Martes, 30 de Marzo de 2010

"Si lo intentase ahora, la policía me pillaría"

La pesca en Senegal cobija a los antiguos organizadores de viajes a España

FERNANDO GARCÍA ARÉVALO ·30/03/2010 - 08:00h

F. G. A. - Necta compró documentación de Mali a un policía.

"¿Crisis en Europa? Para crisis la que tiene África. No sé cómo están las cosas en España, pero seguro que mejor que aquí. Mira la bandera que llevamos en la proa del cayuco. La vemos todos los días y soñamos con España". Abdoulaye Ndiaye señala una tela amarilla y roja y habla a gritos mientras va y viene lo más aprisa que puede por el puerto de San Luis (Senegal). Sobre su cabeza, portea pesadas cajas con pescado recién capturado. No puede parar. Por cada una que lleva del cayuco al camión frigorífico le pagan 150 Francos CFA (unos 30 céntimos de euro). Casi hay más porteadores que cajas. Demasiada competencia. En un día bueno, puede ganar diez euros.

Casado y con cuatro hijos, Abdoulaye es uno de los cientos de repatriados por España que trabaja en este puerto intentando salir adelante. "Nos cogió la policía española a los ocho días de estar en el mar y nos llevó a Tenerife, creo. Luego, en avión hasta aquí. Salí en 2008, desde un poco más al sur, de la lengua de Barbaríe". Se ríe al ser preguntado por un posible nuevo intento. "¡No! Ahora no puedo, si lo intentase, me pillaría la policía en el mar nada más salir. Además, ninguno tenemos dinero para intentarlo otra vez. Trabajamos muchos años y muy duro para ahorrar los 400.000 CFA (600 euros) que cuesta un pasaje. Hay que esperar".

Ya nadie se arriesga a pagar los 11.000 euros que cuesta un cayuco de 20 metros

Unos 120 kilómetros al norte, en Rosso Senegal, junto a la frontera con Mauritania, el rapero senegalés Necta Ba posa con el documento de identidad maliense que ha comprado en el mercado negro: "Que no se me vea bien la cara, por favor". Ha pagado 20.000 CFA [31 euros] a un policía mauritano en la frontera de Rosso Mauritania. "Cerramos el trato anoche en uno de los tangana (restaurante callejero) aquí, en Rosso Senegal. Este es un sitio de paso y hay mucha corrupción. Yo soy del sur, de Tambacounda, y no conozco cómo funcionan las cosas por aquí. Cuando llegué me dijeron que siendo senegalés lo mejor para cruzar Mauritania sin problemas era hacerme pasar por maliense", explica.

Necta habla castellano porque ha trabajado varios años con españoles. "Mi sueño es España. Me gustan los españoles, me gustan los toubabs (blancos, en wolof, la lengua principal de Senegal). No tengo familia y quiero otro tipo de vida. La ruta por mar está muy vigilada. Si no puedo salir en cayuco desde Mauritania, intentaré llegar a la costa marroquí frente a Europa. Me verás rapeando en España", dice.

La ruta a la que se refiere el rapero parte del sur del África subsahariana hasta Mali o Níger. Desde ahí, cruza el Sáhara y llega a Libia, Argelia o Túnez. Esta vía ha ganado peso en los últimos años tras el cierre de la ruta marítima a Canarias.

La nueva ruta parte del sur del África subsahariana y llega a Libia y Argelia

En Kafountine, al sur de Senegal y muy cerca de la frontera con Gambia, se construyen algunos de los cayucos que se utilizarán para la pesca de altura. En un bosque, junto a la playa, uno de los constructores, Pape Baye, se lamenta de la bajada del negocio.

"Ahora sigo trabajando, pero menos. Muchos de los cayucos grandes se perdieron en los viajes y hay que construir nuevos. Ahora nadie quiere arriesgar, la pesca cada día está peor y los empresarios no quieren gastar los 7.000.000 CFA [11.000 euros] que cuesta la construcción de uno de 20 metros, que es el modelo que suele utilizarse con los clandestinos", detalla.

Pape dice que hubo un tiempo en el que no daban abasto construyendo cayucos grandes. "Sabíamos para lo que eran, pero... ¿por qué meternos en problemas?. No hacíamos nada ilegal, los construíamos y ganábamos mucho dinero".

Grandes fortunas

Yata Sou es uno de los grandes organizadores de Kafountine. Dueño de una pequeña flota pesquera, ahora es una de las personas más ricas del pueblo. Todos lo conocen y saben de sus negocios. "De aquí ha sacado a mucha gente. Los chicos querían irse y él lo organizaba todo, pero se ha hecho rico gracias a los más pobres. Me da asco. Es la escoria de África. ¿Dónde está la policía?", dice, irritado, un joven rastafari.

En Pikin Quest, un superpoblado suburbio de Dakar, el reclutador Ndioguou explica cómo estaba formada una organización que sacaba del país a la gente en cayucos: "No somos mafiosos. La gente quiere irse y alguien tiene que hacer el trabajo sucio. Yo conozco al dueño del cayuco y al que organiza la salida. Él confía en mí y yo en él". Mientras hace pesas, explica: "Tengo que mantenerme en forma. Intento ganarme la vida de guardaespaldas y como portero de discotecas en Dakar. Ahora nadie se arriesga en los cayucos Antes, por cada persona que presentaba al organizador, si cerraban el trato, yo me llevaba un 10%. Pero eso se ha acabado. De momento".