Martes, 16 de Marzo de 2010

Las Barrancas del Cobre

El interior de la Sierra Tarahumara es un mundo aislado quebrado por infinidad de cañones y barrancos al que sólo se puede acceder viajando en tren.

ÁNGEL M. BERMEJO ·16/03/2010 - 09:11h

Ángel M. Bermejo - Uno de los impresionantes tajos en el Valle de Urique

Aquí, en el norte de México, la Sierra Madre se quiebra en desfiladeros profundos que parecen llegar a las entrañas de la Tierra. No es una forma de hablar: al menos cuatro de los muchos cañones que sajan estas montañas son más profundos que el Gran Cañón del Colorado. Todos son mucho más estrechos, como cortes limpios en la superficie rocosa de la montaña. ¿Hay algo igual en el resto del mundo?

Es, por tanto, una zona salvaje, donde el hombre moderno no encuentra acomodo. En sus bosques merodea todavía el lobo y el puma, y a veces se escucha hablar de algún encuentro con el oso pardo. En estas tierras aisladas por precipicios de vértigo y duros inviernos los tarahumaras han mantenido su cultura al margen del mundo exterior. Desperdigadas en este escenario se esconden misiones coloniales y ciudades mineras abandonadas.

Para adentrarse en este mundo perdido lo mejor -la única posibilidad- es viajar en el Chepe, el tren que une Chihuahua con Los Mochis, ya en el Pacífico. Los amantes de los ferrocarriles afirman sin dudarlo que éste es el mejor recorrido en tren de todo el mundo de menos de mil kilómetros. Se puede hacer de un tirón, en unas doce horas, pero es como pasar al lado de una maravilla y obstinarse en cerrar los ojos. Hay que hacer varias paradas y, viniendo desde Chihuahua, Creel es la primera.

Vértigo es la palabra que define esta sierra. Desde Creel una carretera baja hasta Batopilas, pero parece caer a las profundidades del mundo.

Creel, un poblado con un indefinible aire de frontera, es una buena base para explorar esta región. No hay más que salir a caminar por los alrededores para descubrir lagos y formaciones rocosas extraordinarias, como las del valle de los Monjes. Desde Creel, apuntándose a una excursión organizada, en pocas horas se llega hasta la cascada de Basaseachi, una cola de caballo perfecta que se precipita desde un cortado de 300 metros de altura. La grandeza del paisaje obliga al viajero a sentirse un ser frágil y diminuto.

Vértigo es la palabra que define esta sierra. Desde Creel una carretera baja hasta Batopilas, pero parece caer a las profundidades del mundo. Se pasa junto a ranchos de los tarahumaras, que consiguen sobrevivir en estas montañas indómitas. Son los protagonistas de unas extraordinarias carreras, las rarajípari, maratones de varios días y noches a través de pendientes intransitables en los que recorren distancias inconcebibles. Los tarahumaras se dan a sí mismos el nombre de rarámuri, "los corredores".

Batopilas aparece al fondo del valle, en un ambiente tropical en el que crece el mango, la papaya y el banano. En los patios de las casas huele a guayaba. La pista sigue, río abajo, hasta Satevó, con una sólida iglesia que quizá tenga 300 años. Hay quien la llama "la catedral perdida".

La estación de Bahuichivo es otra parada recomendable en el viaje en tren y el punto de partida hacia los cañones de Cerocahui y Urique, una zona mucho menos visitada que la de Batopilas pero más espectacular. Siguiendo la carretera, hay un momento donde vuelve a aparecer el precipicio insondable. Un valle abierto en la montaña se hunde hasta el horizonte. Las casas de Urique casi no se distinguen en la distancia, perdidas en un valle tropical que se contempla con asombro desde un bosque frío, alto y colgado del vacío.


DÓNDE IR
Iberia vuela desde Madrid a Ciudad de México, desde donde hay varios vuelos diarios a Chihuahua. También es posible viajar en autobús desde la capital mexicana, ya sea directamente (unas 20 horas de viaje) o haciendo paradas intermedias.

DÓNDE DORMIR
En Creel: Margarita es el favorito de los viajeros con presupuesto ajustado; organiza excursiones a toda la región. En Cerocahui: Hotel Misión, junto a la iglesia, ofrece transporte gratuito desde y hacia la estación. En Divisadero: el Divisadero Barrancas es un hotel de lujo con algunas de las mejores vistas desde las habitaciones.

EL TREN
Entre Chihuahua y Los Mochis (674 km.) hay dos trenes en cada sentido: de primera (todos los días) y de segunda clase (tres por semana, y se detiene en más estaciones que el anterior). Ambos permiten una parada de 15 minutos en Divisadero para asombrarse con una de las vistas más espectaculares de México, pero desde luego que no es suficiente para conocer el lugar. Conviene hacer, como mínimo, dos paradas (Creel y Divisadero o Bahuichivo son las más recomendables), desde donde hacer excursiones por la región. Si se viaja desde Chihuahua hay que sentarse en el lado izquierdo para disfrutar de las mejores vistas.


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