Archivo de Público
Jueves, 15 de Abril de 2010

Silva aporta todo el brillo

El Athletic, voluntarioso pero soso en ataque, chocó contra César

SALVA TORRES ·15/04/2010 - 23:54h

Silva desatascó el primer tiempo y puso la guinda en el segundo para doblegar a un Athletic tan voluntarioso como soso en ataque. El canario resolvió con maestría un encuentro que arrancó brumoso por los últimos tropiezos valencianistas y terminó luminoso por los destellos del goleador. César, que apenas entró en juego, se lució ante Llorente. Como se lucieron Albelda de central y el recuperado Vicente.

Emery, tras el enfado de Banega en Mallorca, volvió a contar con él; no caben castigos en un equipo ya suficientemente castigado por las lesiones. La afición los sometió a escrutinio: al medio, por sus constantes gestos de indisciplina y al técnico, por su falta de carácter. El Athletic salió brioso, tratando de aprovechar ese ambiente enrarecido. El ambiente y la defensa, de nuevo circunstancial, del Valencia. Así anda desde hace ya unas cuantas jornadas. Ayer le tocó tapar agujeros a Albelda, que se las vio con el tanque Llorente; cuando el tanque martilleó, apareció providencial César.

Y así como fuera de casa esa retaguardia hecha a base de jirones se nota, en Mestalla la cosa funciona. Unas veces Villa y otras Silva, cuando no Pablo, Mata o Joaquín, solventan la endeblez defensiva a base de zarpazos en ataque. Zarpazos que el Athletic no dio en toda la primera parte. Sin arrasar, el Valencia fue poco a poco tirando del hilo, hasta que Silva descosió el partido. Los diez saques de esquina contra Iraizoz, por ninguno de los rojiblancos, fueron la elocuente señal de que la primera mitad fue valencianista.

El Athletic, con el marcador en contra, se abrió en busca del empate, propiciando un partido de plastilina: estirado por ambas partes. Tan elástico partido lo resolvió el prestidigitador Silva. Cogió el balón dentro del área, lo meció ligeramente con la punta de la bota y se sacó un zurdazo letal. Luego, el Valencia jugó a favor de corriente, mientras César se ganaba el fervor de la grada: "César, selección". Mestalla, un fortín.