Lunes, 1 de Febrero de 2010

La nueva vida del corazón muerto

De cómo el espíritu del Gran Hermano ha acabado devorando el corazón para terminar degenerando en un transgénero zombi más allá del mal. La crónica rosa televisiva ha dejado atrás el periodismo para convertirse en un nuevo formato de telerrealidad

ROBERTO ENRÍQUEZ ·01/02/2010 - 07:40h

Cuando hace apenas un año, Paolo Vasile aseguró en una entrevista que el corazón agresivo había muerto en Telecinco no le creímos. Hicimos mal. Porque el certificado de defunción que firmaba Vasile no solo se correspondía con lo que veríamos en el futuro inmediato, sino que anunciaba algo aun más categórico, sin adjetivación ni marcas registradas: en televisión, el corazón ha muerto. Como órgano generador de buenos sentimientos, y como género televisivo. A lo largo de estos últimos meses hemos asistido a la desaparición del formato corazonero (más cardiaco que cordial) de las parrillas de las dos cadenas que más apostaron por él -Antena 3 y Telecinco- y su transformación en un producto que poco tiene que ver con la crónica social nacida en los periódicos, las revistas especializadas o los corrillos radiofónicos de cotillas profesionales. En televisión, el corazón ha muerto: ahora todo es Gran Hermano.

Aunque la cadena pública todavía conserve un programa diario de crónica social amable Corazón de..., o incluya en su magazine matinal una sección blanca de seguimiento de celebridades, aunque algunas televisiones autonómicas también hagan lo propio, lo cierto es que tanto Telecinco como Antena 3 han optado por darle un giro a su tratamiento de lo rosa (oscuro) para transformarlo en pura telerrealidad con todos los elementos propios de un género donde el espectador no consigue dilucidar dónde se encuentra el límite entre la realidad y la ficción, entre la verdad y la simulación, las personas y los personajes. No se trata de neorrealismo televisivo como definió Jorge Javier Vázquez su programa, Sálvame, sino de pura telerrealidad, con dosis diarias de vida en directo y galas semanales donde solo puede quedar uno; DEC (Dónde estás corazón) o Sálvame Deluxe (que, por su horario, debería pasar a denominarse Late Sálvame Deluxe y optar también por las siglas: LSD), , donde los datos de audiencia del día siguiente funcionan como las votaciones del público a través de sus teléfonos para salvar a uno u otro concursante. En este reality, el zapping es el nuevo SMS.

Vasile tenía razón. En televisión, el corazón ha muerto: ahora todo es Gran Hermano.

Antena 3 cuenta con dos programas diarios donde el seguimiento diario de la casa en directo de las celebridades, bien sea a través de imágenes de agencia o de su aparición en las revistas del colorín, ocupa un espacio importante: la alfombra roja del Espejo Público matinal y el vespertino Tal cual lo contamos. En ambos, las celebridades alternan con los cronistas profesionales y se ofrecen píldoras diarias de los asuntos que se van cebando hasta convertirse en platos fuertes de la gala semanal de la cadena: DEC. Los famosos se trabajan el día a día con dimes y diretes gratuitos que, bien gestionados, pueden acabar por reportarles una entrevista de pago en el programa del viernes.

Telecinco, que siempre ha tenido mejor suerte con los realities y es pionera en estos lances, cuenta con una plataforma diaria similar a la de su competidora -El programa de AR y Sálvame- que no solo funciona como ese ojo que todo lo ve, sino que además tiene la capacidad de generar contenidos propios a través de sus colaboradores (Belén Esteban, sus conflictos y su reciente cirugía plástica, o Karmele Marchante y sus aspiraciones eurovisivas son dos excelentes ejemplos).

