Archivo de Público
Martes, 20 de Abril de 2010

ADN de cerdo para estudiar la prehistoria

Un estudio reconstruye el proceso de domesticación del cerdo en Asia

N. D. ·20/04/2010 - 08:00h

El ADN del cerdo desvela cuatro domesticaciones. - AFP

El hombre y el cerdo doméstico llevan viviendo juntos miles de años, por lo que la historia de uno es también la del otro. Un equipo de investigadores de China, Reino Unido y EEUU, interesado en el paso de sociedades nómadas a otras sedentarias, ha querido analizar esa historia, utilizando como indicador la domesticación del cerdo.

El equipo publica hoy en PNAS un trabajo en el que ha analizado el ADN de cerdos domésticos actuales y el de otros que vivieron hasta hace 9.000 años. Los científicos señalan que el proceso de domesticación en China no sigue las mismas pautas que en Europa, donde los cerdos fueron importados por los primeros agricultores que llegaron al continente desde Oriente Medio. Después, la población original fue sustituida por jabalíes locales domesticados.

En Asia, los cerdos se domesticaron de forma independiente a partir de jabalíes locales. Los animales aún guardan un claro parentesco con ellos, según el trabajo. Sus autores han hecho un análisis genético de poblaciones similar al que se hace con humanos para intentar conectar los diferentes grupos actuales con sus orígenes. Los expertos analizaron ADN mitocondrial, el que legan las madres a sus hijos, de 151 cerdos actuales que viven en China, así como de 48 huesos de puerco hallados en yacimientos arqueológicos.

Los expertos dicen que la primera domesticación en Asia, en las orillas del río Amarillo, pudo producirse hace unos 10.000 años, un momento en el que otros informes han datado culturas sedentarias que ya dominaban la agricultura. El estudio concluye que al menos ha habido cuatro domesticaciones independientes de las que no se tenía noticia. Una fue en India, dos en la península que forman Tailandia, Birmania y Malasia, y otra cerca de la costa de lo que hoy es Taiwan. Los nuevos datos genéticos desvelan domesticaciones de las que aún no se tiene constancia arqueológica, advierten los autores.