Viernes, 26 de Febrero de 2010

ENFOQUE-Un frasco de píldoras para dejar la botella

Reuters ·26/02/2010 - 18:32h

Por Kate Kelland

¿Conoce a alguien que se ajuste a esta descripción? Darryl tiene 35 años, un trabajo estable, una casa y un buen matrimonio y se toma un par de cervezas frente a la televisión casi todas las noches. No tiene lo que la mayoría de las personas llamaría un problema con la bebida.

En Estados Unidos solamente existen alrededor de 36 millones de personas como Darryl, de acuerdo al Instituto Nacional de Abuso de Alcohol y Alcoholismo (NIAAA por su sigla en inglés), que creó el personaje, interpretado por un actor, con el fin de entrenar a los especialistas.

Darryl no hace mucho ejercicio, o al menos no el que debería, por eso tiene unos kilos de más. Con un promedio de cuatro bebidas por día, no llega a la categoría de alcohólico. Sin embargo, algunos expertos lo ven como un bebedor de alto riesgo y creen que podría sucumbir al "desorden del uso de alcohol".

Millones de personas en el mundo en desarrollo, que toman unas copas de vino al llegar del trabajo o ansían la llegada del fin de semana para beber unos tragos, podrían estar contribuyendo al agravamiento de un grave problema social y de salud.

¿Es posible fabricar una pastilla que los ayude?

Una reevaluación de la naturaleza de la adicción, particularmente al alcohol, está comenzando a atraer el interés de los grandes laboratorios.

Durante años, el problema generó escaso entusiasmo a la industria, que asumió que hallar una cura para el alcoholismo sería imposible e imaginó que los potenciales compradores de sus productos serían bebedores marginales, desempleados o presos, es decir, candidatos poco atractivos para el mercado.

Ahora, un cambio de actitudes en Occidente y los bajos costos del alcohol en los supermercados hicieron que el consumo excesivo se tornara un hecho normal, un fenómeno que también alcanzó a la clase media.

Frente a esto, algunos expertos predicen la llegada de una nueva generación de fármacos para ayudar a los bebedores diarios.

"El mercado potencial para estos medicamentos que podrían ser recetados a los alcohólicos funcionales es enorme", dijo Mark Willenbring, experto en adicciones y psiquiatra estadounidense.

Al igual que con el tratamiento para la depresión hace 30 años, sostuvo que la investigación del alcoholismo podría estar llegando a un "momento Prozac", que haría natural y hasta aceptable que los médicos receten una píldora para ayudar a las personas que están pasando por un mal momento.

Actualmente existen fármacos para tratar el alcoholismo, pero sus efectos varían ampliamente. A medida que aumenta el conocimiento científico acerca de los efectos del alcohol en el cerebro, lo mismo ocurre con el espectro de posibles tratamientos.

Datos de Thomson Pharma, una compañía de ThomsonReuters que controla a la industria farmacéutica, muestran que existen 24 fármacos en desarrollo para el alcoholismo, incluyendo 10 que se hallan en etapas intermedias de ensayos clínicos.

Como suele ocurrir cuando los laboratorios muestran un renovado interés por un tema preocupante, los críticos podrían acusar a las compañías de querer producir una "nueva enfermedad" para crear un mercado de medicamentos innecesarios.

Pero otros argumentan que el resultado de los ensayos podría rescatar a millones de personas cuyo consumo de alcohol representa un riesgo para su salud. Pero no sólo eso: también un fuerte gasto para sus sociedades.

El alcohol y sus consecuencias provocan 2,3 millones de muertes anuales en todo el mundo, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS). La cifra representa el 3,8 por ciento de todas las muertes, levemente por debajo de las provocadas por el sexo sin protección y por encima de la desnutrición entre las 10 principales causas de muerte.

Además de contribuir en muertes traumáticas y heridas en accidentes de tránsito, el alcohol está asociado con la enfermedad crónica del hígado, varios tipos de cáncer y enfermedad cardíaca, que por sí misma es la principal causa de muerte en hombres y mujeres del mundo industrializado.

Muchos expertos trazan un paralelo con la depresión, otra enfermedad compleja que hasta el lanzamiento de fármacos como el Prozac era tratada sólo en casos extremos.

De la misma manera, si los médicos estuvieran más dispuestos a tratar a los alcohólicos funcionales ofreciendo consejos, terapia y medicación, muchos bebedores en riesgo podrían evitar caer en una adicción destructiva y potencialmente mortal.