Viernes, 12 de Marzo de 2010

La colonización israelí sella el divorcio de Obama y Netanyahu

El presidente de EEUU pierde la confianza en el primer ministro de Israel

EUGENIO GARCÍA GASCÓN ·12/03/2010 - 22:00h

Oded Balilty / AP - Un palestino reza ante un grupo de soldados israelíes que impedían el acceso a Jerusalén.

No es ningún secreto que nunca ha existido una buena química entre los actuales mandatarios de Estados Unidos e Israel, pero lo ocurrido en Jerusalén durante la última semana carece de precedentes y ha colocado las relaciones personales entre el presidente Barack Obama y el primer ministro Binyamin Netanyahu en su punto más bajo.

El martes, poco después de que Israel aprobara la construcción de 1.600 viviendas para colonos judíos en el asentamiento de Ramat Shlomo, en Jerusalén Este, el vicepresidente Joe Biden y su esposa se presentaron con una hora y media de retraso a una cena privada con el matrimonio Netanyahu.

Ayer se supo que el retraso no fue aleatorio y que estuvo motivado por un conversación telefónica de Biden con Obama. El presidente no daba crédito al comportamiento de Netanyahu y se tomó el anuncio como un insulto personal. Estaba fuera de sí y fue Biden quien trató de calmarlo. "Si antes Obama nunca se había fiado totalmente de Netanyahu, ahora ya no le cree ni una palabra", comentaron fuentes diplomáticas norteamericanas.

Obama siguió con atención el desarrollo de la crisis e intervino personalmente en la misma porque se consideró como su primera víctima y sintió que la ofensa iba dirigida contra él más que contra Biden. "El presidente pensó en que Israel le había clavado a él un puñal en la espalda deliberadamente. Así no se comporta un aliado", dijeron las mismas fuentes.

El presidente estadounidense se ha tomado como un deber mejorar las relaciones con el mundo árabe y sabe que para conseguirlo es imprescindible resolver el conflicto palestino-israelí. Desde que entró en la Casa Blanca, en enero de 2009, se ha esforzado en este empeño, pero durante estos 14 meses ha chocado con una actitud hostil por parte de Netanyahu, quien no ha mostrado interés en colaborar.

Obama envió a Biden a Israel porque sabía que su vicepresidente y Netanyahu se han considerado "amigos" desde hace casi tres décadas. Confiaba en que Netanyahu le trataría bien y que Biden desbrozaría el camino para iniciar un proceso de paz con posibilidades, pero nada de eso ha ocurrido durante la visita.

Distanciamiento

Más bien al contrario, Netanyahu ha abierto una sima enorme con la Administración Obama. La semana que viene se celebrará una convención del partido Likud y Netanyahu está considerando presentar una propuesta anunciando la reanudación de las obras en los territorios ocupados a partir de septiembre. En realidad, tanto da una cosa como otra puesto que la "congelación" temporal que prometió en noviembre nunca ha existido.

En Washington, a mitad de semana, poco después del anuncio de las 1.600 viviendas, miembros del Senado y del Congreso entraron en contacto con la Casa Blanca y sugirieron al presidente iniciar en el Capitolio un "procedimiento de castigo" contra Israel. Y lo más insólito es que los congresistas y senadores que tomaron la iniciativa eran judíos. Tuvo que ser el propio Biden quien frenara su ímpetu.

Si Obama insiste en su voluntad de resolver el conflicto de Oriente Próximo será necesario que no se detenga ahora y que muestre con Netanyahu una actitud resuelta en todo momento. Y eso pasa por detener los planes expansionistas israelíes.