Domingo, 21 de Febrero de 2010

Moda inofensiva vs Ana Locking

El domingo Cibeles se parece más a una guardería fashion que a un evento profesional de moda

ALEX CARRASCO ·21/02/2010 - 19:42h

Los coloridos diseños de Ana Locking, en Cibeles. AFP

Una de las pocas cosas que conectan al certamen madrileño con el resto de pasarelas internacionales, es su apuesta por extender la moda a lo largo y ancho del fin de semana. Lo que debería acercar, al final tan sólo aleja: el domingo Cibeles se parece más a una guardería fashion que a un evento profesional de moda (ya sólo falta que la gente se traiga sus mascotas).

Quizás porque ayer era el día de la chiquillería, la dirección de Cibeles decidió dedicar la jornada a la moda sutil, femenina y, sobre todo, inofensiva. Las colecciones de Ailanto, Lydia Delgado y Kina Fernández pertenecen a ese gran universo de la moda -sobre todo española- donde todo es atractivo y apetecible, pero del todo inocuo y olvidadizo. Los elegantes placebos de este grupo de diseñadores pueden ser de aspecto retro y trasfondo gráfico (Ailanto), desidiosamente delicados y lenceros (Delgado), o de una impronta falsamente roquera (Fernández).

Aunque cercana a esta moda lúdica, Miriam Ocariz conoce los trucos para evitar la indiferencia, gracias a unos cortes siempre arquitectónicos, que generan unos complejos contrastes formales, y una impecable paleta cromática, que para el próximo invierno estará enmarcada por tonos plomizos, pero reavivada gracias a la inserción selectiva de brillos dorados, rojo vino y violeta.

Tal y como se presentaba la jornada, con un poco de creatividad e imaginación, cualquiera podría haberse llevado el gato de la comunicación al agua del éxito mediático. Pero sería injusto decir que éste ha sido el caso de Ana Locking, porque su colección hubiese sobresalido incluso en el mejor día de la Pasarela Cibeles. "He querido plasmar la espontaneidad de la creación, jugando con recursos estéticos muy fuertes y evidentes, y con otros más suaves y sutiles", comentaba la diseñadora en su backstage pocas horas antes de su desfile.

Bajo esta premisa, su colección fue una dualidad absoluta que se movió entre una sastrería descompuesta en patchworks geométricos y sobredimensiones, y otra más fluida, realizada en seda y estampada con una técnica cercana a los drippings abstractos del artista Damien Hirst. Mención especial para su línea de joyería efímera realizada en cera, "me encanta diseñar joyas, pero no tengo dinero para hacerlo, a través de esta técnica consigo un producto que es al mismo tiempo conceptual y estético", explica Ana. Para que luego digan que el hambre no agudiza el ingenio.

José Castro cierra esta crónica, pero abrió la jornada. Un domingo a las diez y media de la mañana lo único que garantiza es un vacío absoluto. Por suerte el diseñador supo llenar con sus propuestas futuristas la desolación de sus gradas. La más evidente parte galvanizada de su colección no ofreció ideas nuevas, no así su línea de punto oversize con formas saco.