Miércoles, 3 de Marzo de 2010

Pedofilia: Muchos detenidos, pocos encarcelados

Cada año hay más de 400 arrestados por pornografía infantil. Sólo 45 están en prisión

ÓSCAR LÓPEZ-FONSECA ·03/03/2010 - 06:00h

Imagen de archivo de agentes de la Brigada de Investigación Tecnológica (BIT) del Cuerpo Nacional de Policía. - Monica Patxot

Operación Lolita P Amor. Con este sugerente nombre, la Policía Nacional dio ayer un nuevo golpe a las redes de pornografía infantil en Internet. Más de 1.200.000 archivos intervenidos, 43 detenidos, 61 imputados y 95 registros... Una nueva ciberredada que sumar a las numerosas que se han producido en los últimos años y que en 2008 se saldaron con 439 personas detenidas por intercambiar imágenes pedófilas en webs P2P. El año 2009 se saldó con cifras muy similares, según apuntan desde el Ministerio del Interior, donde están a punto de cerrar sus estadísticas anuales.

No obstante, las cárceles españolas sólo acogían a finales del pasado mes de febrero a 45 reclusos acusados por el artículo 189 del Código Penal, el que recoge los delitos de pedofilia. ¿Por qué tanta diferencia? La clave está, precisamente, en el propio ordenamiento jurídico. Las penas por tenencia de pornografía infantil oscilan entre uno y dos años de cárcel. La distribución puede elevarlas a los cuatro años. Como la mayoría de los detenidos no cuenta con antecedentes, si la condena no supera los dos años, no ingresan en prisión, coinciden en explicar los expertos consultados.

"En estos delitos, como en todos los ilícitos que han encontrado un nuevo campo en Internet, hemos ido adaptando la normativa legal sobre la marcha. Aún hay que matizar muchas cosas". Quien habla así es el magistrado Miguel Ángel Gimeno, portavoz de la asociación Jueces para la Democracia, quien considera que la necesidad de hacer frente a los delitos de pornografía infantil y su expansión en la Red no tiene por qué traducirse en un aumento de las penas. "No se puede castigar del mismo modo al que sólo ve que al que somete a un menor a abusos sexuales. Hay que perfilar los tipos delictivos", añade, a la vez que se muestra abiertamente contrario a un endurecimiento.

Necesidad de penas suaves

En este mismo sentido se manifiesta el psiquiatra forense Luis Borrás: "Hay una diferencia abismal entre un pederasta (que abusa sexualmente de menores) y un pedófilo (que almacena o distribuye archivos de pornografía infantil)". Borrás apunta que este último "debe tener una cierta exculpación, ya que lucha contra un instinto que le incita a cometer abusos y, sin embargo, se contiene y no lo hace. Por ello, sus penas deben ser necesariamente más suaves".

El debate no es nuevo. El propio fiscal general del Estado, Cándido Conde Pumpido, tuvo que emitir en noviembre de 2006 una circular interna para aclarar las dudas que desde las diferentes fiscalías provinciales le planteaban sus subordinados sobre qué penas pedir en los juicios por pedofilia. La fiscalía de una audiencia provincial pretendía que cada acusado respondiera por tantos delitos como menores de edad hubiera en las imágenes que se le hubieran incautado. Conde Pumpido rechazó esta posibilidad y centró más el esfuerzo de los fiscales en la prevención, en evitar que un aumento del consumo derivase en un aumento de los abusos grabados para satisfacer la demanda.

Desde entonces, las memorias que anualmente presenta la fiscalía han dedicado parte de su espacio a los delitos de pedofilia y el espectacular auge de los casos descubiertos. En 2008, el ministerio público inició 791 diligencia previas por pornografía infantil, más del doble del año anterior. Para la Fiscalía de Barcelona, por ejemplo, suponen ya un 56% de las infracciones penales detectadas en Internet.

Un incremento que, curiosamente, no se traduce en reincidencias. "Muy pocos de los que detenemos en una operación vuelven a caer en otra". El inspector jefe Enrique Rodríguez habla desde la experiencia de dirigir la Sección Operativa Primera de la Brigada de Investigación Tecnológica (BIT) de la Policía Nacional, la que más pedófilos detiene cada año. Sólo en 2009 arrestaron a 268. "Para muchos de ellos es peor la pena social que la pena de cárcel", apunta el agente, que habla de "triple ruina" familiar, social y laboral de muchos de ellos. De hecho, en la brigada hay constancia de que siete de los detenidos en los últimos años terminaron suicidándose.

Precisamente, en foros en la Red, algunos de los detenidos por estos delitos describen esta sensación de hundimiento tras el arresto. Uno de ellos aseguraba recientemente en un chat: "Somos los leprosos de la Red. Los propios internautas nos rechazan sin opciones de presunción de inocencia".

De hecho, hay muchos que, al ser detenidos, no consideran que estuvieran cometiendo un delito. Otros se escudan en un lo hice sin querer que no convence ni a jueces ni a la policía. Hace poco más de un año, un tribunal condenó a un pedófilo pese a que no se encontró ningún vídeo ni imagen de pornografía infantil en su equipo informático. Bastó con que el disco duro delatase que los había tenido, aunque después borrase los archivos.

La policía también tiene claro lo que busca: "Nos hemos puesto un listón alto antes de detener a alguien. En esta última operación sólo hemos detenido a aquellos que se bajaron al menos diez archivos de pornografía infantil que, además, tenían nombres que claramente señalaban cuál era su contenido", apunta el inspector jefe Enrique Rodríguez. Este policía añade que, incluso, sólo consideran como imágenes pedófilas aquellas en las que los menores que aparecen aparentan tener menos de 13 años. "Si tenemos dudas sobre la edad, descartamos ese material y no lo llevamos al juez como prueba", destaca.

Sin terapias

El agente de la BIT asegura también que, una vez detenidos, muchos de los pedófilos les piden ayuda y recuerda el caso de un abogado al que le incautaron cerca de 500 CD y DVD con imágenes sexuales de menores. "Nos dijo que estaba deseando que lo detuviéramos para poder salir de ello". No obstante, este veterano policía admite que en casos como este lo único que pueden hacer es recomendarles que acudan a un psiquiatra.

Uno de ellos, Luis Borrás, cree que ni siquiera con ayuda especializada es fácil "luchar contra ese impulso que les hace sentirse atraídos por los menores". Este psiquiatra añade que "ni siquiera los tratamientos que combinan la terapia psicológica con la farmacológica, y que se suelen utilizar para disminuir la hipersexualidad que sufren, evitan las recaídas".

Mientras tanto, los 43 detenidos en la operación Lolita P Amor ya están en libertad. Como casi siempre, ninguno tenía antecedentes.

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