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Viernes, 16 de Abril de 2010

Miguel Hernández: Poeta antes que soldado

Homenaje. El compromiso poético e íntimo del alicantino es reivindicado por los autores actuales frente a su imagen de militante

PAULA CORROTO ·16/04/2010 - 08:30h

Miguel Hernández. - PAULA CORROTO

En varias cárceles españolas volverán a escucharse hoy los versos de Miguel Hernández. Penales como el de Herrera de la Mancha (Ciudad Real) y Córdoba han organizado sendos actos para rendir homenaje al poeta que pasó por varias prisiones por su defensa de la República y su militancia comunista, y que finalmente murió en una de ellas, en la de Alicante, en el año 1942. Será la ocasión también para volver a oír una lírica y una poesía en la que mostró "su humanidad y su ternura, y una gran musicalidad poética", como recuerda el poeta colombiano William Ospina.

Sin obviar, por supuesto, Las nanas de la cebolla, que el poeta escribió en la prisión madrileña de Torrijos (en la actual calle Conde de Peñalver) y de El rayo que no cesa y Viento del pueblo, los dos poemarios en los que fajó su compromiso con la causa republicana.

Hoy no urge tanto reivindicar su faceta de activista como la poética

Estos homenajes no serán como el que se celebró en 1960 en la cárcel de Burgos. Allí se encontraba preso el también poeta y militante comunista Marcos Ana (Salamanca, 1920), que participará hoy en el tributo en Córdoba. Aquellos eran otros tiempos. Plena dictadura franquista. Ana lo rememora hoy para Público como un acto de "alto riesgo". "Se celebraba el 50 aniversario de su nacimiento e hicimos un recital llamado Sino sangriento. Los presos estábamos sentados y había guardias por todas partes", comenta, mientras muestra una de las hojas llenas de poemas escritos para la ocasión.

Es un papel minúsculo en el que apenas se distinguen las palabras. "Lo saqué de la cárcel metido en un tubo de pasta de dientes", dice con orgullo, con una sonrisa.

Miguel Hernández había sido sepultado por el régimen. Versos como "Tristes armas si no son las palabras, tristes, tristes" no gustaban a los nuevos jerifaltes. Preferían quedarse con su poesía primera. Poemas como la Elegía a Ramón Sijé, un amigo, pero también notable falangista de su pueblo Orihuela. O con sus versos eclesiásticos, aquellos que escribió cuando era un joven que tenía que peregrinar a la Iglesia si quería que sus poemas fueran publicados.

Los autores de hoy lo reconocen y rechazan la imagen del poeta con fusil

La visión ética de la poesía

La dictadura no admitió la evolución que hizo aquel chico que, de pastorear con las cabras y esconderse entre sotanas pasó a convertirse en uno de los símbolos republicanos. Una evolución que también dio su poesía pocos años antes del estallido de la Guerra Civil. Una transición, realizada entre 1933 y 1936, que estos días se recuerda en la Universidad de Córdoba dentro del seminario Miguel Hernández. Cien años después. El hombre, el escritor, el mito y que dirige el escritor Agustín Sánchez Vidal.

En esa época, el poeta pasa de los corsés formales de las estrofas neogongorinas y el áurea del catolicismo a una poesía más intimista, en la que tiene como punta de lanza al ser humano.

Agustín Sánchez Vidal cree en este sentido que hoy no urge tanto reivindicar su faceta de activista político y se puede reclamar su importancia poética "de una manera más sosegada", que permita "recorrer todos los poetas" que se encerraron en la persona de Miguel Hernández.

Su voz comprometida iba además más allá de la propaganda. "Miguel Hernández habla mucho de la mujer, del hijo", señala Marcos Ana, quien reconoce en este sentido la influencia que tuvieron en el alicantino los poetas de la generación del 27, especialmente Vicente Aleixandre y Pablo Neruda. "Aleixandre fue quien más le abrió las puertas cuando llegó a Madrid para intentar hacerse un sitio en la poesía", reconoce.

Precisamente, en los balcones de las calles cordobesas, se pueden leer ejemplos de esta poesía humanista en versos como "apagado va el hombre sin luz de mujer" o "Sonreidme que voy a donde estáis vosotros".

"Él cambió la poesía propagandística. En él hay un proyecto ético. Y él fue sin duda el que otros poetas como Gabriel Celaya escribieran aquello de que la poesía es un arma cargada de futuro", reconoce la escritora Marta Sanz.

Este compromiso ético, más allá del político y labrado en los años que precedieron a la Guerra Civil, está calando también en la nueva generación de poetas jóvenes. Como mantiene Sanz, "en los últimos años, es cierto, que el compromiso ha estado más en el lenguaje que en la realidad, pero eso es algo que ya está cambiando. Ya no hay tanta endoliteratura, ni tanto mirarse el ombligo".

Un poeta estético

Los poetas emergentes lo reconocen. Hay cierto rechazo hacia la simplista imagen mítica del poeta con el fusil. José Luis Rey (Córdoba, 1973), ganador del premio Loewe de poesía en 2009 con Barroco, ve en Miguel Hernández "un valor ético y estético. En mi adolescencia fueron muy importantes los recursos retóricos que utiliza. Creo que es muy interesante su esteticismo, más allá del símbolo que tenemos hoy del poeta militante"

Marcos Cantelli (Asturias, 1974), autor de poemarios como Su sombrío (DVD Ediciones, 2005), se queda con la música del poeta. Es lo primero que le llamó la atención cuando comenzó a leerlo, también en la adolescencia. "Me gusta mucho la ternura que traslada al lenguaje, y la humanidad, que está muy presente".

En el homenaje que se le rendirá hoy en la prisión de Córdoba, aparte de los versos más conocidos de su lucha en el frente, se leerán poemas de Cancionero y romancero de ausencias, que es quizá su producción más intimista. En este acto también participará William Ospina, quien insiste en la idea de superar la imagen del poeta: "Es cierto que hay una entonación militante y que Miguel Hernández defendió con su poesía un sistema, pero no podemos olvidar que fue más un combatiente de la humanidad que de una causa política".

Curiosamente, el Cancionero fue también su último poemario, con el que culmina su transición desde la poesía neogongorina. Precisamente para Agustín Sánchez Vidal, este hecho supone una paradoja, ya que el alicantino se quedó tras su muerte con la imagen del mito que tuvo el oficio de poeta. "Por eso vamos a volver a recitar sus versos, para que se recuerde su genio poético y que no vuelva a estar sepultado", cierra Marcos Ana.