Jueves, 25 de Marzo de 2010

Una visión roja de Oriente y Occidente

Tariq Ali repasa las claves de su libro de conversaciones con Edward Said

CARLOS PRIETO ·25/03/2010 - 08:15h

El escritor y activista político Tariq Ali posa, ayer, junto a la sede de la Casa Árabe. - A. NAVARRETE

Lugar: Mostra de Venecia. Evento: alfombra roja del documental South of the Border, con Hugo Chávez y Oliver Stone. "¡Es Omar Sharif! ¡Es Omar Sharif!", braman unas señoras. No, es Tariq Ali (Pakistán, 1943), escritor y guionista paquistaní afincado en Inglaterra desde los años sesenta. Vale, el tipo se parece bastante al actor egipcio, pero lo bueno de esta anécdota es que funciona como metáfora cómica de uno de los temas que atraviesan las obras de Ali y Edward Said (Jerusalén, 1935-Nueva York, 2003): los gazapos de la visión occidental sobre Oriente Medio.

Un asunto muy presente en Conversaciones con Edward Said (Alianza), escrito por Ali, que el autor presentó ayer en la Casa Árabe. Y con el que ambos autores (que podrían ser el mismo hombre: intelectual crítico de izquierdas criado en Oriente pero afincado en Occidente) han provocado polémicas sonadas, como la surgida tras la publicación de Orientalismo (1978), célebre ensayo de Said sobre el eurocentrismo cultural. "Fue un libro impactante porque se basaba en una premisa real: Occidente ve la cultura del mundo islámico como si fuera una cultura enemiga. La interpreta de un modo muy parcial, sin ir más allá de la superficie: la cultura árabe sólo puede ser agresiva o exótica", explica Ali a Público.

"La cultura árabe es la del enemigo, según lo ve Occidente"

Pese a que Orientalismo es visto ahora como un clásico, Said fue vapuleado por ciertos sectores por cometer la osadía de analizar algunas obras del canon estético occidental desde un punto de vista político. Los esteticistas montaron en cólera. "La barrera edificada para separar cultura y política siempre ha sido muy débil. Han tratado de construir una muralla china para apartarlas, pero sólo han podido levantar un muro de talco que se tambalea cada vez que recordamos los argumentos de Said, llevados aún más lejos en Cultura e imperialismo (1993): No puedes analizar una novela sin contextualizarla, sin reparar en las condiciones históricas en las que fue escrita".

Y dicho esto, procede a soltar un guantazo a Harold Bloom, el pope de la crítica literaria del universo anglosajón, que hace unos años escribió la introducción de una nueva versión inglesa de Don Quijote: "La traducción que hizo Edith Grossman era estupenda. Pero la introducción de Bloom era rematadamente mala. No tiene ni idea de la historia de España ni de la vida de Cervantes. No puedes entender a Cervantes sino comprendes el mundo en el que vivió y escribió".

Una guerra devastadora

"Hay que crear un solo Estado para musulmanes y judíos en Palestina"

Literatura y política, dos mundos que colisionaron en la cabeza de Said cuando estalló la Guerra de los Seis Días (1967). Hasta entonces se ganaba las lentejas plácidamente como profesor de literatura en la Universidad de Columbia (Nueva York). "Ya no podía permanecer más tiempo metido en la burbuja literaria. La guerra lo convirtió en el intelectual palestino de referencia en Occidente", recuerda Ali.

Said se implicó a fondo en el movimiento de resistencia palestino. Entre otras cosas, ayudó a reescribir el discurso que dio Arafat en la ONU en 1984, pero su relación con el establishment palestino saltó por los aires por sus ácidas (y proféticas) críticas a los Acuerdos de Oslo (1993). "Cuando todo el mundo seña-laba a coro lo maravillosos que eran los acuerdos de paz, llegó Said y los calificó de traición al pueblo palestino. Dijo que quedarían en nada. Nabil Shaarth, lugarteniente de Arafat, respondió diciendo que Said debería limitarse a practicar la crítica literaria y que un hombre como Arafat no se dignaría nunca a debatir sobre Shakespeare, levantando así otra vez el muro entre política y cultura".

Said murió en 2003. Meses antes habló otra vez con Ali sobre Palestina. "Veía que los asentamientos no dejaban de crecer y tenía la convicción de que Israel nunca iba a reconocer las fronteras de 1967. Dejó de creer en el proyecto de los dos estados, que no consideraba serio. La solución pasa por crear un único Estado con igualdad de derechos que incluya a judíos, cristianos y musulmanes. En mi opinión, cuando los israelíes dicen que tienen que crear un Estado palestino con el que puedan convivir, se refieren a crear un Estado en el que los palestinos puedan morir", zanja.