Miércoles, 24 de Marzo de 2010

Una novela contra el festín racista

La escritora francesa de origen senegalés Marie NDiaye calificó de "monstruoso" el Gobierno de Sarkozy al poco de recoger el galardón

RUBÉN GÓMEZ DEL BARRIO ·24/03/2010 - 08:30h

Marie Ndiaye ha conseguido una novela que gusta al público, a la crítica, a los premios, pero que no satisface a la clase política francesa. - EFE

Marie NDiaye no se define como una exiliada, pues según sus propias palabras ella no escapó de ningún país en guerra, pero a tenor de su testimonio y de sus vivencias su huida de Francia, su país natal hace 42 años, y su decisión de mudarse a Berlín responde a una ofensiva en su particular batalla contra el gobierno francés. En una entrevista concedida al diario Público, NDiaye asegura que "necesitaba salir de país galo por diferentes motivos, por una necesidad de cambiar y en parte por una simpatía hacia Berlín".

Lejos de su apego por la capital alemana o de su búsqueda de nuevos horizontes, como trasfondo todavía resuena la polémica que en la esfera política francesa provocaron el año pasado sus declaraciones a la publicación mensual Los Inrockuptibles. En esta revista gala, Marie Ndiaye, hija de un senegalés y de una francesa, calificó como "monstruosa" la Francia de Nicolas Sarkozy y tildó de "monstruosos" a varios de sus ministros. Unas declaraciones cuyas reacciones no se hicieron esperar. De hecho, el diputado conservador Eric Raoult, uno de los más fieles al presidente francés, sugirió la posibilidad de instaurar un "deber de reserva" en Francia para todos aquellos escritores que ganen el Premio Goncourt. Y NDiaye fue la última galardonada de forma abrumadora y unánimemente aplaudida de este importante premio de las letras francesas por el libro Tres mujeres fuertes, lo que generó una polémica en la que no faltaron opiniones de políticos y de figuras de la cultura.

"Los inmigrantes pasan pruebas terribles", cuenta la autora

Numerosas personalidades del mundo de las letras intervinieron para ridiculizar a Raoult, entre ellas el célebre cronista literario Bernard Pivot o el escritor y académico Erik Orsenna.

Tres mujeres fuertes, que acaba de publicar en España la editorial Acantilado, narra las peripecias vitales de tres mujeres, que dicen no, cada una a su manera, y que luchan con firmeza por preservar su dignidad ante las humillaciones que la vida les infringe. Casi como su misma historia. De hecho, meses después de su polémica entrevista, Ndiaye, valiente como las protagonistas de su última obra, mantiene viva su postura y define sin ningún tipo de reparo al gobierno francés como "derecha implacable, muy dura y que muchas veces se aproxima de forma muy peligrosa a la extrema derecha. Algo -matiza- muy similar a lo que ha pasado en la Italia de Berlusconi".

El turno de las escritoras

"Las feministas no se interesan mucho por la vida real de las mujeres", señala

En Alemania, y más en concreto en Berlín, la autora espera encontrar un escenario político más permisivo o tolerante con su obra o por lo menos, no tan crítico como en Francia, a pesar de las buenas relaciones existentes entre los gobiernos de ambos países. "De hecho no creo que Nicolas Sarkozy y la canciller alemana, Angela Merkel, sean tan buenos amigos", añade NDiaye. Pero la escritora no critica solamente el panorama político francés, también pone sus objeciones hacia el mundo literario de su país y más en concreto, ante la situación de las escritoras.

"El motivo de que haya recibido el Goncourt está también vinculado al hecho de que yo sea una mujer, ya que al jurado de este concurso siempre se le ha reprochado ser unos misóginos. Llevaban más de diez años sin dar el premio a una mujer", asegura NDiaye. "Sólo nueve mujeres lo han recibido en toda la historia del premio y el jurado tenía ganas de terminar con esta imagen de aversión a las mujeres escritoras". Aun así, NDiaye es bastante optimista y cree que las cosas van a ir mejor en este sentido.

Un mensaje de esperanza que se refleja una vez más en esta novela. De hecho, Tres mujeres fuertes contiene, según explica la autora, "un mensaje de esperanza, porque sus protagonistas están tratando de liberarse de las cosas que les impiden avanzar". A su juicio, lo que une los relatos protagonizados por cada una de las mujeres Norah, Fanta y Khady Demba es "la fuerza interior, a pesar de todo lo que les separa: diferentes condiciones de vida, riqueza e incluso distinta profesión. Así, Norah vive en Francia y es abogada y Khady es una mujer que vive en la miseria más profunda. Son diferentes sólo en apariencia porque lo que las une es la fuerza interior que tienen las tres".

La propia historia y la vida interior de las protagonistas ha obligado a la escritora, reconoce NDiaye, a salirse de su guión habitual para destilar un estilo intimista, minucioso, con un tono descriptivo y un tempo ralentizado. "No es mi estilo habitual. He intentado escribir de una forma más simple, he tratado de escribir lo que tenía que decir, sin ser demasiado compleja sintácticamente", asegura.

Además, rechaza que su novela pueda ser considerada feminista. "No es una novela lo bastante comprometida como para ser considerada feminista", señala, si bien añade con ironía que "quizá las feministas no se interesan mucho por la vida real delas mujeres".

En el relato, la autora habla también de las diferencias generacionales a través de la relación de Norah, que vive en Francia, y su padre, que está en África. "Los inmigrantes recuerdaNDiaye pasan pruebas terribles y muestran un valor y un coraje que me parecen admirables, y aunque son miserables y pobres, ante todo son unos héroes, equiparables a los héroes de la mitología, que tenían que pasar una serie de pruebas".

Aún así, y a pesar de la muchas similitudes que podrían verse en el argumento, la autora niega que la novela sea autobiográfica o que parta de un modelo, sino que los personajes son fruto de lo que ve en la televisión, lo que lee en la prensa o de las conversaciones con la gente pero, en ningún caso, basadas en las vivencias de una persona que verdaderamente exista. De hecho, NDiaye asegura que le quedan muy pocas cosas de sus antecedentes: "El interés que tengo por África, pero aparte de eso, no me queda casi nada".