Sálvame el programa diario que presenta Jorge Javier Vázquez y copresenta Belén Esteban ha sido, sin duda, la gran revelación de la temporada. Un programa que empezó como debate semanal golfo de apoyo a las galas semanales de la última edición del reality Supervivientes, con un bajísimo presupuesto y colaboradores de saldo, salidos bajo las ruinas del derruido imperio del corazón de Telecinco (supervivientes, literales, del A tu lado, TNT, Crónicas Marcianas y otros defenestrados ejemplos de ese corazón agresivo que tan buen resultado le dio a la cadena). Fue tal el inesperado éxito del Sálvame semanal y trasnochador que Telecinco decidió trasladarlo a las tardes de diario y ver si lograba recuperar la audiencia perdida de la sobremesa tras la súbita muerte del Tomate, a la que siguieron los sucesivos batacazos de programas como Está pasando, Las gafas de Angelino, ¿Xq no te callas? o mudanzas de productos asentados como Escenas de matrimonio o Cámera Café.

Y Sálvame triunfó. Y hasta consiguió el Ondas a mejor presentador para Jorge Javier Vázquez, "por renovar con brillantez y sentido del humor el rol de presentador en un género controvertido", tal y como aseguró el jurado del premio que otorga el grupo Prisa, pocas semanas antes de que se conociera la adquisición de Cuatro por parte de Telecinco. El mismo grupo Prisa que editó durante casi un año la revista semanal de corazón, Gente, fulminada bajo el argumento de que "en Prisa no se hace corazón... y punto".

Hay algo más allá de nuestro natural cotilla, del gusto por el morbo y por el espectáculo

Más allá de arqueologías, tendencias y mecanismos, no estaría de más tratar de analizar qué clase de contenidos ofrece esta telerrealidad visceral, capaz de congregar a millones de espectadores frente al televisor, e intentar entender el éxito de un tipo de televisión que, pese a saber reinventarse tras una etapa de decadencia, conserva las esencias ideológicas de un género que se mantiene fiel a los argumentos más manidos de cierta ficción decimonónica y sus novelas moralizantes. ¿De qué hablamos cuando hablamos de ese difunto corazón? Hablan de sexo (adúltero, promiscuo, nunca libre ni gozoso),de dinero, de herencias, de noviazgos, de bodas, de rupturas, de divorcios, de reconciliaciones, de alcohol, de drogas (sustancias en el lenguaje televisivo que trata de impedir demandas a toda costa y que solo osan a llamar por su nombre -cocaína- cuando es el propio adicto quien acude a un plató a confesar su dependencia), de cáncer, de disputas familiares, de reclamaciones de paternidad, o acusaciones de malos tratos.

¿Y quiénes lo hacen? Ex despechadas y despechados, chulos vengativos, amigos traidores, cirujanos plásticos, personal de servicio, parientes lejanos y, por supuesto, los propios protagonistas del asunto, factorías de contenidos capaces de mantenerse en el mercado gracias a su capacidad para dar juego en los platós y saber aprovecharlo como ese confesionario de reality en que se han convertido. El chisme televisivo es reaccionario y ese es, probablemente, su mayor defecto. El contenido moralizante rancio que transmite y que lo convierte en un modelo de ideología conservadora y carca donde se convierten en noticias sucesos que, a estas alturas del siglo XXI, podríamos esperar que hubieran dejado de serlo.

Sin embargo, hay algo más en esa fascinación, más allá de nuestro natural cotilla y de nuestro gusto por el morbo, de la imposición del espectáculo y la diversión por encima de la reflexión o el criterio. Más allá de todo eso se encuentra la eterna búsqueda de la verdad, el vértigo que nos produce balancearnos en el delgado filo que separa la realidad de la ficción, la vida de su imitación. Independientemente del fondo de los asuntos tratados, la tensión que mantiene el interés en los programas de este nuevo género es la constante lucha entre mentira y verdad, la confrontación de los personajes que se construyen ante las cámaras y la obsesión de los inquisidores en plantilla de los programas por desenmascararlos, en público, ante millones de espectadores que esperan con ansia a que se derrumbe el personaje para así poder atisbar la miseria que subyace en el fondo de unas vidas envueltas en fama, amor y lujo, en vidas de apariencia envidiable y que los espectadores confían en descubrir sórdidas, tristes, desconchadas. Las vidas de los otros a través del espejo.

