Domingo, 7 de Febrero de 2010

Un botón evita que el agresor tire la puerta abajo

El servicio de teleasistencia móvil de Cruz Roja atiende a 7.000 maltratadas

MAGDA BANDERA ·07/02/2010 - 08:00h

reyes sedano - El centro de coordinación de teleasistencia de Cruz Roja recibió tres llamadas de alarma durante la mañana del viernes.

Son las 12.35 horas del viernes. Falta poco para almorzar y Rosario nombre ficticio espera a su hijo. Pero quien llama al telefonillo es su ex marido. Desde la calle, su maltratador le exige a voces que abra la puerta. Quiere subir y quiere matarla, grita una y otra vez. Y Rosario se lo repite, nerviosa, a una operadora de Cruz Roja. Es la primera vez que llama para pedir ayuda al servicio de teleasistencia móvil (TAM) para víctimas de violencia de género.

Desde hace un mes, Rosario vive pegada a un terminal GPS, un aparato con aspecto de móvil con un botón central marcado con la palabra SOS. El viernes comprobó que al pulsarlo se activa una alarma y en menos de 15 segundos alguien responde a su llamada.

Al pulsar el SOS, se activa un mapa que indica el lugar donde está la mujer

A partir de ese momento, se abren automáticamente varias ventanas en la pantalla de la operadora. En una de ellas, se leen los datos de Rosario. En otra, los de su agresor. Una tercera, más grande, muestra un mapa de localización que señala el lugar exacto donde se halla la mujer. "En cuanto intuimos que existe el menor riesgo, comunicamos su posición a la policía", explica una de las responsables del programa. El viernes, tardó cuatro minutos en llegar al portal de Rosario y detener a su agresor, que tiene en vigor una orden de alejamiento y la prohibición de comunicarse con su ex mujer.

Autoprotección

Durante esas esperas, las teleoperadoras combinan varias conversaciones. Por un lado, dan indicaciones a la policía y, por otro, intentan saber en todo momento qué está sucediéndole a la mujer. También le ofrecen pautas para que se proteja. "Les decimos que se metan en una habitación y que la atranquen con muebles, porque a veces los agresores consiguen derribar las puertas. Les aconsejamos que eviten la cocina y el baño, donde hay demasiadas cosas peligrosas y materiales muy duros en caso de darse un golpe", explica la supervisora del servicio.

El 75% de los ataques tiene lugar en el domicilio o aledaños

Rosario sigue todas esas recomendaciones hechas con voz pausada para infundirle calma. La necesita. No se le va de la cabeza que su hijo está a punto de llegar y teme que se enfrente a su ex marido.

Cuando ese miedo se instala, es muy difícil sacudírselo. Dos horas antes, una mujer había pulsado el botón de alarma para pedir que estuvieran pendientes de ella. El viernes, debía enfrentarse a su ex pareja en los juzgados y le angustiaba pensar que él enfurecería si las cosas no salían como esperaba. "Los juicios son uno de los momentos más críticos", asegura la supervisora.

La mayoría de las agresiones sufridas por las mujeres con orden de protección atendidas por Cruz Roja tienen como escenario el domicilio de la víctima (54%), su portal (8%) o los aledaños (13%). Justo el lugar en el que muchas de ellas viven recluidas por miedo a ser agredidas al salir a la calle, donde se produce el 21% de los ataques.

Interpretar señales

El GPS ofrece a menudo más información sobre la actuación de las mujeres que ellas mismas. Un indicador de la pantalla registra la velocidad a la que se desplazan, si están quietas o corriendo. Esta herramienta es muy útil cuando no pueden comunicarse con la operadora por motivos diversos, como tener que esconder el terminal dentro del bolso. "A veces se cortan las llamadas o se hace un silencio repentino. Entonces tenemos que agudizar el oído para intentar saber qué está ocurriendo y poder informar a la policía".

A veces se bloquean al recibir el móvil porque entienden que están en peligro

Por desgracia, a menudo el fin de la conversación se debe a que el agresor ha arrancado el terminal de las manos de la víctima y lo ha lanzado lejos de su alcance. "En los casos más peligrosos, la teleasistencia es sólo una medida de apoyo más", insisten desde Cruz Roja. El pasado enero, fueron agredidas 11 mujeres de las 7.000 que atienden en la zona norte del país. El servicio de TAM en la parte sur está gestionado por EULEN Servicios Sociosanitarios. Ambos dependen del Ministerio de Igualdad.

El problema de la cobertura de los terminales es cada vez menor y apenas si se produce en algunas zonas rurales. "Pero hay que alargar la vida de las baterías y aumentar las medidas de seguridad para evitar que se estropeen", explica una de las responsables de Cruz Roja, que recuerda a una usuaria cuyos hijos le han roto el aparato en varias ocasiones. También el caso de una mujer que no podía cargar la batería porque no tenía hogar.

Bloqueo inicial

Cada mujer es un mundo y no todas se encuentran en la misma fase de maltrato. Algunas se bloquean los primeros días de recibir el TAM e incluso se angustian más. Es como si, de repente, tomaran conciencia de la gravedad de su problema, una situación a la que se habían acostumbrado. "Es que me enfrento demasiado a él" o "las cosas son así" son frases que las operadoras escuchan a menudo al otro lado del móvil.

"A veces tememos sobreprotegerlas cuando nos llaman para que les ayudemos con cosas que no tienen que ver con la amenaza que sufren, como por ejemplo pedir asistencia médica normal", admite la responsable del servicio. "También nos hemos planteado si debemos felicitarlas por su cumpleaños. A menudo, aprovechamos ese día para hacerles una llamada de seguimiento", cuenta.

Al recibirla, muchas se echan a llorar porque llevan años sin que nadie se acuerde de esa fecha. Otras, en cambio, prefieren no recibirla. Quieren que su relación con el servicio, que representa la parte más difícil de sus vidas, sea la menor posible.

Por ello, el día en que contactan con el centro de coordinación de Cruz Roja para decir que desean prescindir del terminal suelen emocionarse. "Nos cuentan que han rehecho sus vidas, que han encontrado un trabajo o que, simplemente, se sienten seguras y ya no lo necesitan", explican las operadoras. Ese momento suele tardar entre uno y dos años, en los que a menudo dicen no sentirse solas gracias a que duermen con el TAM en el lado vacío de la cama.

Noticias Relacionadas