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Miércoles, 21 de Abril de 2010

Cannes vuelve a rescatar el talento oculto del cine español

El gallego Oliver Laxe competirá en la Quincena de Realizadores con 'Todos vós sodes capitáns'

GONZALO DE PEDRO ·21/04/2010 - 08:40h

GONZALO DE PEDRO - Oliver Laxe, sentado, durante el rodaje de Todos vós sodes capitáns.

El año en que los medios de comunicación se lamentaron de la ausencia de directores españoles en el Festival de Cannes fue también el año en que un desconocido Oliver Laxe dio la sorpresa y colocó su primer largometraje en la Quincena de Realizadores, dejando viejas las hemerotecas y evidenciando, una vez más, que el cine que interesa fuera no es el que pasa por los filtros oficiales y los estamentos de la industria. Y ese año es 2010.

Pero, ¿qué es la Quincena de Realizadores y quién es Oliver Laxe? La Quincena vendría a ser la sección paralela del Festival de Cannes, creada en 1969 al calor de las revueltas protagonizadas por Godard y sus compinches por la censura en el festival oficial. Y desde entonces ha encumbrado a directores emblemáticos como Werner Herzog, Jim Jarmusch o los hermanos Dardenne.

"Nunca pensé en rodar este filme; sólo quería hacer cortometrajes"

Desde el taller de Tánger

Oliver Laxe, por su parte, es algo más que el único cineasta español que pisará la ciudad de Cannes el mes que viene: un director gallego, nacido en París en 1982, hijo de padres emigrantes, que tras estudiar en Barcelona y Londres recayó en Tánger, en un taller de cine con niños, del que terminaría naciendo Todos vós sodes capitáns (2010), su primera ficción tras varios trabajos cinematográficos a medio camino entre lo experimental y el documental.

"Nunca pensé en rodar esta película, quería hacer cortometrajes con los niños del taller y nada más. Pero tras un año de trabajo con ellos, bastante frustrado, insatisfecho porque no llegaba el dinero ni había continuidad, conocí a una directora de fotografía, encontré la cámara con la que se rodaban los viajes oficiales de Hassan II y decidí hacer una película en la que el protagonista fuera yo, dejando entrar a los niños en mi proceso creativo, compartiendo con ellos algo que era mío", explica con detalle el cineasta gallego a Público.

"Las películas hablan sobre uno mismo y esta es sobre mí"

Todos vós sodes capitáns aparece como una ficción en la que un profesor, llamado Oliver, propone a un grupo de niños de Tánger rodar una película, en un ejercicio entre la pedagogía, la antropología y la búsqueda de una pureza oculta bajo el ruido de lo accesorio.

"Me había dado el punto por la infancia, estaba influido por Kiarostami y vivía en Londres, donde todos son unos viejos, y veía a Marruecos como la fertilidad, la vida, la fuente. Marruecos es un sitio de niños, allí los adultos también son niños, en el buen sentido de la palabra, con su inocencia y su crueldad, y quería desarrollar esa parte infantil de mi personalidad; trabajar un acercamiento más lúdico al proceso creativo", razona.

Oliver recurrió a una asociación que trabaja con niños de la calle o procedentes de familias desestructuradas, pero sin ninguna intención social o moralista, tan propia y tópica del cine que se acerca a las realidades del Magreb. "He trabajado con los chavales de tú a tú, evitando todo tipo de paternalismo humanista.

Yo no les ayudaba, en todo caso son ellos los que me han enseñado a mí; o nos hemos ayudado mutuamente. La idea de la película encerraba un gran peligro, porque un occidental que trabaja con niños, africanos y pobres, remite inmediatamente al cristianismo, al moralismo, al humanismo, y para mí el arte ha de estar por encima del bien y del mal. Por eso en la película asumo el papel de malo".

Evitando el romanticismo afectado y el cinismo contemporáneo, y huyendo de cualquier estilización del drama, el cineasta Oliver Laxe ha firmado una reflexión sobre la creación, las imágenes y el cine. "Es una película sobre por qué hacemos algo tan ridículo e irrenunciable como el arte. Pero también es una película sobre la búsqueda de un sosiego y un equilibrio. Las películas siempre hablan sobre uno mismo, y creo que vivo en la dicotomía entre ser viento y ser árbol. Es una película sobre mí", zanja Oliver Laxe sin esconderse.