Martes, 9 de Marzo de 2010

Al cobijo de los polideportivos

RUT VILAR ·09/03/2010 - 23:00h

Miles de conductores quedaron atrapados. - JOSÉ COLÓN

Un vasito de consomé de marca blanca, calentado en el microondas por un amable voluntario de Protección Civil, cuando nadie en la comarca tiene luz y tras 14 horas encerrado en un coche sitiado por la nieve, sabe a caldo de la abuela. Luego, incluso se agradece dormir sobre el suelo de un polideportivo como el de Platja dAro (con un generador propio de electricidad) junto a 80 desconocidos que no pueden regresar a casa por la borrasca y tratan de protegerse del frío y las goteras del pabellón con mantas de la Cruz Roja.

El temporal de viento y nieve hizo estragos el lunes en Girona y sus alrededores, dejando a miles de personas atrapadas en sus vehículos. Si un día cualquiera el trayecto entre la ciudad del Onyar y Barcelona se resuelve en hora y media, el lunes hubo quien tardó más de 24. Aun así, ni el cansancio logró anestesiar la rabia de los afectados. Sobre todo, por la falta de información.

Anunciado el temporal, el lunes por la mañana en las principales vías que conducen a Girona nada hacía prever la que se avecinaba. En el arcén de la AP-7, no había ni rastro de sal. A las 9, no se registraba ningún problema de tráfico. Pero hacia las 10.30, comenzó una nevada tremenda.

"¿Y por qué no cierran la entrada a la autopista?", era la queja común

En un abrir y cerrar de ojos, un palmo de nieve cubría las coquetas y resbaladizas callejuelas del Call. El viento hacía volar los paraguas. Empezaron los problemas, se acercaba la hora de comer y algunos conductores sufrían para sacar sus vehículos de los aparcamientos.

En la ciudad, los accesos a la AP-7 hacia Barcelona y la Jonquera estaban colapsados. Las áreas de servicio habían agotado las cadenas. A mediodía, las inclemencias meteorológicas ya hacían mella en el tráfico y se empezaron a encallar vehículos en la nieve. Aun así, nada ni nadie impedía a los conductores acceder a la autopista. Pero al llegar al peaje, las barreras estaban bajadas.

"La autopista está cerrada", confirmaba, tiritando de frío, un muchacho enfundado en un impermeable naranja chillón. "¿Y por qué no cierran la entrada a la autopista?", "¿dónde están los Mossos?", "¿qué hacemos ahora aquí parados sin poder ir ni hacia atrás ni hacia adelante?", preguntaban los conductores incrédulos. Alguien sacó la cadena que separa los dos sentidos de la vía y algunos decidieron dar la vuelta para regresar hacia Girona. Menuda trampa.

La N-2, una ratonera

Cruzados en medio de la carretera, varios camiones impedían el paso del resto de automóviles. Nadie circulaba. Habían comenzado los cortes de luz en Girona. Las gasolineras no servían combustible y los comercios cerraban. A las ocho, dejó de nevar. La radio informaba de que la AP-7 seguía cerrada por la caída a la vía de un poste de electricidad, que había miles de camioneros bloqueados en la Junquera; en principio, la N-2 marchaba bien. La realidad era otra: una ratonera con centenares de vehículos, utilitarios y de carga, encallados en la nieve.

A las nueve de la noche del lunes, ya era imposible hallar un hotel en Girona

Los servicios de emergencia tardaron horas en sacar a la gente de sus autos. De nuevo el lamento: "¿Por qué nos dejaron tomar esta ruta?". Al cabo de unas horas, los Mossos ya impedían la entrada a la N-2 dirección Barcelona. Hacia Figueres, más de lo mismo.

A las nueve, en Girona y sus aledaños ya era imposible encontrar una habitación de hotel libre. El Ayuntamiento decidió habilitar el polideportivo de Fontajau para acoger a los damnificados por la tormenta. Muchos, usuarios de Renfe. La comarca seguía sin luz y, en pocas horas, caería también el sistema de telefonía móvil.

En la zona de Calonge, Platja dAro, Santa Cristina dAro..., bomberos y Mossos dEsquadra calificaban la situación de "catastrófica", y decenas de árboles habían cedido por el peso de la nieve sobre sus copas y cortaban la carretera. También algunos postes eléctricos. Un peligro.

Cada vez más personas llegaban a los polideportivos municipales habilitados para alojar a los damnificados por el temporal, rescatados a cuentagotas por los cuerpos de seguridad. La comarca se despertó con sol, pero sin luz ni teléfono. Por Blanes circulaban vehículos del ejército.

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