Jueves, 4 de Marzo de 2010

Así se vivió la ola gigante desde dentro del Louis Majesty

Primeras imágenes de la ola gigante que azotó el crucero, matando a dos de sus pasajeros e hiriendo a otros veinte

PÚBLICO.ES/EFE ·04/03/2010 - 18:33h

Un día después de que una ola gigante azotara al crucero Louis Majesty matando a dos de sus pasajeros e hiriendo a otros veinte, han salido publicadas las primeras imágenes del suceso en las que se puede ver el pánico entre los viajeros. 

Aún permanecen dos personas hospitalizadas en centros médicos barceloneses, mientras varios pasajeros rememoran las trágicas circunstancias que sufrieron el miércoles. Fuentes del Hospital del Vall d'Hebron han informado de que la mujer herida, de 64 años y nacionalidad extranjera, se encuentra ingresada en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) en estado muy grave.

El otro herido, un hombre de 59 años y también extranjero, está ingresado en urgencias del Hospital del Mar con politraumatismos, y se encuentra pendiente de evolución. Otros dos turistas del crucero ingresaron ayer en este centro sanitario pero fueron dados de alta poco después, tras ser tratados de heridas de carácter leve.

Muchos todavía están impresionados por el "pánico" que se vivió en el barco, que surcaba el mar a la altura de Begur (Girona) y se dirigía a Génova con 1.350 pasajeros y 580 miembros de la tripulación a bordo.

Según relatan, la ola tuvo una fuerza "muy violenta", rompió varias ventanas, que incluso llegaron a "explotar" y anegó de agua distintas estancias del crucero, lo que desató el "pánico" a bordo, ya que se vivieron escenas dramáticas, con niños buscando a sus padres y maridos a sus mujeres o viceversa.

El barco llegó ayer alrededor de las 20.35 horas a la capital catalana para evacuar a los heridos y fallecidos y, aunque tenía previsto zarpar esa misma noche hacia Génova, deberá permanecer hasta reparar los desperfectos, que no afectan ni a la estructura ni al sistema de navegación. Varios operarios se empleaban a fondo en la mañana del jueves para limpiar la proa de los escombros provocados por la furia del mar, especialmente cristales rotos.