la de Teucro o en la de la Leña, permite al viajero, no sólo recobrar fuerzas, sino sentir un tiempo distinto en un lugar que invita al callejeo sin prisa, al informal tapeo y a la charla en la calle. Ellas son el verdadero corazón de Pontevedra.

La ciudad organiza su recogido centro histórico en una sucesión de calles con soportales que se enlazan, unas con otras, hasta encontrarse en plazas y plazuelas, recoletas unas, más amplias otras, casi siempre flanqueadas por pazos señoriales y casas blasonadas. Fuentes, cruceiros y las inevitables terrazas nunca faltan.

La más importante y la de mayor amplitud es la de la Ferrería, verdadero centro neurálgico de la ciudad, a la que se asoma la capilla de La Peregrina. Las de la Leña y la de la Verdura tienen orígenes medievales y su nombre proviene de los mercados semanales que allí se instalaban. Sobre sus magníficos soportales se asientan espléndidos pazos.

Aunque siempre apareció Pontevedra un poco a trasmano en el mapa de la península, casi escondida y secreta, muestra todo su encanto tranquilo en estas plazas. En la de la Ferrería confluye toda la animación de este abarcable casco histórico. Es como el gran salón de la casa, en el que todo el mundo se reúne, en sus cafés, en sus terrazas, mientras los niños corretean espantando a las palomas.

La ciudad organiza su recogido centro histórico en una sucesión de calles con soportales que se enlazan, unas con otras, hasta encontrarse en estas plazas.

El santuario de La Peregrina se asoma a esta plaza, embellecida con una fuente del siglo XVI de aires portugueses. Es uno de los símbolos de la ciudad, con una original fachada y una curiosa planta en forma de vieira compostelana. A dos pasos de ella queda la iglesia y convento de San Francisco y, frente a ella, los jardines de Casto Sampedro.

Aneja a la Ferrería, la plaza da Estrela, con un pequeño estanque en el centro y soportales en dos de sus flancos, es otro de estos acogedores espacios. Tomar un café en La Carabela o pasar un rato buscando al enigmático personaje de las gafas y el gran bigote de entre la multitud de caras esculpidas que adornan la fachada sur del palacio de los Barbeito de Padrón, más conocido como Casa de las Caras, harán que el viajero pierda deliciosamente el tiempo.

Podemos continuar el paseo por la pequeña y encantadora plaza de la Verdura, donde aún se celebra mercado. En la de Méndez Núñez saludamos a don Ramón del Valle-Inclán, cuya estatua evoca el espíritu de la ciudad. Hasta llegar a la plaza del Teucro, que recibe el nombre del arquero griego que dicen que fundó Pontevedra después de la batalla de Troya. Es una de las más señoriales, con sus hermosos escudos tallados en piedra y los pazos de Gago y Montenegro. Aquí podemos admirar el equilibrio de las plazas pontevedresas y la riqueza de sus testimonios heráldicos desde cualquiera de las terrazas que se extienden en ellas sin perturbarlas.

También está la plaza de Mugartegui, conocida como da Pedrería, que recibe su nombre del espectacular pazo que ensoñorea este espacio, de formas neoclásicas y construido en el siglo XIX. Recientemente, se ha recuperado de la ruina para albergar en su interior el Consello Regulador Denominación de Orixe Rías Baixas.

Para terminar este agradable periplo nada mejor que hacerlo en la plaza de la Leña, con sus soportales, su hermoso cruceiro y el espectacular pazo que alberga el museo de la ciudad. De noche se transforma en un concurrido lugar de encuentro en torno a unos albariños y unas raciones. La noche, aquí, en una de las placitas de Pontevedra, es mucho más amable.