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Miércoles, 28 de Abril de 2010

Russell Crowe: "Ser rico no significa ser una mala persona"

El actor neozelandés encarna a Robin Hood en un filme que abrirá el Festival de Cannes

MATEO SANCHO CARDIEL (EFE) ·28/04/2010 - 19:04h

El actor australiano Russell Crowe posa esta tarde para la prensa en un hotel de Madrid, ciudad en la que se encuentra para presentar la película 'Robin Hood'. EFE

El actor neozelandés Russell Crowe pasó hoy por Madrid con la velocidad de una flecha lanzada por su nuevo y legendario rol: Robin Hood, al que junto a su director preferido, Ridley Scott, dan una vuelta de tuerca que le lleva a afirmar: "No creo que ser rico signifique necesariamente ser mala persona".

"Siempre ha habido cierto aspecto socialista relacionado con Robin Hood. Pero no creo que cuando eres rico seas necesariamente una mala persona.

Hay gente que está arriba porque ha trabajado muy duro. Y hay otra que por supuesto se ha aprovechado. Es todo un poco más complejo que todo eso", asegura Crowe. Pero su Robin Hood no sólo derriba el mito de robar a los ricos para repartir entre los pobres: "Todas las cosas que te puedes esperar después de cien años de cine no están. Revisamos la historia para hacer de ella una experiencia humana más comprensible", explica a propósito de este filme. El actor ganador de un Óscar por Gladiator abrirá así el Festival de Cannes el próximo 12 de mayo y un día más tarde llegará a España.

Sin flechas ni mallas

Este Robin Hood tampoco dispara tantas flechas, no lleva mallas, todavía no es un proscrito y acaba de presenciar en batalla la muerte de Ricardo Corazón de León. Nada que ver entonces con el acrobático Errol Flynn, el analfabeto y decadente Sean Connery, el romántico y aventurero Kevin Costner o, por supuesto, el zorro guasón de Walt Disney. "Ninguna se preocupó por quién era realmente, a lo que se dedicaban sus padres, por qué tomó las decisiones que tomó. La historia que había alrededor era una reducción increíble de lo que fue la primera gran era para la clase trabajadora", asegura.

"El 75% de los medios están manipulados por una persona que se preocupa por imponer sus ideas"

Lecciones de historia, pequeñas gotas de psicoanálisis y un reparto con Max Von Sydow, William Hurt y Cate Blanchett como Lady Marian conforman esta peculiar versión, más centrada en la Historia que en la historia. De hecho, se articula alrededor de la Carta Magna firmada en 1215 en lo que hoy sería Inglaterra después de que los barones se alzaran contra el rey Juan, hermano de Ricardo Corazón de León, y muestra la lucha conjunta que llevaron a cabo contra la invasión francesa.

"Nuestro Robin Hood, de alguna manera, sigue dentro de las clases dominantes", explica Crowe. Y es por eso que, también por la parte que le toca, no cree que riqueza sea sinónimo de maldad o avaricia. Para llegar al Robin Hood de toda la vida habrá que esperar. "Tendréis que ir todos los españoles al cine para que así hagamos la segunda parte", bromea.

¿A quién robaría hoy Robin Hood?

Y si les diera por adaptar Robin Hood a los tiempos que corren, habría muchos ricos a los que desplumar. "¿Robaría a los políticos? ¿robaría a los economistas o los medios de comunicación?", se pregunta. Pero para las estrellas de cine aplica la indulgencia. "Las celebridades están manejadas por los medios. El 75% de los medios están manipulados por una persona que se preocupa por imponer sus ideas y no por que sus trabajadores den información objetiva", sentencia con dureza.

Parece todavía bajo el influjo de su anterior película con Ridley Scott, Red de mentiras, pero insinúa que el tándem quizá se tome un respiro. "Ridley Scott tiene muchos proyectos que quiere hacer, pero probablemente no quiere volver a ver mi cara. Después de cinco películas juntos, ¿sabes cuántas horas ha pasado en la sala de montaje viendo mi estúpida expresión de cachorro abandonado para seleccionar las escenas?".

Así, confirma que está interesado en un proyecto que podría recuperar su faceta musical, aunque refinada: una nueva versión (la cuarta) de Ha nacido una estrella. "Beyoncé se ha caído del proyecto y no hay nada más que unas cuantas conversaciones sobre eso. Pero me parece un fenómeno interesante. Estamos tan obsesionados con la fama, y en programas como American Idol convertimos algo como la música que hace conectar con el resto de la gente en una competición votando por... ¿exactamente qué?", concluye.