Jueves, 11 de Marzo de 2010

El Atlético se limita a encajar

Los rojiblancos, incapaces de marcar ante un duro Sporting que jugó con diez durante una hora (0-0)

ÁNGEL LUIS MENÉNDEZ ·11/03/2010 - 21:17h

EFE - El centrocampista del Atlético de Madrid José Antonio Reyes (d), lucha un balón con un jugador del Sporting de Lisboa.

El Atlético se ha endurecido a base de golpes, pero aún le falta flexibilidad para contraatacar y resolver los partidos a su favor. El estado de gracia en el que se ha instalado Reyes parece desatar los más bajos instintos de aquellos rivales con escaso repertorio futbolístico. Al andaluz le muelen a palos y, por contagio, sus compañeros son objeto de faltas exageradas. El Zaragoza lo hizo el domingo, y el Sporting de Lisboa insistió en el castigo.

Ni Reyes ni el Atlético se han arrugado en ningún caso. Tras encajar patadas escalofriantes, mamporros peligrosos y desagradables topetazos, les falta responder con fútbol y goles. Ayer jugó más de una hora frente a diez –tras la justa expulsión de Grimi– y nunca se creyó su superioridad.

Los únicos que, a ráfagas, escenificaron esa ventaja fueron Reyes y Agüero. El andaluz, veloz, omnipresente y sereno –le hicieron seis faltas, más de la mitad pitadas al equipo español y casi todas duras–, aguantó como un titán sin revolverse ni buscar venganza, actitud que le valió una roja en La Romareda.

La soledad del Kun

El Kun, cada día más solo, emite peligrosas señales de ansiedad. Su poderosa zancada y su capacidad para deshacerse de incontables defensas a base de regates, amagos y potencia siguen intactas. Sin embargo, la menguante figura de Forlán le empieza a cansar. Y, claro, decide hacerlo todo él. En el minuto 55 estuvo a punto de honrar la excelsa figura futbolística de su suegro, Maradona que, amodorrado al olor del gigantesco puro que fumaba, le observaba desde el palco.

Agüero le fracturó la cintura a Veloso, sentó a Polga y ya sobre la línea de fondo, buscó un hueco imposible entre el portero y el poste izquierdo mediante un prodigioso golpe de tobillo. Rui Patricio aguantó firme y el balón, tras rebotarle en el rostro, terminó en córner.

La fría noche del Manzanares engulló la pelota y las esperanzas rojiblancas. Salvio no se destapa, Reyes, desangrado a golpes, perdió fuelle y el Sporting de Lisboa, oscuro y con nueve jugadores desde el 88 por otra expulsión, cerró el empate.