Domingo, 7 de Marzo de 2010

Málaga, la exhumación que apoyó la derecha

Un informe revela matanzas indiscriminadas, tras analizar 2.838 cadáveres de la represión franquista en la fosa de San Rafael

RAÚL BOCANEGRA ·07/03/2010 - 00:52h

Trabajos en la fosa de San Rafael. - LAURA LEÓN

Les fusilaron a la entrada del cementerio y a pie de fosa. A ellos les traían de las cárceles, y a sus bebés e hijos, muertos de hambre y de metralla de las calles. Tras arrojarlos a las zanjas, pegados y amontonados para aprovechar el espacio, desparramaron cal viva y sepultaron bajo tierra los cadáveres. La lluvia, después, remató el trabajo, filtrándose hasta llegar a la cal, que hirvió y desfiguró las ropas, los rostros, la piel y los músculos.

El paso del tiempo, desde 1937, hizo el resto.De los 2.838 cadáveres recuperados en la fosa del cementerio de San Rafael (Málaga) -el mayor enterramiento común de la Guerra Civil y la posguerra excavado en España- aún se desconoce el sexo de 1.262, y sólo ha sido posible identificar con cierto grado de certeza a una persona. Se trata de Vicente Córdoba, un hombre de 1,57 metros de estatura. Fue asesinado con 37 años y trabajaba para un zapatero, según el informe final de la exhumación al que ha tenido acceso Público.

El estudio completa tres años de intenso trabajo archivístico, arqueológico y antropológico, promovido por la Asociación contra el Silencio y el Olvido de Málaga. La exhumación ha sido financiada con el apoyo del Gobierno, la Junta de Andalucía (gobernada por el PSOE) y el Ayuntamiento de Málaga (PP). Entre las tres instituciones, dividieron a partes iguales más de 500.000 euros.

Tan sólo una persona tiene ahora nombre y apellido: Vicente Córdoba

Es la primera vez que un alcalde conservador, Francisco de la Torre, que proviene de UCD, apoya, con gestos y con dinero, una exhumación como esta. "Se equivoca quien le quiere poner siglas a la memoria histórica. Tiene narices que la principal fosa se haya abierto en un consistorio del PP", sostuvo José María García Márquez, historiador, en unas recientes jornadas celebradas en Sevilla.

"Al principio venían a verme los de la asociación como con recelo y me miraban muy serios, y yo les decía: Tranquilos, que yo estoy aquí para ayudar a las familias, que yo soy muy joven", afirma Carolina España, portavoz del equipo municipal del PP en Málaga. "El mérito ha sido de la asociación, que no ha politizado el tema", dice la concejal.

Sus miembros han llevado el asunto con discreción y naturalidad. En 2002, representantes de las familias se plantaron en el ayuntamiento y trataron de llegar a acuerdos para evitar que se construyera un parque sobre el cementerio de San Rafael, cerrado desde 1987. Con la llegada del PSOE al Gobierno, en 2004, el panorama cambió. Bastó una reunión con la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, y De la Torre decidió exhumar primero y construir el parque, después. En octubre de 2006 comenzaron los trabajos.

Ovación

El acto final de conciliación se escenificó esta semana en el auditorio Pablo Picasso de Málaga, donde el alcalde y la consejera de Justicia andaluza, Begoña Álvarez (PSOE), se llevaron la ovación agradecida de las familias. Ambos llegaron a aplaudir, a instancias de un asistente, al juez Baltasar Garzón. "Sin odio y sin rencores, pero sin amnesia", resume Francisco Espinosa, artífice de la exhumación y ex presidente de la asociación.

La cal viva que desfiguró los cuerpos dificulta las identificaciones

"Estuvieron fusilando desde 1937 hasta la década de 1950", afirma José Galisteo, veterano sindicalista y vicepresidente de la asociación. El trabajo de archivo de Espinosa y sus colaboradores arrojó un listado con 4.471 nombres y apellidos. En las nueve fosas de San Rafael sólo hallaron 2.838 cadáveres. ¿Dónde está el resto? Espinosa inició una investigación para saber si los cuerpos acabaron en el Valle de los Caídos, pero la respuesta oficial fue que allí sólo llegaron una veintena de cadáveres desde Málaga. Queda la duda. "Dime ahora dónde están esos cuerpos. Muchos quedarán en sarcófagos u olvidados en viejos osarios", lamenta Galisteo.

