Domingo, 21 de Marzo de 2010

Bandera blanca del Sevilla

El Espanyol supera con facilidad a un equipo aún convaleciente del palo europeo

ALBERTO CABELLO ·21/03/2010 - 00:01h

EFE - Los jugadores del Espanyol celebran uno de los goles.

El peor rival posible. Un rival herido por una goleada liguera para un equipo con la sangre todavía en el abdomen. No estaba ayer el Sevilla para colmillos ni bocados en cada pelota. Necesitaba un partido a compás, pero el Espanyol le dio la noche con y sin el balón. Después del estacazo ante el Tenerife, Pochettino castigó a los suyos con un sprint de 90 minutos. Hora y media de circuito físico sin descanso.

Al otro lado, las antípodas. Jiménez quiso anestesiar la cita con una alineación con mucho centro del campo. Planteó una transición tranquila después del fiasco ante el CSKA en Champions. La idea saltó por los aires en el mismo saque de centro. Los blanquiazules se organizaron como una cuadrilla, le zumbaron fuerte a la percusión y dejaron el encuentro desprovisto de cualquier momento de pausa. El plan salió redondo. Resultó previsible la ausencia del Sevilla en la fiesta.

En una de esas pelotas que el Espanyol llevó a empujones hasta la portería de Palop, Marqués la puso entre central y central para que Osvaldo rematara bien de cabeza. Y todavía le fue mucho peor a los sevillistas. Navas se cayó del partido a los 25 minutos por un golpe en el tobillo. Desnudo en la definición, el equipo perdió el único elemento diferenciador válido en los últimos meses. Luego, al rato, también se marchó al vestuario Capel. Sin pegada ni definición al otro lado, los locales se encontraron con un partido listo para servir en plato.

Sin reacción

Da toda la impresión de que este final de temporada se le va a atragantar al Sevilla. La derrota ante los rusos le ha quitado tornillos a la estabilidad del equipo y del club. La plan-
tilla se ha adentrado en un valle físico, se ha quedado con sólo una velocidad en la caja de cambios.

El Espanyol se gustó ante tanta facilidad. Osvaldo repitió celebración después de un error en el pase demasiado inocente de Duscher. Pudieron ser unos cuantos goles más. Al final el castigo no fue tan duro como se preveía.