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Miércoles, 28 de Abril de 2010

El president cruza el Rubicón: por él no quedará

Montilla arriesga al asumir que las urnas castigarán a quien no defienda el Estatut

FERRAN CASAS ·28/04/2010 - 01:00h

José Montilla, ayer, compareció con gesto grave en el Palau tras la reunión del Consell Executiu. - edu bayer

Montilla no compareció ayer en la galería gótica del Palau, que se reserva para grandes declaraciones institucionales. Lo hizo, sin pompa, como en él es habitual, en la sala de prensa. Pero el paso al frente que ayer dio, llevando a Madrid la unidad catalana en defensa del Estatut sin complicidad del PSOE, es histórico. Ya no está ante un toma y daca negociador como la financiación. Las contradicciones se evidenciarán con un PSC en campaña, que gobierna y aspira a seguir haciéndolo con Montilla de president, y un PSOE que hace lo propio y que no tiene a Catalunya como prioridad inmediata. Si las buenas artes de los hombres (y también de mujeres como Carme Chacón) del PSC en Madrid no triunfan, las relaciones fraternales chirriarán.

Los partidos catalanes y el Govern propondrán de entrada en el Senado reformar la Ley Orgánica del Constitucional para que no sean sus magistrados, caducados y peleados, los que juzguen el Estatut que tantos esfuerzos y disgustos le costó sacar adelante al padre del Tripartito, Pasqual Maragall.

Espera tensión con el PSOE, pero insiste en que "Catalunya es la prioridad"

El PSOE se deberá mojar en el Senado. Deberá escoger entre seguir, de forma más o menos matizada, al lado del PP en su defensa del actual TC o tomar cartas ante una situación cuyo diagnóstico (que no solución) comparte con el PSC. La Generalitat se ocupó, a media tarde, de hacer llegar a la prensa unas declaraciones nocturnas del president a la Cadena Ser en las que afirmaba que no ve "una ruptura" entre el socialismo español y el catalán, pero donde sí admitió que podrían "no coincidir". "Espero que no pase, pero puede darse. Para nosotros defender Catalunya y el Estatut es la prioridad", zanjó, seguro de que a pocos meses de las elecciones vacilar puede empeorar aún más el escenario electoral, ya muy ennegrecido por la crisis.

Montilla llevaba días avisando de que no se quedaría "quieto observando" y cumplió con su promesa. Lo hizo de la mano de CiU. Tanto él como Artur Mas fueron flexibles para pactar una resolución que entendían que les demandaba buena parte de la sociedad catalana. Los dos candidatos a la presidencia de la Generalitat no sólo entienden eso. También están conjurados para retrasar una sentencia del Estatut que les podría romper los esquemas antes de las elecciones.

La mácula republicana

La sociedad civil se mantiene en guardia: el 1-M será por el Estatut

A quien le interesa la sentencia es al PP. Y, sobre todo, a ERC, que como ayer reconocían destacados dirigentes necesita "que todo el mundo se moje y se defina" ante lo que se avecina: un recorte del autogobierno que puede enterrar la vía federalista o, cuando menos, empequeñecer el terreno de juego que, con ánimo federalizante, dibujó el Estatut de 2006. La negativa de ERC a firmar la moción, que su sí en la votación convertirá en anécdota, permitió que CiU sacara tajada del disenso del Tripartito, y más después de que los republicanos hubieran participado en las negociaciones, según ellos "para facilitar que CiU se sumara".

En todo caso su gesto fue, además de contradictorio, táctico y electoral. Recuperar la equidistancia en relación a CiU y el PSC y administrar la extremaunción a la autonomía sería, con un terremoto en forma de sentencia adversa, su salvavidas electoral. Los nacionalistas, también descolocados por ERC, no quisieron dejar a los republicanos el campo más reivindicativo y afirmaron, por boca de Felip Puig, que pese a lo acordado en favor del Estatut este ya está "sentenciado".

Quien sí responde a Montilla es la sociedad civil. Tras el editorial conjunto de la prensa en noviembre, el president les pidió apoyo. Dijeron que sí y ahí están aún. Ayer CCOO y UGT de Catalunya anunciaron que el Primero de Mayo tendrá entre sus reclamos la defensa del Estatut.