Domingo, 7 de Febrero de 2010

"El sueño de entrar en la UE es imposible"

Los ucranianos piden salarios dignos y menos burocracia

ERNESTO SAMBORA ·07/02/2010 - 08:00h

Concentración de partidarios de Yulia Timoshenko, ayer, en Kiev.

Papá, papá, ¿qué son estos falsificadores de los que habla la tele?". "Los que no votamos a Yulia [Timoshenko], hijo mío". Este es el chiste con el que abre la revista satírica ucraniana Korespondient, que refleja la sensación que tienen, tras una tensa campaña electoral, muchos ucranianos.

En un vagón de metro abarrotado, en dirección al centro de Kíev desde el extrarradio, Dima, un joven programador de 25 años, explica que desde que la crisis eclosionara en el país, en los vagones del suburbano se han multiplicado por diez los anuncios, diminutos papeles pegados con celo en las puertas y ventanas, que ofrecen teletrabajo. Dima trabaja "en negro", como "todos en este país", y va a votar por Víktor Yanukóvich, pese a su turbio pasado y su nulo magnetismo personal. Timoshenko ya "nos ha demostrado lo que vale", dice. Al salir del vagón, Dima se pone serio. "No entiendo por qué siempre ponemos a un freak al frente de nuestro Gobierno". Me río, pero no era un chiste.

Acercamiento a Rusia

En los pasillos del metro, las ancianas que venden los productos recolectados en sus dachas (casas de campo), comparten lugar con comerciantes de lo más variopinto.

Entre el ir y venir de gente en los pasillos, muy animados este fin de semana pese a que los 5 grados en el interior no permiten quitarse el gorro, guantes, bufanda y abrigo, Tanya, una funcionaria de Kíev, se detiene a hablar. Votará por Timoshenko y confía en que "pueda mejorar las relaciones con Rusia"; al fin y al cabo, "somos como hermanos".

La mejora de las infraestructuras energéticas del país depende de Rusia

Este es un tema fundamental para los ucranianos y es lo que explica "el rotundo fracaso" del actual presidente, Víktor Yúschenko.

En un restaurante bistro (comida rápida rusky style) Lili celebra su 20 cumpleaños junto a sus padres y su mejor amiga. Es la primera vez que puede votar, lo hará, pero en blanco: "Los dos son lo mismo". Sus padres no piensan votar, mientras que la amiga de Lili, Margarita, también de 20 años, votará por Timoshenko: "Ella no me gusta, pero él es un impresentable".

Dimitry, un rockero de pelo largo y perilla cuidada, espera a su novia con una rosa roja en la mano en la céntrica plaza Maidan, a 13 grados bajo cero. Votará por Yanukóvich, aunque confiesa que sin "mucha alegría". Él le pide al nuevo Ejecutivo "un mejor salario" y, sobre todo, que se "elimine la burocracia para los negocios."

"Hay que centrarse en la economía, no en la política", dice un matrimonio

Dimitry y su padre intentaron abrir una tienda de muebles, pero se rindieron ante la maquinaria burocrática, que en este país se divide en dos: "la local controlada por Yanukóvich y la nacional controlada por el Gobierno central". Para abrir un negocio, explica Dimitry, hay que pasar y sobornar hasta por cinco agencias estatales, que se superponen peleándose por las competencias.

"Historia difícil y sangrienta"

También votará por Yanukóvich Nikolay Borishov, un jubilado de 71 años que desea que el nuevo Gobierno dé "un giro hacia Rusia. Tenemos una historia difícil, sangrienta, pero ahora es ahora", dice mientras me mira, con un solo ojo, azul, abierto, firme y seguro de sí mismo. Para salir de la crisis, Nikolay apuesta "por mejorar las infraestructuras energéticas de la mano de Rusia" y, lo primero, "acabar con la corrupción".

Kíev está de fin de semana, la nieve se amontona en los arcenes y caminar es de todo menos sencillo. En el parque Bladimirskaya, desde el que se divisa toda la ciudad y el río Dineper, totalmente congelado (y sobre el cual la gente patina en esta soleada mañana), tres jóvenes que salen de un oficio religioso, Aliona, Marina y Valentin, están deseando hablar en inglés, porque no me dejan hablar en ruso.

Ellos confían en que en "unos 25 años, Ucrania y Rusia vuelvan a ser una nación", ya que el sueño de Timoshenko de entrar en la UE "es imposible".

Luzmila y Andrey, un matrimonio de 50 años, nos escuchan e intervienen sin miedo en la conversación. Andrey asegura que "hay que renacionalizar las empresas", controlar los precios y centrarse en la economía. "Ya está bien de tanta política".

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