Jueves, 11 de Marzo de 2010

"Se puede vivir con ello, pero es imposible recuperarse"

Las víctimas del 11-M luchan contra el olvido seis años después de los atentados más graves de la historia de España

IÑIGO ADURIZ ·11/03/2010 - 08:00h

De izquierda a derecha, Isabel Casanova, Pilar Manjón, María López y Mónica Sánchez, en el barrio de Santa Eugenia de Madrid.

El recuerdo de los mayores atentados que han sufrido los españoles sigue en la memoria colectiva. Ayer, como hace seis años, jugó el Real Madrid, y hoy, al igual que en 2004, es jueves 11 de marzo. Son simples coincidencias para muchos. Pero enormes baches en el camino hacia la recuperación para quienes recuerdan esas fechas con todo tipo de detalles, como Pilar, María, Isabel y Mónica. A todas ellas el 11-M, en el que fallecieron 192 personas, les cambió la vida. Las tres primeras perdieron a sus hijos en los trenes. La cuarta vio la cara a la muerte.

Las secuelas permanecen en cientos de heridos. Y una de ellas, la joven Laura Vega, sigue en estado vegetativo en un hospital madrileño sin que su salud registre ningún tipo de avance.

¿Pero puede alguien recuperarse de estas experiencias? ¿Se puede estar mejor seis años después de sufrir de cerca una tragedia de estas dimensiones provocada por el fanatismo yihadista? Pilar Manjón, cara visible de las miles de víctimas de los atentados y presidenta de la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo, cree que no. Su hijo Daniel falleció a los 21 años en el tren que explotó en El Pozo.

"Han pasado seis años, pero como las víctimas de otros atentados, no hemos podido hacer avances a la hora de asumir el duelo ni evitar pensar en los sueños rotos, porque es inevitable que siempre se nos venga ese día a la cabeza", afirma Manjón. "Mi vida ha cambiado en estos seis años, pero nunca va a mejor. Tengo días malos y peores, y ahí oscilo, pero bueno no tengo ninguno. Hace seis años que no suena la guitarra ni el cajón de mi hijo, ni sus risas. Su título universitario me lo han dado y en la la orla está su foto junto a sus compañeros, pero la imagen está parada en el tiempo".

Pilar conserva el mismo rostro compungido que en las primeras horas después del atentado. Desde 2004 ha concedido cientos de entrevistas, pero sigue sin poder contener la emoción cuando habla de Daniel.

Dos de las cuatro víctimas han conseguido al fin viajar en Cercanías

La derecha la considera su enemiga desde que se desmarcase del uso político de las víctimas del terrorismo promovido por el PP y, en especial, no entrase al trapo de las teorías conspiranóicas sobre la autoría del 11-M alimentadas por algunos medios. Los continuos ataques contra su persona hacen todavía más difícil la ya complicada superación de la pérdida de un hijo. Y siempre "por estas fechas", afirma, la ultra derecha vuelve a machacarle. Justamente la semana pasada, el correo electrónico de la asociación volvió a recibir un mensaje con imágenes de los cadáveres en la estación donde murió su hijo.

Otra madre, María López, ha permanecido durante este tiempo en un segundo plano, aunque no ha dejado ni un solo día de acudir a la asociación ni de acordarse de lo sucedido. Su historia es similar a la de Pilar. Su hijo Sergio falleció con sólo 17 años en uno de los trenes que tenían Atocha como destino. Se le ve más entera pero, una vez que comienza a recordar y a relatar su evolución de estos últimos años, no puede evitar emocionarse.

"Puedes aprender a convivir y a vivir con ello, pero es imposible recuperarse de algo así", apunta. "No puedes recuperarte de que un día te levantes por la mañana y te hayan asesinado vilmente a tu hijo", agrega. Como en el caso de Pilar, ella, que antes trabajaba en un comedor de un colegio en Fuenlabrada (Madrid), ha encontrado en la asociación una motivación para seguir adelante.

