Martes, 30 de Marzo de 2010

Navarro resucita al tercer día

Derrota al Real Madrid en Vistalegre (73-84) y recupera el factor cancha

MIGUEL ALBA ·30/03/2010 - 23:18h

Mickeal entra a canasta. AFP

Bastaron apenas seis minutos para convertir todo lo anterior en un espejismo. El cuento de hadas del Madrid y el drama de Navarro con el lanzamiento. Sólo la oferta de Tomic (5 de los 7 puntos del Madrid) impedía definir el miniciclo en Barcelona como un gran mentira. En seis minutos (7-19), el equipo de Xavi Pascual vivía ya colmado de todos sus valores. Más allá del regreso del Navarro inmaculado (2/2, en tiros de dos y 3/3, en triples) en la primera parte, el Barça había restablecido su identidad.

Se sentía poderoso en cada duelo -sólo Tomic discutía a Vázquez y Lorbek-; la intuición defensiva ahogaba tanto como la intensidad y las muñecas funcionaban a plena potencia. Del Madrid no existían noticias. Un parcial de 0-13 (del 7-4 al citado 7-19) encalló sus creencias. Empezó a sentirse inferior, mientras el castigo llevaba camino de un nuevo sonrojo (23-46, min. 17). Pero si algo ha aprendido el Madrid de sus días aciagos, la mayoría ante el Barça, es que está prohibida la difuminación colectiva. Aparte de Tomic, los intangibles de Hansen abrieron la veda de la fe. Ni siquiera los 46 puntos del Barça antes del descanso (31-46), que igualaban el mejor registro blaugrana en la presente Euroliga, desasistían a los de Messina de su empeño.

La cacería, convertida en una carrera de fondo, afinó algunos argumentos de la tesis mostrada en el Palau. Más calor en defensa, mejores porcentajes, Jaric y Llull, como soluciones complementarias. El Barça encontró a Lakovic ante la falta de minutos de Ricky. Sus triples impedían al Madrid entrar en el último ciclo de la remontada. Romper la psicológica barrera de diez puntos que tanto demandan los entrenadores. Messina lo consiguió con el descaro continuo de Tomic y los arrebatos eléctricos de Llull (56-64, min. 32)

Pero cuando más jaleaba Vistalegre, Mickeal, el líder del primer partido, y Navarro, el jefe de siempre, sostuvieron a su equipo en un debate en el que el Madrid vivía del corazón. Una propuesta insuficiente que le aboca a la obligación suprema. Ganar o ganar.