Jueves, 4 de Marzo de 2010

Günter Grass protagoniza una de espías

Una editorial alemana publica las 700 páginas de informes, que la Stasi, la policía política de la RDA, acumuló durante 28 años de espionaje al escritor alemán

GUILLEM SANS MORA ·04/03/2010 - 08:00h

Günter Grass.

Günter Grass no tardó más de 24 horas en reaccionar a la construcción del Muro de Berlín. El 14 de agosto de 1961, sólo un día después de que obreros y soldados de la República Democrática Alemana (RDA) empezaran a separar físicamente el sector oriental de los tres occidentales, Grass escribió una airada carta de protesta a la escritora Anna Seghers, entonces presidenta de la Asociación de Escritores de la RDA. En esa carta, Grass llamaba "comandante de campo de concentración" al jefe del partido único oriental, Walter Ulbricht, quien pocas semanas antes había pronunciado la frase por la que hoy se le recuerda: "Nadie tiene intención de construir un Muro".

Pero la indignación de Grass no se quedó ahí. Dos días después, el 16 de agosto, el escritor firmó junto a su colega Wolf-dietrich Schnurre una carta abierta a dicha asociación de autores germano-orientales que incluía pasajes como este: "Los alambres de espino, las pistolas automáticas y los tanques no son los medios adecuados para hacer soportable la situación de la RDA a los ciudadanos. Sólo un Estado que ya no está seguro de la aceptación de sus ciudadanos intenta salvarse de esta manera".

"Vigilancia necesaria por provocación", reza en el primer informe

Evidentemente, todo esto no les hizo ninguna gracia a los gerifaltes del Politburó. Grass saboreaba entonces las mieles de la fama mundial, gracias al éxito arrollador de El tambor de hojalata, novela publicada en 1959 y traducida ya a numerosos idiomas. Por eso, tampoco la Stasi, la policía política de la RDA, tardó demasiado en reaccionar. "Vigilancia necesaria por provocación", rezaba en el apartado "observaciones sobre la persona" la "orden de búsqueda" del primer expediente que los espías orientales abrieron sobre Grass el 18 de agosto. Fue el principio de una observación permanente, que se prolongaría por un espacio de casi 30 años.

Con el escritor delante

El periodista Kai Schlüter, germanista de 53 años, ha analizado las 700 hojas del expediente de Grass en los archivos de la Stasi. Contando las menciones a Grass en otros expedientes, el nombre del escritor aparece en un total de 2.300 páginas. El resultado del trabajo de Schlüter se titula Günter Grass en el punto de mira. El expediente de la Stasi. El autor ha querido ofrecer a un público amplio un libro de lectura entretenida sin renunciar al rigor académico. Schlüter documenta uno por uno los informes sobre Grass, y los comenta con el propio Nobel alemán. La editorial Christoph Links sacará a la venta el volumen el próximo día 12.

A lo largo de todas esas décadas, Grass se expresó de forma crítica con la RDA

A día de hoy, la condena de la RDA como régimen autoritario es unánime, pero las cosas no estaban tan claras en 1961, y mucho menos para un escritor con simpatías políticas declaradas por la izquierda en general y la socialdemocracia en particular. En el oeste alemán, Grass fue un crítico despiadado de la era del canciller democristiano Konrad Ade-nauer, reticente a echar cuentas con el pasado nazi. El libro de Schlüter demuestra que tampoco se dejó hipnotizar por los cantos de sirena del régimen oriental. "A lo largo de todas esas décadas, Grass se expresó de forma crítica con la RDA. No se adaptó a su ideología ni coqueteó con ella. Al contrario, ayudó en reiteradas ocasiones a colegas de la RDA y defendió la idea de la unidad de la nación cultural alemana, por encima de los dos estados alemanes", resume el editor.

Con sus continuadas acciones de espionaje, la Stasi intentó reducir al mínimo la atención pública que suscitaba el personaje Günter Grass en el este y al mismo tiempo utilizarle como cebo para actuar contra el mundillo subterráneo de los disidentes de la RDA. Algunos de los informantes eran los propios editores germano-orientales de Grass. La conclusión clara del análisis de Schlüter es que los espías fracasaron estrepitosamente en su doble objetivo.

