Martes, 23 de Marzo de 2010

Un refugio en los mares del sur

Hiva Oa, la segunda isla más grande de las Marquesas -descubierta para Europa por el español Mendaña en 1595-, conserva los restos de su lejano pasado y su imagen de paraíso perdido.

ÁNGEL M. BERMEJO ·23/03/2010 - 09:58h

Ángel M. Bermejo - Tumba de Paul Gauguin en el cementerio de Cavalry

El vuelo desde Nuku Hiva -la isla principal de las isla Marquesas- es corto, y desde el aire se ve que Hiva Oa es igual de escarpada que su hermana mayor, pero la vegetación es más verde todavía. También es una sucesión de anfiteatros volcánicos. No tiene más de 15 kilómetros de ancho pero el Feani, la cumbre principal, ha crecido hasta los 1.126 metros de altura.

La búsqueda de los mitos europeos en la Polinesia lleva a los viajeros a Hiva Oa tras la pista de Paul Gauguin y Jacques Brel. Dos artistas francófonos, un francés y un belga, que quisieron abandonar Europa para refugiarse en el fin del mundo.

Por eso, una de las primeras cosas que se puede hacer en esta isla hermosa y deslumbrante es caminar hacia el cementerio. Es un corto paseo hasta las afueras de Atuona que no tiene nada de morboso. Es un homenaje a la vida, a la búsqueda del rincón que cada uno tiene en el mundo, a las elecciones que significan renuncia pero que implican el deseo de encontrarse en el lugar en que uno debe estar. En el cementerio de Cavalry están las tumbas de Gauguin y Brel, a pocos metros una de la otra.

Atuona tiene poco más de 1.000 habitantes desperdigados en casas blancas en una ladera que se hunde en una bahía que no sirve de puerto. Hay flamboyanes, hibiscos, guayabos, mangos, aguacateros, gardenias, buganvillas. La tierra convertida en un jardín. Pero Atuona también quiere ser un pedazo de Francia en el Pacífico, y allí están la Mairie, la Gendarmerie, el Lycée, y todas esas instituciones que los franceses llevan hasta la última esquina del mundo.

Desde aquí
cualquier mañana parecería la primera mañana del mundo.

Gauguin llegó a las Marquesas a bordo del Croix du Sud el 16 de septiembre de 1901, y cumplía así un viejo deseo, llegar al lugar "de Oceanía menos asediado por la civilización europea". En Atuona compró un terreno y construyó su Maison du jouir, la "Casa del Placer". Junto a la entrada del piso superior, donde instaló su taller, colocó dos placas talladas de madera con dos inscripciones: "Soyez amoureuses et vous serez heureuses" y "Soyez mistérieuses". Consiguió una vahine, una muchacha, para vivir con ella. Volvió a pintar y a romper todas las reglas de convivencia. Había conseguido su sueño: "Soy y seré un salvaje".

La otra figura famosa de Hiva Oa, Jacques Brel, tampoco vivió muchos años en Atuona. Encontró su refugio en esta isla donde muy pocas personas sabían de su fama, de sus triunfos en los escenarios. Quiso quedarse a vivir allí y pensó en construir una casa en el filo de una cresta rocosa. El lugar ahora se llama el Belvedere de Brel.

Hay que subir al Belvedere por la mañana, muy temprano, por una senda que trepa bajo la copa de árboles frondosos. Justo después del amanecer el Sol sólo ilumina la cima del monte Temetiu. Las casas de Atuona todavía están en la sombra. Todo es calma y belleza. Desde allí se ve cómo se despierta la isla poco a poco, a medida que el Sol la llena de luz. A estas alturas llegan algunos sonidos lejanos desde el fondo del valle. No es extraño que Brel quisiera construir una casa en este lugar. Desde aquí cualquier mañana parecería la primera mañana del mundo. En una roca han puesto una placa en su honor, en la que están grabados los versos con que termina la canción que le dedicó a estas islas: "Veux-tu que je dise, gémir n'est pas de mise, aux Marquises", que se traduce, más o menos, como "Déjame que te diga: uno no se puede quejar en las Marquesas".


CÓMO IR
Air France tiene varios vuelos a la semana a Papeete, desde donde Air Tahiti asegura las conexiones a Nuku Hiva e Hiva Oa. El barco Aranui 3
realiza desde Papeete 17 viajes al año de unos 15 días de duración, en los que pasa por las seis islas habitadas de las Marquesas.

MUSEO
En 2003, en el centenario de la muerte de Gauguin, se inauguró en Atuona el Espace Culturel Paul Gauguin que recuerda la vida y la obra del pintor. Allí se ha reconstruido la Maison du Jouir, y se han copiado los paneles tallados que están en la entrada (los originales se encuentran en el museo de Orsay en París).

ARQUEOLOGÍA

En esta isla abundan los restos arqueológicos de las antiguas culturas polinesias. Al norte de la isla, en Puamau, el meae (centro sagrado en donde se veneraba a los grandes personajes) de Iipona guarda el tiki (escultura de piedra) más grande de las Marquesas. El lugar es fascinante, al pie de un precipicio y entre las ramas de árboles tropicales. A unos 10 kilómetros al oeste de Atuona, en Taaoa, el centro ceremonial de Upeke también merece una visita. Pero para sentirse Indiana Jones lo mejor es emprender el camino por el valle de Tahauku en busca de los petroglifos de Tehueto. Los alojamientos de Atuona organizan excursiones por la isla.