Miércoles, 3 de Marzo de 2010

Las familias reviven el dolor y la pérdida

La Audiencia de Barcelona juzga a Pedro Jiménez, acusado de vejar y asesinar a dos policías

L. DEL POZO ·03/03/2010 - 00:15h

Pedro Jiménez.

El dolor en todas sus expresiones es lo que se vivió ayer en la sala número uno de la Audiencia de Barcelona, donde estos días se está juzgando, por segunda vez en este caso, a Pedro Jiménez, acusado de vejar y asesinar en 2004 a Silvia y María Aurora, dos agentes de policía en prácticas.

"Era una chica alegre, con carácter y abierta cuando conocía a las personas", explicó a la fiscal la hermana de Aurora, María del Mar. No es la primera vez que tiene que testificar. En 2008, Jiménez fue condenado a 83 años de cárcel por el asesinato de ambas agentes, pero el Tribunal Supremo (TS), por una cuestión formal, estimó que el juicio tenía que volver a celebrarse, aunque esta vez con jurado popular.

"Está siendo horroroso para las familias", afirmó el lunes, primer día de juicio, la letrada de la acusación particular. 24 horas después y con toda la pena a cuestas, los familiares tuvieron que subir al estrado. "Llevábamos cuatro años de relación. Nos íbamos a casar", respondió a la fiscal Gonzalo, novio de Aurora. Sus frases eran cortas y costaba que su voz se expandiera por la sala.

En su defensa, Jiménez mantiene que las dos policías le "invitaron" a entrar en el piso y que ambas estaban relacionadas con la droga. Mar fue tajante: "En esa casa, no entraban más que la familia y los novios". Y ante la pregunta de la fiscal sobre si las víctimas podían dedicarse al tráfico de estupefacientes, la hermana de Aurora soltó: "Jamás". Alto y claro.

Sin apoyos

Dos hermanas de Pedro Jiménez también quisieron testificar. Montserrat, la única pariente que mantiene contacto con el acusado, afirmó que el día de autos Jiménez fue a su casa y muchas de las cosas que le explicó "no tenían sentido". Le pareció raro que su hermano contara que había pasado la noche con una chica argentina cuando, en realidad, estaba obligado a ir a pernoctar a un centro de acogida. Al final de su declaración, Montserrat inculpó al acusado: "No creo que lo haya hecho él solo". La defensa tuvo que reaccionar rápido: "Es sólo una hipótesis".

Al empresario con el que Jiménez se reunió unas horas después de los hechos también le pareció extraña la historia de la chica argentina, sobre todo "teniendo en cuenta sus antecedentes [por violación]". Ayer, la coartada de Jiménez empezó a desmoronarse.