Afirman que uno de los obstáculos para recuperarse es "un periódico"

"Aunque ha pasado el tiempo yo no estoy nada mejor, porque llevo muchísimo tiempo sin abrazar a mi hijo y me estoy dando cuenta ahora de que no va a volver". Este testimonio es el de otra madre, Isabel Casanova, que también perdió a su hijo Jorge, de 22 años, en la estación de Santa Eugenia. "Hemos estado seis años muy entretenidos con juicios, con inventos de la teoría de la conspiración y no hemos podido elaborar el duelo. Y es verdad que cuando te quedas más tranquila empiezas a darte cuenta de lo que hay", reconoce.

Volver a vivir

Mónica Sánchez lo comprobó a los pocos segundos de que explotaran las bombas en Atocha. Ella viajaba en uno de los convoyes y tardó dos años en recuperarse de las heridas que le produjo la metralla. Tuvo las piernas quemadas, los pulmones encharcados, un hematoma en el cerebro y por culpa de los yihadistas perdió el bazo, la vesícula y un oído. El 11 de marzo de 2004 llevaba dos días sin fumar y estaba embarazada. Los terroristas acabaron con la vida del que iba a ser su hijo. Pero ella lo cuenta animada porque considera que ha vuelto a vivir.

"Después de seis años es posible vivir y seguir adelante, pero esto no se puede olvidar nunca. Yo tengo una nueva vida, pero está marcada. Soy una herida, estuve allí, vi, y tuve que pelear por salir. Si te quedas viva tienes que seguir. Cuesta mucho, porque un día estás arriba y otros días te vuelves a caer, pero hay que seguir", insiste sin perder la sonrisa.

Los trenes de Cercanías fueron el escenario de la tragedia. La imagen y el símbolo del atentado. Pero dos de las cuatro víctimas han conseguido viajar hasta Madrid en uno de estos trenes. Pilar, en cambio, no quiere ni siquiera hablar de ello. "Cuando cojo el AVE en la estación de Atocha, ni siquiera miro hacia la zona de Cercanías", indica.

En estos seis años, María sí ha conseguido hacer un único viaje. "El año pasado, el día 8 de marzo, cogí el tren sola. Estuve en Atocha en el andén, y después volví a coger otro tren de vuelta a mi ciudad, Fuenlabrada". No volverá a repetir la experiencia. No pudo evitar imaginarse el momento del atentado, ni pensar dónde se encontraba su hijo cuando explotaron los trenes. Isabel, que vive en Alcalá de Henares, va a Madrid en este medio de transporte desde que pasaron dos años del atentado. "No tengo otro remedio", confiesa.

La teoría de la conspiración

Todas ellas confiesan que la principal cortapisa para superar el daño moral y físico que causaron los atentados es "un periódico" ninguna se atreve a nombrar a El Mundo que, "siempre, que se acerca esta fecha comienza a cuestionar lo ocurrido, faltando al respeto de las víctimas y de los fallecidos y heridos el 11-M".

"He leido un artículo de un periodista al que le pegaron a altas horas de madrugada [se refiere a Herman Tertsch] que decía que un accidente de trenes fue el que hizo llegar al Gobierno al poder", recuerda indignada la propia Pilar. Ella insiste en que "ojalá nunca ese periodista sufra lo que es un atentado y no un accidente".

A María le molesta que "haya medios que aprovechen el 11-M y los días previos para sacar beneficio". Recuerda que "el año pasado fue la entrevista a [Jamal] Zougam uno de los condenados por el atentado en el juicio de 2007 a cuatro páginas" y que este año es "lo de la famosa cinta sobre la composición de los explosivos". "Es la actitud más cruel y vil que pueden mantener los periodistas", en su opinión.

"Necesitan dinero, necesitan vender, pero ya está todo dicho, y sólo queremos que nos dejen en paz", destaca Mónica. "¿Hasta cuándo ocurrirá esto?". Se lo pregunta María y asegura no obtener nunca respuesta. Sólo espera que el próximo año, por fin, el 11-M sirva únicamente para el recuerdo de las víctimas, y que se acaben las especulaciones.