Archivo de Público
Miércoles, 21 de Abril de 2010

"La poesía es un vicio como la cocaína"

El poeta mexicano, que recibirá el premio Cervantes el viernes, desvela las claves de una obra influenciada por el pesimismo

PAULA CORROTO ·21/04/2010 - 08:30h

José Emilio Pacheco, ayer, en Madrid. - Gabriel Pecot

Rodeado por una docena de fotógrafos, el poeta mexicano José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 1939) se sentía ayer como un actor de cine. Eso sí, con el azoramiento de los grandes tímidos. "Jamás soñé con estos privilegios. Esto no estaba contemplado", repitió casi como un mantra mientras los periodistas le crujían a preguntas sobre su obra literaria. "Creo que la capacidad poética es inherente a todo ser humano.

"Está en nuestro lenguaje", añadió. Es posible, pero él es el último ganador del Premio Cervantes, que recibirá el próximo viernes en Alcalá de Henares. Y sólo lo han conseguido 35 personas desde 1976. El poeta también entregará hoy su legado en el Instituto Cervantes.

De ahí que Pacheco esté en la semana en la que tiene que dar explicaciones. Como él dijo ayer, "sé que estoy en mis 15 minutos de fama de los que hablaba Warhol", a pesar de haber publicado ya más de quince poemarios y seis novelas y de ser una de las figuras más relevantes de la generación mexicana de los cincuenta, en la que también se hallan Carlos Monsiváis y Sergio Pitol.

"Jamás soñé con estos privilegios, la capacidad poética está en todos"

Del gusto a la adicción

Primero intentó explicar su pasión por la escritura. Recuperó para ello la palabra vocación: "Yo no tengo talento ni para el dibujo ni la música, pero siempre tuve el gusto por escribir", afirmó. Y del gusto, casi a la pasión por la poesía, ya que, según desveló ayer, sus primeros pasos fueron en el terreno de la prosa:"Le tenía demasiado respeto a la lírica".

El escritor confesó que había empezado a escribir a la edad de 7-8 años, pero los poemas llegaron más tarde. Casi en la adolescencia. Sin embargo, como sucede a esa edad intempestiva, ese amor naciente pronto derivó en una adicción: "La poesía es un vicio, como la cocaína", definió. En su poema Garabato, que leyó ayer y que se encuentra en su libro Irás y no volverás resume su visión poética: "Escribir es vivir en cierto modo. Y sin embargo todo en su pena infinita nos conduce a intuir que la vida jamás estará escrita".

"Los buenos poemas son como un gol tras muchos intentos"

A pesar de esta pasión por la poesía, la novela tampoco se fue del todo en su vida. De hecho, recientemente Tusquets ha editado Las batallas del desierto, publicada por primera vez en 1981. Tiempo atrás el escritor indagó en el Holocausto con Morirás lejos, pero "pasó desapercibida", según el mexicano. Aún así, cree que es más cómodo escribir poesía que narrativa. "La novela te obliga a ponerte todos los días a ello", explicó.

Hay algo azaroso en el nacimiento de todo gran poema. Los buenos versos no se hacen, sino que brotan. "Son un acierto, como un gol tras intentarlo mil veces", reconoció al confesar que Alta traición, uno de sus poemas más conocidos todavía entre la juventud mexicana, "salió solo, como un impulso".

Del mexicano se ha resaltado siempre su compromiso político, muy cercano a las ideas de libertad que promovió el movimiento estudiantil de 1968 en el que también participaron sus amigos de generación. Pero el paso del tiempo ha dejado caer un grave pesimismo, que se entrevé en sus obras y en la visión que tiene del mundo actual: "Es desastroso. Lo veo cada vez peor. Creo que desde noviembre de 2009 a abril de 2010, todo ha cambiado tanto que lo que escribí [el poemario La edad de las tinieblas] es hoy de color de rosas".

"Me hubiera gustado parar la violencia; la poesía no cambia nada"

Contra la violencia

Aludió con ello a la erupción del volcán Eyjafjalla, a los terremotos de Haití, Chile y China, y la violencia que no ceja en Ciudad Juárez. "¿Y qué puedo hacer yo con un poema? La poesía no cambia nada. Me hubiera gustado detener la violencia", señaló. No obstante, al menos sí le ha servido para descubrir cierto poder intrínseco en la lírica y es su capacidad para llegar a cualquier tipo de persona. Ayer tiró de anecdotario para explicarse y contó cómo en una visita a una escuela que "estaba llena de sicarios" comprobó que les encantaba la poesía. "Puedes ser lo que seas y tener el gusto de la poesía o no", apostilló.

José Emilio Pacheco creció en el México de los años cincuenta. Una década de crecimiento económico, pero también de protestas que derivaron finalmente en la matanza de Tlatelolco en 1968. Aquel hecho fue un punto de inflexión en los intelectuales de su generación, que comenzaron a escribir teniendo muy presente la militancia política. Él mismo cantó al Che en el poemario No me preguntes cómo pasa el tiempo. Ayer recordó a algunos de sus compañeros como Carlos Monsiváis y Sergio Pitol: "Hemos sido muy amigos durante cincuenta años. ¡Qué sería del conocimiento de México sin Monsiváis!". Enseguida, sin embargo, Pacheco, que habló de la gran influencia que siempre tuvo del poeta López Velarde, se sumió en su característico pesar sobre el paso del tiempo: "Las cosas más inmediatas al cabo de diez años son sólo una nota al pie".

El e-book, objeto ambiguo

Esta afirmación también le valió para hablar del concepto de moda: el libro electrónico. Se refirió a él como un objeto "ambiguo", aunque se apresuró a señalar que él ya no pertenece "al mundo de ustedes. Yo soy totalmente de la cultura del libro, necesito sentir su peso", aclaró. Sin embargo, también destacó positivamente el poder de la red para la propagación de la poesía: "Es terrible, incluso nos llega a través del móvil. Como siempre, no todo es el medio sino el uso que demos de él. Y no sabemos qué ocurrirá ahora. Hace 20 años me quedé asombrado con el fax y ahora es algo totalmente obsoleto. Curiosamente, el libro no se ha convertido en algo antiguo".

El escritor desea que los fastos del Cervantes pasen pronto. Sobre todo para volver a escribir, puesto que desde que se enteró del galardón el pasado noviembre hasta la fecha, ha sido incapaz de hacerlo. Mientras tanto, ya tiene pensado a dónde irán a para los 125.000 euros del premio: "Estaría bien tener 30 años para poder utilizar este dinero en divertirme, pero, desgraciadamente, ahora sólo puedo pensar en gastármelo en clínicas y hospitales. Es mi único destino". El humor ácido y la ironía, a veces, también tumban el pesimismo.