Domingo, 21 de Marzo de 2010

Alicia vuelve a cruzar el espejo

La película de Tim Burton actualiza el cuento de Lewis Carroll, un canto a la infancia cuyas múltiples lecturas ponen en peligro su verdadero sentido

JESÚS ROCAMORA ·21/03/2010 - 08:00h

El enredado y exuberante jardín de Alicia sigue hoy sin domesticar, a pesar de que la adaptación de Tim Burton al cine (que se estrena en España el 16 de abril) vuelve a traer consigo la edición y reedición de material alrededor de su protagonista (inspirada en una niña real del mismo nombre, considerada "el primer amor" de Carroll). Quizá por eso sea tan necesaria la vuelta a la canónica y premiada Alicia anotada, publicada en 1984 para España por Akal, que ahora vuelve a estar en la calle. Ilustrada por John Tenniel, que ya en la época de Carroll marcó su estética, está repleta de frondosas anotaciones en sus márgenes, obra de Martin Gardner. Es la mejor salida al laberinto sintáctico de Carroll, que desafió a la lógica, hizo rima con las matemáticas y sumó y restó a base de versos.

Tanto estudio acaba tapando a la misma Alicia. En el prólogo, Gardner se lamenta de la sobreinterpretación a la que ha estado sujeta el relato, incluidas las lecturas simbólicas, políticas, religiosas y freudianas. "Consideremos, por ejemplo, la escena en que Alicia coge el extremo del lápiz del Rey Blanco, y empieza a garabatear por él. En cinco minutos podemos inventar seis interpretaciones distintas. Es bastante discutible que el subconsciente de Carroll tuviera presente algunas de ellas", escribe.

En realidad, detrás de parte del misterio no hay otra cosa que un idioma elástico como la goma (el inglés), una zona geográfica peculiar (Ingla-terra en general, Oxford y alrededores en particular) y una época (la victoriana). Así que sus chistes sobre políticos y giros a expresiones se quedan fuera del lector del siglo XXI.

David Barba, responsable de otra edición de Alicia (en Sexto Piso, con ilustraciones de Peter Kuper y más pop), dice en su prólogo que "traducir Alicia es algo tan misterioso como acceder de una manera íntima a un proceso de enamoramiento". Cada tres líneas, "uno se encuentra con un juego de palabras que en otra circunstancia habría resuelto con una nota al pie, o con un poema casi insostenible en castellano". Pero lo normal no tiene efecto en Carroll, que fue un matemático travieso y llenó la historia de juegos de lógica. Para los atrevidos, se edita Un cuento enmarañado y otros problemas de almohada (RBA), con algunos rompecabezas con los que el escritor jugaba cuando no podía dormir.

Según Barba, Alicia es, más allá de la versión literaria de un amor por una niña real, "una carta de amor a la infancia", vigorosa, encendida, vibrante. Gardner también cede. Para él, la enseñanza de esta cría es que "la vida, observada racionalmente y sin ilusión, parece un disparate contado por un matemático idiota".

 

Todos los personajes

El conejo blanco
El tiempo que pasa tiene el pelaje de un roedor

Ni la inocencia de la niña que está a punto de meterse en la boca del lobo ni nada: en el artículo ‘Alice on the Stage’, Carroll ya aclaró que la función del apresurado roedor que da arranque a la historia era ejercer de contraste con Alicia. Allí donde la niña es joven, vigorosa y rápida, él era tímido y torpe. Lleva hasta gafas. “Estoy seguro de que tenía una voz destemplada, que le temblaban las rodillas, y que su aspecto general denotaba un total incapacidad para plantarle cara a una gallina”.

Alicia
El primer amor de Carroll tenía 10 años

Alicia como cuento y personaje nació una tarde dorada de 1862 en el que Lewis Carroll y su amigo el reverendo Duchworth compartieron una excursión en barca por el Támesis con las tres hermanas Liddell: Lorina Charlotte (13 años), Alice Pleasance (10) y Edith (ocho). Bajo el sol abrasador, Carroll (30) improvisó la historia de una niña (aquella misma Alice que fue “su primer amor”) que se metía en una madriguera de conejo. Posteriormente la escribiría e ilustraría para ellas.

