Lunes, 1 de Marzo de 2010

Chile busca supervivientes del seísmo a contrarreloj

Reuters ·01/03/2010 - 20:55h

Los equipos de rescate seguían el lunes buscando supervivientes en las poblaciones devastadas por el terremoto y los tsunamis que golpearon el sur de Chile causando cientos de muertos, mientras los damnificados pedían ayuda a gritos y el Ejército vigilaba varias regiones por la ola de saqueos.

La industria minera, crucial para una de las economías más sólidas de América Latina, se sacudía el polvo y reanudaba las operaciones tras el terremoto de magnitud 8,8, uno de los mayores de la historia moderna.

El caos reinaba en las regiones del centro y el sur de Chile, donde decenas de miles de personas pasaron la segunda noche a la intemperie por temor a las réplicas, después de que el seísmo demoliera casas, derrumbara puentes y alterara sus vidas.

Las autoridades contabilizaban 723 muertos, pero la cifra parecía destinada a crecer con las noticias de los pueblos costeros arrasados por los tsunamis que siguieron al temblor. El Gobierno ha reconocido que el sistema de alerta de tsunamis falló.

Tan sólo en la localidad de Constitución, donde se registraron olas de 15 metros, se han notificado 350 muertos, según medios locales.

El Gobierno español ha anunciado el envío de un avión con material de emergencia, que despegaría posiblemente a última hora del lunes.

"La catástrofe es enorme (...) hay un número todavía yo diría creciente de personas desaparecidas", dijo presidenta, Michelle Bachelet, enfrentada a una dura prueba a pocos días de terminar su mandato.

Los damnificados de las zonas más golpeadas se quejaban de que la ayuda no está llegando con suficiente rapidez, mientras muchos saqueaban supermercados, tiendas y hogares.

"La ayuda del Gobierno ha sido lentísima, muy lenta. No tenemos agua ni luz; no hay nada. Los militares recién llegaron ayer y eso no alcanza para controlar la situación; los vecinos donde yo vivo se organizaron para defendernos porque están saqueando las casas", dijo Carolina Contreras, profesora de 36 años que vive cerca de la ciudad de Concepción.

Bachelet ha enviado unos 10.000 soldados hacia las regiones de Maule y Bío-Bío para impedir saqueos y facilitar la distribución de ayuda para dos millones de damnificados.

"Estamos tratando de llegar de todas las maneras posibles, no es por falta de movilización por falta de entusiasmo, por falta de ganas (que hay retrasos)", indicó la portavoz del Gobierno Pilar Armanet a los periodistas, asegurando que las comunicaciones estaban siendo muy difíciles.

El sistema financiero funcionó con normalidad. Aunque la bolsa caía el lunes un 1,8 por ciento, el peso cerró estable.

CAOS EN EL SUR

En Concepción, la segunda ciudad de Chile 500 kilómetros al sur de Santiago y una de las más golpeadas por el terremoto, miles de personas sin luz, agua ni alimentos saquearon tiendas. Algunos aprovecharon el caos para robar televisores e incluso lavadoras.

El Gobierno intentó controlar la situación imponiendo el toque de queda en la ciudad de 670.000 habitantes, algo que no ocurría desde la dictadura de Augusto Pinochet, y en la madrugada del domingo soldados patrullaban las calles desiertas y custodiaban los comercios.

Está previsto que se envíen unos 700 soldados más a Concepción para contener los desmanes.

"Desconozco cuánto se van a demorar en llegar las fuerzas de refuerzo pero hay que darle prioridad a eso. Hoy día la gente, más que agua, lo que pide es seguridad", dijo la alcaldesa de la ciudad, Jacqueline Van Rysselberge.

Cientos de personas sacaban combustible con baldes desde los tanques de reservas de una gasolinera, mientras pasaba un convoy de 20 camiones llenos de soldados que no hicieron nada para evitar el saqueo en una de las calles de Concepción.

"Estamos siendo atacados por una horda de gente de otra población y están llegando desde los cerros, necesitamos ayuda, están saqueando nuestras casas", dijo Priscila, habitante de Concepción, a una radio local.

"No es justo que estén haciendo esto, por favor carabineros, Armada, quienes sean, vengan a ayudarnos", añadió.

Un edificio de 15 pisos se ha derrumbado en esa ciudad y se calcula que 50 personas quedaron atrapadas entre los escombros. Los bomberos perforaban las paredes del edificio tras escuchar golpes, que dieron esperanzas de encontrar a más gente con vida.

El centro histórico de Talca, una ciudad de 180.000 habitantes a 250 kilómetros al sur de la capital, también quedó en ruinas.

"No tenemos agua ni nada. Nadie se ha aparecido a entregar ayuda. Se necesita más presencia policial para que se ordene esto. Hay mucha gente que está robando", dijo a Reuters Ana, de 78 años, mientras hacia cola delante de un supermercado.

DAÑOS INMENSOS

Los daños podrían costar a Chile hasta 30.000 millones de dólares, o casi el 15 por ciento de su Producto Interior Bruto, según Eqecat, una firma que ayuda a las aseguradoras a delinear modelos de riesgo.

En Santiago, menos castigada que otras ciudades, la vida iba regresando lentamente a la normalidad y la bolsa de valores tenía previsto operar el lunes.

Los primeros aviones comenzaron a aterrizar el domingo en el aeropuerto de la capital, también afectado por el quinto mayor terremoto de la historia del que se tenga registro desde 1900.

Allí aterrizará el martes la secretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton, que mantiene su plan de viajar esta semana a Chile pero recortó su estancia en Santiago.

El Gobierno dijo que una oficina de la Armada, encargada de alertar de posibles tsunamis, cometió un error de diagnóstico y no alertó a tiempo sobre un maremoto que arrasó decenas de pueblos costeros.

Las regiones de Maule, Bío-Bío, O'Higgins, Araucanía, Valparaíso y Metropolitana, que concentran un 80 por ciento de la población del país, fueron declaradas zona de desastre.

Chile está situado sobre una de las zonas más sísmicas del planeta.

Expertos del Servicio Geológico de Estados Unidos dijeron la solidez de sus construcciones evitó que el terremoto, el quinto más fuerte de que se tenga registro desde 1900, provocara aún más muertes, como ocurrió con el de enero en la capital de Haití.