Miércoles, 10 de Marzo de 2010

Lucian Freud, el pintor de la carne triste

El Pompidou rinde homenaje al cotizado artista británico

A. V. ·10/03/2010 - 00:10h

Lucian Freud en su estudio, lejos de la feria de las vanidades del mundo del arte.

Cuando Lucian Freud empieza un nuevo cuadro concentra todas sus energías en la causa. "Trabajo en él como si fuera la mejor obra que he pintado, como la mejor que nadie ha pintado nunca", confiesa Freud en uno de los vídeos de la gran exposición inaugurada ayer en el Centro Pompidou de París, que rinde homenaje al artista hasta el 19 de julio.

50 de sus creaciones más conocidas forman parte de esta retrospectiva, en la que sobresalen sus devastadores desnudos de gran formato. Su amigo Francis Bacon aseguraba que la desnudez del cuerpo humano le recordaba al escaparate de una carnicería. Los cuadros de Freud parecen la prueba definitiva de este parecido más que razonable. Sus desnudos son crudos y brutales, formados por cuerpos retorcidos y pieles ásperas de tonalidad mórbida. "Quiero que la pintura sea carne" es una de las grandes frases del pintor.

"Trabajo cada obra como si fuera la mejor que he pintado", ha dicho

Freud, un ermitaño de 87 años que huye de la feria de vanidades del mundo del arte, ha fundamentado su obra en la relación establecida entre esos cuerpos animales y el espacio físico de su estudio londinense, que ha convertido en escenario de todos sus retratos. "El efecto que producen dos individuos distintos en el espacio puede ser tan diferente como el efecto de una vela y el de una bombilla eléctrica", asegura Freud.

Cada vez que este obsesivo artista comienza a pintar un retrato, puede llegar a pasarse meses observando la luz que irradia su modelo sobre el lugar antes de dar la primera pincelada. Freud sólo retrata a amigos, familiares, amantes y colaboradores. Y jura que no sería capaz de hallar la profundidad de seres desconocidos. "Conocer algo de memoria permite adoptar más profundidad que ver nuevos lugares, por espléndidos e interesantes que puedan resultar", dice otra frase reproducida en las paredes de la exposición.

Por la puerta grande

La última vez que Freud expuso en París, todo terminó en el fracaso y la incomprensión. Corría el año 1987 y el pintor seguía siendo considerado un provocador nato, injustamente favorecido por ser nieto del inventor del psicoanálisis. Más de dos décadas más tarde, Freud vuelve por la puerta grande, convertido en el pintor contemporáneo más cotizado desde que hace unos meses el multimillonario ruso Roman Abramovich compró su celebérrimo retrato de una joven obesa recostada sobre el sofá Benefits supervisor sleeping (1995) por 25 millones de euros.

Freud visitó el Pompidou el pasado domingo de forma clandestina

Esta nueva exposición repasa todas las facetas del pintor, incluyendo un ciclo menos conocido formado por exteriores urbanos y sus cuadros inspirados en otros maestros de la pintura. Entre ellos, una copia del Déjeuner sur lherbe de Manet, aunque llevada una vez más a su terreno: los protagonistas aparecen sentados sobre el suelo de su estudio. Lucian Freud expone también la serie de retratos de personajes de la vida nocturna londinense que inició en los noventa, entre ellos la drag queen Divine y el performer Leigh Bowery.

La excepcionalidad que supone esta retrospectiva se confirma por la visita sorpresa y casi clandestina que Freud realizó al Pompidou el domingo pasado, saltándose su reclusión sistemática. Incluso apareció acompañado de algunos de sus familiares. Una leyenda urbana atribuye a Freud más de 40 hijos, la mayoría de ellos ilegítimos. La cifra ha sido recientemente rebajada por el asistente del pintor, David Dawson, a "sólo una quincena, aproximadamente".