Sábado, 13 de Marzo de 2010

Alonso y el espíritu de Ascari

El piloto español es el número 95 de una lista abierta el 21 de mayo de 1950.

ÁNGEL LUIS MENÉNDEZ ·13/03/2010 - 08:00h

afp - Fernando Alonso, ayer durante la rueda de prensa.

Fernando Alonso espera que se le acaben antes los adjetivos que la felicidad. No han pasado seis meses desde que Ferrari anunció su fichaje y el contrato entre ambos llega hasta 2012, así que aún tendrá que explicar varias veces más lo que significa ser miembro de la única escudería que ha estado presente en los 60 años de historia de la F1. Lo que supone ser el estandarte de un mito. El español, número 95 de una lista abierta el 21 de mayo de 1950 en Mónaco por Alberto Ascari, se estrena hoy de rojo en los primeros entrenamientos oficiales de la temporada (12, La Sexta).

La de 1950 fue la segunda carrera del curso, pues una semana antes, en Silverstone (Gran Bretaña), Ferrari no presentó coche alguno en el gran premio que abrió la puerta a un deporte donde conviven con crudeza extrema el triunfo y el fracaso, la gloria y la muerte. Aquel lejano domingo de mayo cuatro cavallinos galoparon por las estrechas calles del Principado monegasco: el del francés Sommer, el del británico Whitehead, el del italiano Villoresi y, por supuesto, el de su compatriota Ascari.

Alberto Ascari fue el primero en subir al podio pilotando un Ferrari

En realidad, los cuatro son los primeros pilotos oficiales de Ferrari, pero la gloria es para Alberto Ascari porque acabó en el podio. Cruzó la meta segundo tras el legendario argentino Juan Manuel Fangio, que se proclamó cinco veces campeón del mundo.

Alberto Ascari representa, además, el profundo sentimiento italiano que impregna a la escudería Ferrari. 25 pilotos, un 30% de los privilegiados que han conducido un cavallino de F1, son transalpinos. Les siguen británicos (13), franceses (11), belgas (9), suizos (5), argentinos (5), estadounidenses (5), alemanes (4), brasileños (3), mexicanos (2), españoles (2), austríacos (2), finlandeses (2) y un solo representante de Nueva Zelanda, Canadá, Suráfrica y Suecia.

Ascari, junto a Lauda, ganó dos Mundiales de pilotos para Ferrari, la mejor hoja de servicios tras el inalcanzable, de momento, repóquer del gran Schumacher. Sin embargo, nadie en la historia del equipo rojo presenta un mejor porcentaje de victorias que Ascari, vencedor en casi la mitad (46%) de las carreras disputadas (13 de 28). La fina conducción del milanés, su proverbial simpatía y las circunstancias de su trágica muerte abrieron a Ferrari las puertas de la leyenda.

Nadie presenta mejor porcentaje de victorias (46%); ni Schumacher

Con los guantes puestos

Hijo de Antonio Ascari, famoso piloto de los años 20, los dos murieron con los guantes puestos. Con 30 años de diferencia (nacieron en 1925 y en 1955, respectivamente), ambos fallecieron justo cuatro días después de sufrir un grave accidente, ambos a los 36 años, ambos un día 26 y ambos tras perder el control del vehículo en una sencilla curva de izquierdas. Toda Italia lloró la pérdida de Ciccio y cuentan que el día de su funeral Milán amaneció en silencio. El cortejo fúnebre atravesó lentamente las calles de la ciudad, tomadas por un millón de personas, hasta llegar al cementerio donde Alberto reposa junto a su padre.

Eran tiempos duros, de carreras al límite, como hoy, pero sin la extrema seguridad de la que actualmente gozan los pilotos. Enzo Ferrari, fundador de la marca, tardó tres años en encontrar un sustituto campeón. Probó 16 pilotos en tres años hasta que apareció Fangio, el argentino volador que ganó el Mundial de 1956 vestido de rojo.

Aún más, un lustro, hubo que esperar al siguiente título, el del estadounidense Hill en 1961. El británico Surtee hizo lo propio en el 64, el polémico Lauda firmó un par de alegrías (75, 77), el surafricano Scheckter le imitó en 1979 y, tras ese Mundial, Ferrari entró en el túnel más negro de su historia.

Malos momentos

Ferrari vivió dos décadas de hambruna -sólo tres títulos de constructores, ni uno de pilotos- antes del atracón de éxito que les brindó el campeonísimo Michael Schumacher. El piloto alemán, frío e implacable donde los haya, sólo claudicó ante un descarado español, Fernando Alonso, objeto de deseo desde entonces (2006) por parte de los rectores de la Scudería.

Ni siquiera el Mundial de carambola ganado por Raikkonen en 2007 convenció en Maranello. Querían a otro fuera de serie, alguien fiel al lema de Alberto Ascari: "¿Ves mi mono de trabajo? En el lado izquierdo lleva el emblema del Cavallino y yo siento latir su corazón al lado del mío". Ya lo tienen.