El gato de Cheshire
La otra sonrisa misteriosa

“¿Me podría decir por qué sonríe su gato?”, pregunta Alicia a la Duquesa. Según Gardner, hay dos teorías sobre el origen de la expresión de la época “sonríe como un gato de Cheshire”, un personaje que, por cierto, no aparecía en el manuscrito original de ‘Alicia’: una, la de la paternidad a un pintor del condado de Cheshire (donde nació Carroll); la otra, a un tipo de queso, lo que da para caer en el juego de inversión gato-de-queso-que-se-quiere-comer-al-ratón-que-se-quiere-comer-el-queso.

 La oruga
Cómo escribir palabras con humo sin toser

Gardner llena de curiosidades este personaje de culto. Según escribe, Carroll corrigió el dibujo original de Teniel: eso que parecen una nariz y una boca son en realidad dos patas. En cine ha dado para mucho: Ned Sparks (‘Imitation of Life’) hizo de Oruga para la versión de la Paramount de 1933. Y fue Richard Haydn (“Sonrisas y lágrimas”) quien le dio voz en la de Disney (1951), uno de cuyos efectos visuales más sorprendentes fueron sus anillos de humo multicolor.

Sombrerero Loco, la Liebre y el Lirón
Cómo construir un grupo de personajes a partir de unas cuantas frases chifladas

Las frases “loco como un sombrerero” y “loco como una liebre de marzo” eran corrientes. Según Gardner, los sombrereros se volvían efectivamente locos debido al mercurio utilizado para tratar el fieltro. Les hacía sufrir temblores en ojos, miembros y le afectaba al habla (el temblor del sombrerero). Y también puede tener una correspondencia real: “Hay motivos para creer que Tenniel aceptó la sugerencia de Carroll de dibujar al Sombrerero con el parecido de Theophilus Carter, negociante de muebles de Oxford conocido por su sombrero de copa y su excentricidad: inventó “la cama despertadora”, que lanzaba a quien tenía encima al suelo. Por su parte, “loco como una liebre de marzo” hace alusión a las “frenéticas cabriolas de la liebre macho durante el mes de marzo, época de su celo”. Finalmente, el lirón británico, parecido a una ardilla, es conocido por su hábito de hibernar durante el invierno. Ninguno de los tres personajes aparece en el manuscrito original.

La Reina de Corazones
La cabezona del: “¡Que le corten la cabeza!”

Carroll no dejó dudas sobre la Gran Cabezona: “Imaginé a la Reina de Corazones como una especie de encarnación de la pasión irrefrenable... como una Furia ciega y caprichosa”, escribió. Según Gardner, sus órdenes de decapitación “sorprenden a esos críticos modernos de literatura infantil que consideran que los relatos juveniles deberían estar exentos de violencia”. Para él, “el niño normal lo encuentra todo divertido” y ni ‘Alicia’ ni ‘El mago de Oz’ deberían caer en manos de psicoanalistas.

Jeringóndor
El mayor disparate poético es un dragón

Carroll escribió el que es considerado el poema más disparatado: ‘Jerigóndor’. Y lo introdujo en ‘Alicia’, donde puede verse como un monstruo cuyos “dientes muerden y sus garras agarran”. Tim Burton se apropia de él y lo coloca en el mismo tablero que Alicia, a quien le pone espada y armadura.

 Baraja
Un ejército de naipes a los pies de la Reina

“En los palos de la baraja, los picos son los jardineros, los tréboles son los soldados, los diamantes son los cortesanos y los corazones son los diez infantes reales. Son los miembros de la corte”, explica Gardner en sus notas. Carroll transfiere el comportamiento de una baraja de verdad al de sus cartas animadas: “Se quedan planas tumbadas boca abajo, no se las puede identificar por el dorso, se las puede volver fácilmente boca arriba y se curvan para formar los arcos de croquet”.

Dodo
¿Quién es ese? Yo-yo-yo-yo mismo

El Dodo es Carroll: bautizado Charles Dodgson, pronunciaba su apellido ‘Do-Do-Dodgson” debido a su tartamudeo. Un guiño: cuando se incluyó su biogafía en la ‘Encyclopaedia Britannica’, lo hizo delante del término Dodo. Junto al Dodo, está el pato (el reverendo Duckworth) el loro y el aguilucho (las hermanas Liddell).

Patachunta y Patachún
Los dos lados del espejo se dan la mano

Carroll volvió a inspirarse en una canción popular para estos dos personajes, lo que garantizaba que los niños los conocieran. Según Gardner, Patachún y Patachunta son lo que los geómetras llaman “enantiomorfos”: formas idénticas en espejo. Ambos reaccionan “al revés” que el otro.