Sábado, 20 de Marzo de 2010

De la abogacía marroquí a la ganadería

Galicia. Licenciado en Derecho, Rachid cuida vacas en una villa de A Coruña

LORENA SEIJO ·20/03/2010 - 08:00h

Rachid El Houdaigui, inmigrante marroquí de 41 años, nunca pensó que la necesidad y el destino lo llevarían a vivir en Boimorto, un pueblo de 2.300 habitantes de A Coruña. Allí consiguió empleo hace año y medio en una explotación de vacas, un trabajo duro que realiza de las 7.00 a las 12.00 horas, y de 16.00 a 21.00, seis días a la semana por 875 euros al mes. "Merece la pena porque ahorro y tengo casa para mí solo, aunque sé que los españoles ganan más por menos horas", dice.

Cuando llegó a España hace cuatro años optó por vivir en Santiago, pero ahora en la ciudad no hay trabajo. También buscó en Alicante, huyendo del frío y la lluvia, pero se lo gastaba todo en el alquiler de un piso compartido y en comida. Ahora vive en la granja, en una casa que le cedió su jefe.

El día que libra se va a Arzúa o a Santiago para airearse. Para Rachid lo más difícil es no tener con quién hablar de sus problemas o con quién tomarse algo, por eso cada vez gasta más en llamadas internacionales. Cuando tiene nostalgia escucha música árabe o se conecta a Internet, siempre en locales con wifi.

"Creen que nos dedicamos a vender hachís"

Lamenta que no haya más marroquíes en Galicia porque cree que así no lo mirarían con tanta desconfianza. "A veces me paran por la calle para preguntarme si vendo hachís, porque creen que todos nos dedicamos a eso", dice.

Le gustaría volver a Marruecos con dinero para montar un negocio. Su padre, al emigrar a Francia, consiguió que sus seis hijos estudiaran una carrera, pero a Rachid los estudios de Derecho no le sirvieron para conseguir trabajo. "En mi país lo importante es saber hacer cosas con las manos, los estudios no se valoran. No fue fácil asumir que no iba a ser abogado y que tenía que dedicarme a cuidar vacas, pero así son las cosas", reflexiona ahora.

De Galicia le gusta la tranquilidad y el espíritu trabajador de su gente, pero cree que es difícil ganarse su confianza. Los que mejor lo tratan son los emigrantes gallegos retornados: "Supongo que ellos saben lo que se siente al ser extranjero".