Lunes, 15 de Marzo de 2010

Primera sinfonía en rojo

Alonso, que salía tercero, firma una victoria impecable en su estreno como piloto de Ferrari. Massa, segundo, confirma el pleno de la escudería italiana y Hamilton, tercero, completa el primer podio del año

ÁNGEL LUIS MENÉNDEZ ·15/03/2010 - 00:02h

EFE - Alonso celebra el triunfo en Bahrein.

Cuando Fernando Alonso se subió a lo más alto del podio y alzó los brazos, el tiempo se detuvo. Cerró los ojos, echó la cabeza hacia atrás y dio por concluida la excepcional sinfonía interpretada sobre el árido circuito de Bahrein. En el estreno del Mundial 2101, el español ganó la primera carrera de F1 que disputa como piloto de Ferrari tras exhibir la acompasada y demoledora maestría por la que suspiraban los rectores del equipo italiano.

Tras un año 2009 de calvario impropio, por historia y prestigio, en la Scuderia volvieron a resonar ayer los acordes más preciados. Alonso y Massa, segundo, interpretaron un majestuoso doblete, algo que no se oía en Maranello desde hace casi dos años, cuando Raikkonen y el propio brasileño lo consiguieron en el G. P. de Francia 2008.

Como tantas obras maestras, la obertura roja nació de la angustia. De la ansiedad tras perder la pole ante Vettel y de la incertidumbre resultante de la arriesgada maniobra del equipo cuando decidió cambiar los motores de los dos F10 durante la larga mañana de ayer.

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Son muy pocos, contados, los que se manejan con brillantez en un escenario así. En tales ocasiones, Alonso no piensa, analiza. Escruta cada dato, cada posibilidad y se hunde en un estado de concentración máxima del que no sale ni siquiera para saludar al rey de España. Ni a Emilio Botín, presidente del Santander y uno de sus principales mecenas. Ambos esperaban en la parrilla de salida, bajo el abrasador sol del desierto, a que el asturiano completara la vuelta de prueba con el nuevo motor. Empujado por los mecánicos, el F10 aparcó mansamente delante de los ilustres visitantes, pero Fernando, o no los vio o decidió posponer el apretón de manos. Sin quitarse el casco, salió del habitáculo, pasó por delante de ambos y, raudo, se dirigió al otro extremo de la pista para cambiar urgentes impresiones con su ingeniero de pista. Su rostro, tenso a fuerza de concentración, anunciaba lo que vendría.

En su cabeza interpretaba una y mil veces la partitura que se disponía a dictar sobre el ardiente asfalto asiático. En el primer movimiento, fortissimo, se llevó por delante a su compañero de equipo. Massasalía un puesto por delante, segundo, pero Alonso nunca ha sabido leer el pentagrama del conformismo. Aceleró y se enganchó al rebufo del brasileño, quien, agobiado, pretendió quitárselo de encima con un leve giro hacia la derecha. En un primer instante, el español pareció picar. Amagó con seguir la estela de Massa, pero inmediatamente cambió de opinión. Contravolanteó hacia la izquierda, pisó a fondo y afrontó la primera curva, a derechas, por el exterior, los dos bólidos rojos casi a la par. Sin pestañear, el asturiano mantuvo la trazada y se dispuso a negociar por dentro la inminente curva dos, a la izquierda. Massa, que nunca ha destacado por su osadía, se arrugó. Midió su atrevimiento, escaso, y decidió dejar ir a Fernando.

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La ortodoxia del buen director de orquesta dicta que la mano derecha marca el compás mientras la izquierda se dedica a matizar, detener, impulsar y llamar la atención. Eso fue lo que hizo Fernando Alonso tras desplumar a Massa.Escribió 49 vueltas impecables, 308 kilómetros de ritmo infernal al alcance de muy pocos.

Prohibidos los repostajes, el Mundial 2010 coronará al piloto total. Al que sepa medir sus fuerzas y las de los demás, siempre con la cabeza puesta en el buen trato de los neumáticos. Alonso marcó ayer con rotulador rojo, por supuesto la senda. No se cebó con Vettel hasta que realizó su única parada. Con ruedas nuevas, el ovetense cambió de batuta y ordenó a su bólido un compás in crescendo que sólo ralentizó al comprobar que si circulas mucho tiempo tras otro coche en un infierno como el de Bahrein, el aire recalentado del perseguido acaba abrasándote el coche.

La machacona y poderosa melodía del español atronó en los oídos de Vettel. El líder de Red Bull ya había dado síntomas de desfallecimiento antes de que uno de sus tubos de escape emitiese la típica y estridente música que anuncia rotura. Alonso le pasó como un cohete y, ahí sí, con el horizonte de 15 vueltas limpias por delante, ejecutó una pieza de constante y armoniosa velocidad durante la cual marcó el mejor tiempo. Una primorosa sinfonía en rojo.