Poco después de la construcción del Muro, Grass trasladó su domicilio al elegante barrio de Grunewald, en el oeste de Berlín. A partir de entonces, sus visitas al este fueron continuas. Schlüter concluye que el escritor asumió el riesgo de que sus libros se prohibieran en la Alemania comunista. Multitud de anécdotas lo ilustran. En una de esas primeras visitas, aceptó la invitación a un congreso oficial de escritores de la RDA con la condición de que se le permitiera dirigirse a los congregados. El ministro de Cultura de la RDA, Hans Bentzien, elogió las cumbres de la cultura de la Alemania comunista y preguntó de forma retórica si había acaso artistas comparables en el oeste. Grass levantó la mano. Bentzien ignoró la educada petición de permiso para intervenir. El escritor se levantó, se dirigió a la tarima y consiguió que le dejaran hablar. Citó nombres como Robert Musil y Franz Kafka, cuyas obras estaban prohibidas en la RDA y espetó a Bentzien: "¡Ofrezca a sus lectores estas obras y se dará cuenta de que en Alemania occidental, en Francia y en Inglaterra hay escritores perfectamente comparables!".

La Stasi intentó reducir al mínimo la atención pública que suscitaba Grass

Boicot de pacotilla

La RDA estaba muy enfadada con Grass, no sólo por intervenciones como esa. En 1966, la Stasi intentó sin éxito boicotear en Berlín Oeste el estreno de Los plebeyos ensayan la rebelión, una obra de teatro con la que Grass alzaba la voz contra el brutal aplastamiento de la rebelión anticomunista del 17 de junio de 1956 y constataba el fracaso moral del gran Bertolt Brecht en su actitud con el régimen comunista.

Los espías redactaban informes sin parar, pero lo único que pudieron constatar es que Grass no se callaba la boca. Con algo de cinismo, se podría incluso agradecer a la Stasi su exhaustivo trabajo de documentación de toda una serie de encuentros entre escritores del este y el oeste entre 1974 y 1978. Hasta ahora apenas se tenía noticia de esas reuniones porque se celebraban en casas particulares y las invitaciones sólo se hacían llegar de boca a boca.

Los informes son comentados en el libro por el propio Nobel alemán

El 16 de junio de 1978, por ejemplo, Grass organizó en un piso privado una lectura de su novela El rodaballo para un grupo de médicos disidentes. La actuación de la Stasi sólo sirvió para que tres décadas más tarde tengamos una prueba más de la lucidez del intelectual alemán. En ese momento, Alemania occidental vivía una situación de pánico masivo por los asesinatos de los terroristas de la Fracción del Ejército Rojo (RAF), la extrema izquierda que encontró refugio en la RDA.

A propósito de esta situación, Grass comentó a los médicos que los conflictos entre el Estado y la sociedad aumentaban en las dos Alemanias. Del oeste, Grass criticó el "decreto de los radicales", que prohibía a sospechosos de extremismo izquierdista ejercer oficios públicos. A pesar de ello, "el sistema occidental es el mejor de los dos", concluyó Grass.

El libro de Schlüter documenta casos en que Grass ayudó a disidentes del este como el escritor Joachim Schädlich, que logró escapar a finales de los años setenta. Grass le acogió en su domicilio y logró que la editorial Rowohlt publicara uno de sus libros.

Un peligro para el Estado

En 1980, los jefes comunistas ya no podían más con Grass y le prohibieron viajar a la RDA con un decreto que señalaba que el escritor "incita a fuerzas negativas-enemigas en la RDA a realizar actividades que ponen en peligro el orden estatal socialista".

Pero la RDA no respetaba ni sus propios decretos. En los años siguientes, las autoridades hicieron la vista gorda en varias ocasiones cuando el "enemigo de Estado" solicitaba un visado. Sucedió en 1987, cuando Grass organizó lecturas públicas con ocasión de su 60 cumpleaños, y en 1989, poco antes de la caída del Muro, cuando visitó con su mujer Ute la isla de Rügen y la localidad de Hiddensee, en el Báltico. En esa última visita, el informante de la Stasi fue nada menos que el hermano de Joachim Schädlich, Karlheinz. El oficial de la Stasi que leyó ese informe apuntó a mano la última observación sobre Grass: "Interrupción de la información por falta de perspectiva".