Domingo, 28 de Marzo de 2010

El ADN cambia el pasado de la especie humana

El hallazgo de la 'Mujer X' confirma el potencial de los análisis genéticos para estudiar la evolución

NUÑO DOMÍNGUEZ ·28/03/2010 - 08:00h

Joachim Burger - El avance de las técnicas de secuenciación permiten rescatar ADN de los fósiles.

El análisis de ADN está cambiando el pasado. El jueves, un fósil del tamaño de un botón puso en el mapa una especie humana desconocida que vivió hace 40.000 años, muy cerca de humanos modernos y neandertales. Los datos se desprenden de su ADN mitocondrial, el que legan las madres a los hijos. El análisis hubiera sido impensable hace un par de décadas y se trata sólo del prólogo de esta nueva historia de la evolución humana, pues este año se publicará el genoma completo del neandertal y también el de la nueva y misteriosa especie, apodada Mujer X.

"Va a haber una avalancha de datos", explica Carles Lalueza, un investigador de la Universidad Pompeu Fabra que ha participado en el análisis del genoma neandertal. "La evolución humana se tendrá que repensar completamente", pronostica.

"Habrá que repensar la evolución humana", dice un experto

Cruce entre especies

Los nuevos genomas podrán dar respuesta a las grandes preguntas que obsesionan a los científicos. ¿Se cruzaron las diferentes especies humanas? ¿Tuvieron descendencia? ¿Hay aún rastros genéticos de neandertales o humanos más arcaicos en los genes de poblaciones actuales?

Las consecuencias son evidentes. "Si los neandertales y los sapiens se pudieron mezclar no eran especies diferentes, sino subespecies", explica a Público Milford Wolpoff, un paleontólogo de la Universidad de Michigan (EEUU) que ha ido siempre a contracorriente. Mientras la mayoría de sus colegas defiende que los humanos modernos, los Homo sapiens, salieron de África hace 50.000 años y reemplazaron por completo al resto de homínidos que ya poblaban la Tierra, Wolpoff cree que hubo mezcla y que, por lo tanto, neandertales, humanos y el nuevo linaje de la Mujer X forman parte, en realidad, de la misma gran especie.

¿Se cruzaron las diferentes especies? ¿Tuvieron descendencia?

Los propios autores del estudio de la Mujer X aceptan esa posibilidad. "Una pequeña parte de nuestro genoma podría venir de otra especie", señala Johannes Krause, uno de los investigadores del Instituto Max Planck de Alemania que ha analizado el ADN de la supuesta nueva especie. Su grupo, con el que colaboran Carles Lalueza y otros investigadores españoles, es la punta de lanza de una nueva forma de esclarecer los orígenes del hombre que no sólo mira a los huesos, sino que los taladra para analizar sus vestigios genéticos.

La técnica ha permitido recuperar el genoma casi completo de especies extinguidas hace miles de años, como el mamut lanudo. También se ha conseguido la secuencia parcial del neandertal, gracias en parte a los restos que aparecieron en la cueva asturiana de El Sidrón. Muy pronto se completará esa secuencia y se podrá comparar con la de la Mujer X, cuyo ancestro común con los neandertales y los sapiensvivió hace un millón de años.

"Va a ser muy útil para aprender de nosotros mismos", opina Juan Luis Arsuaga, codirector de Atapuerca. "Sabremos si los sapiens somos únicos y en qué", añade. Al igual que el equipo de Krause, el de Arsuaga está también volcado en extender al máximo el uso del ADN para esclarecer algo que sucedió hace miles de años. En 2006, se apuntó un nuevo récord. Consiguió rescatar pequeños fragmentos de ADN mitocondrial de los huesos de un oso de las cavernas que vivió en Atapuerca hace 400.000 años. Si un fósil de oso aún conserva material genético, los de humanos de esa época tal vez también lo contengan, explica. Si logran seguir atrasando el reloj podrían probar una hipótesis que lleva zumbando desde que se publicaron los datos de la Mujer X: su linaje es en realidad el del Homo antecessor que habitó en Atapuerca.

Este año se publicará el genoma completo de la Mujer X

"Me sorprendió mucho que no lo mencionasen como candidato", lamenta Arsuaga. Los últimos rastros de Homo antecessor en Atapuerca son de hace unos 900.000 años, 100.000 después de que el linaje de la Mujer X se separase del de los humanos modernos. Sus descendientes podrían haber sobrevivido hasta hace 40.000 años, cuando los investigadores calculan que compartió los montes Altai del sur de Siberia con sapiens y neandertales. "Es la hipótesis más plausible", opina María Martinón-Torres, investigadora del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana. Los autores son cautos. "Es una posibilidad, aunque pensamos que nuestro fósil es demasiado joven para ser de un antecessor", advierte Krause.

Tal vez nunca se salga de dudas, pues aún nadie ha conseguido rescatar ADN de un hueso de 900.000 años. Arsuaga no descarta que en un futuro puedan rasparse muestras de fósiles de antecessor. "Antes tendremos que estar muy seguros de que vamos a encontrar algo", advierte.

El próximo capítulo, el genoma completo del neandertal, llegará "en unas semanas", asegura Lalueza. Aún no puede comentar los resultados, pues la revista en los que se publicarán retiraría el artículo. Sí adelanta que los dos modelos, el del reemplazo y el multirregionalismo, van a quedar mezclados en uno más complejo. "La idea de la evolución humana en 2010 será muy diferente a la que teníamos en 2009", concluye.

El principio del fin de las especies

El estudio sobre la ‘Mujer X’ ha sido el primero que sugiere una nueva especie humana con datos genéticos y no morfológicos, es decir, la forma y tamaño de un fósil. Los expertos en el campo no se ponen de acuerdo de si esto es posible. “No se puede definir una especie genéticamente”, opina Carles Lalueza, de la Universidad Pompeu Fabra. “El ADN aporta más información que la morfología”, aduce Johannes Krause, que ha estudiado los restos de la ‘Mujer X’. Los criterios morfológicos no siguen unas reglas fijas. “Para algunos autores basta una mandíbula y, para otros, es necesario un cráneo completo”, señala Lalueza. En realidad, el concepto de especie se creó para cosas vivas. Cuando dos seres no pueden procrear y tener descendencia fértil, son especies diferentes. Ni siquiera esto es satisfactorio, señala Krause. “Un chimpancé y un bonobo pueden tener hijos fértiles y les separan dos millones de años de evolución”, señala. Para algunos, los nuevos genomas de neandertales y de la ‘Mujer X’ demostrarán que son en realidad la misma especie. “Hace 100 años se miraba a las diferentes razas como si fueran especies diferentes”, comenta Milford Wolpoff. “No deberíamos cometer el mismo error con los fósiles”, añade.