Viernes, 5 de Marzo de 2010

La mujer Lanvin, vestida de negro, oro y cobre conquista la ovación general en París

EFE ·05/03/2010 - 21:41h

EFE - Modelos desfilan con diseños de Issey Miyake de la colección Prêt-à-Porter para la próxima temporada invernal, durante su presentación en la Semana de la Moda de París (Francia).

Mujeres de negro, oro y cobre con Lanvin, amazonas y románticas con Galliano para Christian Dior, y multicolores, envueltas en volúmenes matemáticos, con Issey Miyake poblaron hoy algunas de las más sofisticadas pasarelas del Prêt-à-Porter para el otoño-invierno 2010-2011 de París.

El negro fue la tonalidad dominante en la colección del modisto israelí Alber Elbaz (1961) para Lanvin, aplaudidísima y ovacionada con raro entusiasmo por los miles de invitados convocados en el muy alejado del centro de París Halle Freyssinet.

La actriz Juliette Binoche, una de las estrellas presentes en el desfile, contempló atenta la propuesta de una mujer que sin tener nada de guerrera será desde luego fatal.

Obligatoriamente esbelta, encerrada en escuetos pero contundentes vestidos rectos, túnica, plisados, asimétricos y/o drapeados, el estilo invernal de Lanvin dará a las piernas, largas y delgadas, enorme visibilidad.

Salvo cuando queden ocultas por algunos de los raros pantalones presentados aquí, serán, en realidad, un elemento principal en cada conjunto, construido a menudo sobre botines o sandalias cerradas más allá del empeine, ocultando los tobillos.

Delicados abrigos de plumas blancas y negras, o rojas y negras, cortos hasta la rodilla, con o sin cinturón; plumas verde esmeralda para adornar el cuello de un pequeño vestido negro; laterales esmoquin bordados de pedrería; y plumas negras de avestruz para dar vuelo a la capa posterior de un minivestido, fueron algunas de las exquisitas notas Lanvin.

Junto con impecables abrigos de hombreras redondeadas, o simplemente prominentes; vestidos largos fluidos, hollywoodienses del siglo XXI, drapeados asimétricos y ajustados centímetro a centímetro por delante, formando por sorpresa una holgada capa por detrás.

Las joyas fueron a veces enormes, de rubíes rojos en forma de gran corazón sobre el pecho; o rectangulares de ámbar y marrón sobre un escote palabra de honor, portado todo siempre por mujeres con melena negra.

Nada que ver con las rubias cabelleras despeinadas que Galliano brindó a sus maniquíes, portadoras de largos vestidos de muselina y puntillas de colores muy dulces, azul cielo, rosa pálido, caramelo o melocotón; asimétricos, drapeados, adornados con pequeños volantes, y ante todo transparentes.

Para no ocultar las botas altas que sistemáticamente portará la clienta Dior el próximo invierno, de noche, o de día, entonces combinadas con pequeñas faldas evasé.

No en balde Galliano homenajeaba "al romanticismo de la burguesía rebelde de ayer y de hoy", a la audacia libertina de los poetas malditos del siglo XVIII.

En ausencia de transparencias, la mujer Dior será amazona, vestirá de tweed, con chaquetas ad hoc y grandes sombreros.

Issey Miyake miró a la ciencia para crear una colección a imagen de los "8 modelos de geometrización del universo" imaginados por el matemático William Thurston.

Como el científico, el equipo Miyake quiso partir "de modelos muy simples para profundizar su comprensión de formas complejas" camino de lo desconocido.

El resultado fueron mujeres vestidas de futuro, con pantalones y faldas negras brillantes, fluidas y acharoladas, de múltiples formas y volúmenes; con volúmenes multicolores, tricotados, anudados, enrollados o plegados, sobre el torso.

La densa jornada no terminó ahí ni mucho menos, entre otras grandes firmas, Vionnet, de la mano del modisto italiano Rodolfo Paglialunga, ofreció junto con una bella colección inspirada en parte en los Ballets Rusos una visita inesperada, al apartamento del poeta y artista Jean Cocteau (1889-1963) de la calle Montpensier.

La ocasión era única, pues su antiguo propietario vació el lugar hace tan sólo un mes y la semana que viene el nuevo propietario, un anónimo millonario ruso, tomará posesión del pequeño entresuelo donde Cocteau vivió durante dos décadas, con vistas a los jardines del Palais Royal, convertido hoy en verdadera mansión de dos pisos.

En ese ambiente, en busca de elegancia, sencillez y precisión Vionnet encontró también el color negro y el gris, algunos rojos, muchas pieles y puntillas, a veces bordadas para crear vestidos cortos transparentes, portados sobre enagua de seda azul cielo, beige y negro. Por ejemplo.