La lectura del informe revela una radiografía de la represión franquista: se desató en febrero de 1937 tras la toma de la ciudad por las tropas rebeldes, lo que dio al traste con la revolución que controló Málaga tras el golpe del 18 de julio. En dos meses, entre febrero y marzo, según el informe oficial de la exhumación, los falangistas causaron 2.044 muertes. Hasta 406 personas cayeron bajo los fusiles fascistas en abril, y otras 171 en mayo. Hasta el mes de noviembre, hubo matanzas sostenidas (34 en septiembre y 114 en julio), cuando los fusilamientos se redujeron a cuatro.

Un arma de fuego produjo la muerte en la mayoría de casos, según el documento. También aparecieron cuerpos esporádicos con huellas de haber sido golpeados con objetos contundentes. Los esqueletos estaban ubicados de forma arbitraria. Los testimonios orales recabados hablaban de que los represaliados habían sido maniatados con alambres, pero estos sólo aparecieron en una de las nueve fosas. En el resto, se entiende que los ataron con cuerdas. Los arqueólogos hallaron medallas religiosas, alguna navaja, un dominó, zapatos, botones y balas de máuser y Parravicino-Carcano, el rifle del ejército italiano.

Lápices y peines

"Venían con recelo. Yo les decía: ‘Soy muy joven’", dice la portavoz del PP

Además de los 1.262 restos sin identificar, se ha determinado que 1.138 eran hombres, 349 niños y 89 mujeres, algunas embarazadas. "La represión franquista para ellas fue distinta. Quedaban marcadas. Eran la mujer de un rojo", dice Raquel Zugasti, historiadora. Los niños no muestran signos de violencia, por lo que los arqueólogos concluyen que se trataba de huérfanos, que murieron de hambre, por bombardeos o por la metralla.

La represión fue indiscriminada. El informe final identifica personas de toda condición social: militares, ferroviarios, campesinos, artesanos, párrocos, guardias civiles... En las zanjas también se encontraron gran cantidad de lápices y peines, lo que para los investigadores -dirigidos por Sebastián Fernández, decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga- denota cierto nivel cultural y de higiene de los detenidos.

En el Registro Civil de Málaga, desde el 7 de febrero de 1937, sólo consta, aparte del nombre del juez y el secretario, los nombres y apellidos de las víctimas, así como la causa de la muerte. Fallecían, generalmente, por "heridas por arma de fuego". "Encontrado en los alrededores del cementerio de San Rafael" era otra de las leyendas recurrentes. Es a partir de 1939 cuando se completa la inscripción con los datos adecuados.

"Sin odio y sin rencores, pero sin amnesia", sentencia Espinosa

¿Qué falta para completar la exhumación que ha logrado que el conservador De la Torre se ganara el respeto de las asociaciones de memoria, tan exigentes con la Administración? Más de 200 familias han dado ya su ADN para tratar de identificar a sus parientes, cotejándolo con el de los 2.838 restos. Las técnicas han mejorado, pero la cal viva que arrojaron los franquistas y los 70 años de enterramiento han deteriorado los restos. Los expertos advierten que serán muy difíciles las identificaciones.

En el parque, que cubrirá finalmente el cementerio, se ubicará un edificio en homenaje a los muertos. "El cubo", como lo llama la asociación y aún en proyecto, albergaría en diferentes cajas los huesos, los objetos personales, una ficha antropométrica de cada uno de los muertos... Todo esto permitiría a las familias comparar el ADN. Gobierno, Junta y Ayuntamiento se han comprometido a apoyar a los familiares en un eventual traslado de cuerpos. Será el fin de una exhumación ejemplar.

El rey, los honores y ‘el carnicerito’

“El dolor de las víctimas de Málaga es el dolor de todas las víctimas”, reza una nota que preparan varias asociaciones de memoria histórica. En el texto, le piden al rey que visite la fosa de San Rafael y que retire los honores a Carlos Arias-Navarro, marqués y grande de España. Este, que protagonizó como fiscal la represión en Málaga, es conocido como ‘el carnicerito’ por su crueldad. Arias, presidente del Gobierno en 1975, anunció, compungido, la muerte de Francisco Franco.

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