Martes, 18 de Diciembre de 2007

Los puntos negros de la red eléctrica

El verano pasado, un temporal de viento derribó más de veinte torres de alta tensión en Toledo. Inutilizó la línea que lleva hasta Madrid la energía que genera la central nuclear de Almaraz (Cáceres) y puso en riesgo el suministro de la zona centro. Por suerte, fue en agosto, con la demanda en mínimos. La electricidad se recondujo con una línea provisional que funcionó hasta finales de noviembre.

ANTONIO MUÑOZ VÉLEZ ·18/12/2007 - 22:42h

Menos conocido que la reciente parada (aún no aclarada) de 7.000 megavatios térmicos, que obligó a cortar la luz a los clientes interrumpibles (200 empresas que pagan menos por aceptar cortes en caso de emergencia), el episodio es otra prueba de la fragilidad de la red española. Más aún en estas fechas donde la demanda de energía bate récord por el frío. El pasado lunes, la demanda registró un nuevo máximo de 45.450 megavatios (MW)un 4% más que el anterior récord del 27 de enero de 2005.

En el tapete del sector eléctrico conviven un bien de primera necesidad, la luz, y los intereses, muchas veces opuestos, de empresas (que se deben a los accionistas), Gobierno (que fija las inversiones y también los precios de momento) y consumidores. Pocos discuten, tras el colosal apagón del pasado verano en Barcelona , que al sistema se le ven las costuras, pese a que aguanta los arreones de la demanda: la media de horas sin luz por año (el llamado Tiepi) fue de 1,88 en 2006, frente a las 6,67 horas de 1990.

Estas son, según expertos, empresas y Gobierno, las principales carencias de la red española:

Infraestructuras obsoletas

El caos de Barcelona se inició al caer un cable de Endesa sobre una subestación de Red Eléctrica de España (REE). Ambas sabían que ese tendido sobrevolaba la instalación y no lo corrigieron. Tampoco era ilegal. En los más de 55.200 kilómetros de la red española de transporte y distribución, hay 54 cables sobre subestaciones a cielo abierto. El Ministerio de Industria ha instado a las eléctricas a eliminarlos y prepara una norma que lo prohibirá.España también tiene centrales obsoletas: unos 9.000 MW. Y hay solicitudes para instalar unos 70.000 MW.

Distribución

REE dice que su red es mallada, esto es, que tiene un plan B para transportar la energía en caso de caída. Con la distribución (que lleva la luz desde la subestación hasta el cliente) no pasa igual. Las propias eléctricas admiten deficiencias, sobre todo, en Barcelona, Valencia y Madrid. La distribución ha sido el tradicional patito feo del negocio eléctrico, por una retribución baja que ha frenado la inversión. Industria acaba de actualizarla, pero los resultados tardarán en llegar, dada la lentitud que distingue a este tipo de proyectos.

Desequilibrios

REE, empresa semipública dueña de la red de alta tensión y encargada de gestionar la oferta y la demanda de electricidad (un equilibrio siempre frágil), recuerda en un reciente informe "la vulnerabilidad del sistema" cuando hay "altas tasas de indisponibilidad": por falta de viento (con la energía eólica fuera de juego), porque la reserva hidráulica esté en mínimos o porque haya plantas nucleares y térmicas paradas. El caso se agrava con la elevada potencia renovable que no puede gestionarse (el sol y el viento son caprichosos) y la fuerte dependencia del agua en un país seco.

Red Eléctrica Española reconoce "desequilibrios entre generación y demanda", pero dice que éstos "se soslayan". El margen de cobertura (la potencia instalada que sobra, descontada la que no está disponible) es de algo menos del 10%, y aunque es mejor que en 2001, cuando no existía, hay que ampliarlo. El problema es que la demanda crece desde hace años a una media del 4% (frente al 1,4% de la UE) y la inversión en transporte y generación no despega.

Muchas veces, no lo hace por el rechazo social a nuevas infraestructuras. Una fuente del sector lo explica así: "Un ciudadano compra en un sólo día una bomba de frío y calor, un reproductor de dvd y un horno. Así crece la demanda; pero en hacer una nueva central se tardan años".

Sin interconexiones

España es una isla que cuelga del resto del sistema eléctrico europeo y eso, según Red Eléctrica, es "una carencia enorme", el gran punto negro del sistema. La nula interconexión con Francia impide aprovechar la energía del país vecino (con un gran parque nuclear) o, al revés, evacuar la que sobra en España en casos puntuales (días de mucho viento, por ejemplo), para evitar que la red se colapse por exceso de tensión. El problema es que estas infraestructuras generan rechazo.

Problemas regulatorios

El mayor problema del sector es el déficit de tarifa: una hipoteca de más de 10.000 millones de euros que se genera al no recoger el precio los costes de generar electricidad y que se pagará en los próximos años. No se resolverá sin subir la luz: la patronal Unesa habla de un 28%. Sólo para eliminar el de este año (800 millones) sería necesaria un alza del 6%. Pero el Gobierno no está por la labor, de momento, de afrontar subidas mayores al IPC. A ese agujero normativo, que fomenta el derroche de energía, se suman otros, como la reciente reforma del mercado de restricciones técnicas: centrales de tecnologías caras que reciben dinero extra por estar disponibles en caso de fuerte demanda. O el choque entre Industria y las eléctricas por los derechos de CO2 que éstas cobraron indebidamente, según el ministerio.El Congreso votará mañana una norma que trata de corregir esta anomalía, que supondrá descontar 1.200 millones de euros a los ingresos del sector.