El tráfico entre espejos más o menos deformantes es otra de las bases de este nuevo género donde los personajes saltan de un lado a otro; pasan de víctimas a verdugos, de invitados a tertulianos, de concursantes a jueces, de dianas de las opiniones de los colaboradores a colaboradores lanzadores de dardos envenenados de analfabetismo, machismo, homofobia y una actitud despectiva ante los otros que en ocasiones trata de hacerse pasar por un humor que no lo es, que se limita a la agresión.

Un género fiel a los argumentos más manidos de cierta ficción decimonónica

Uno de los ejemplos más claros, y más exitosos, de ese fenómeno de cruce de espejos es el de Belén Esteban, cuya mayor virtud ha sido saber permanecer en el quicio y moverse entre su doble condición de sujeto y objeto gracias a su asombrosa capacidad histriónica y a su enorme inteligencia a la hora de elegir los papeles que los guionistas le han ido proporcionando a lo largo de su fecunda carrera: madre coraje y separada sin paga, diabética acelerada, novia en busca de un vestido, objetivo del Defensor del Menor, carne de cirugía plástica y bailarina por horas en Mira quién baila.

Al otro lado del otro lado del espejo (público o no tanto), Antena 3 lleva meses tratando de igualar el éxito de Telecinco a través de una guerra desigual que no ha conseguido los esperados resultados de audiencia (Sálvame Deluxe ha logrado acabar con la hegemonía de DEC en muchas noches de viernes y los intentos de sobremesa de la cadena de Planeta han sido todos un fracaso, desde el veraniego Vaya par, con Mariñas y Patiño hasta el Tal cual Express con el que intentaron hacer sombra a Jorge Javier Vázquez con el fichaje de quien fuera su sustituto en el Tomate veraniego, Víctor Sandoval ), e incluso ha llegado a utilizar tácticas que contravienen el Convenio de Ginebra; recordemos que DEC llegó a invitar una noche al mercenario Amedo solo para poder mostrar unos informes de seguimiento donde se afirmaba que Vázquez mantenía encuentros sexuales con un directivo de Telecinco. Una acción de guerra sucia que iba más allá de una guerra entre cadenas que dejaba en mantillas a la del fútbol, puesto que la productora del programa que lanzaba tal bombazo no era otra que la mismísima reina mañanera republicana, Ana Rosa Quintana, a la sazón ex jefa y amiga de Jorge Javier y de su colaboradora Belén Esteban.

Golpes bajos, juego sucio, ofertas y contraofertas a personajes que, gracias a la competencia entre DEC y Sálvame Deluxe, han visto como sus cachés volvían a recuperar el esplendor perdido, y cadenas que tomaban partido por personajes antagónicos y hacían de ellos arietes en cada batalla si Telecinco tiene a la Esteban, Antena 3 cuenta con la complicidad de Jesulín y señora, que hasta les abren las puertas de su cortijo.

No se trata de neorrealismo televisivo , sino de pura telerrealidad

Si Sálvame cuenta con la cuñada viuda de Rocío Jurado entre sus colaboradores, DEC ofrece el testimonio de uno de los músicos de La Más Grande (LMG), que acusa al hermano de la cantante (marido de la cuñada viuda) de haber estafado a su hermana... y así se va alimentando este reality de vísceras, mentiras y presunciones donde ya no tienen cabida los personajes que ocupan las páginas a color de los boletines del auténtico corazón, figuras de portada del ¡HOLA! que rara vez acceden a participar en ese Gran Hermano interactivo y que ya conforman otra clase de famosos, bidimensionales y por entregas: miembros de la familia real, miembros de la familia Iglesias, miembros de la familia Thyssen, miembros de la familia Alba y adláteres, actores y actrices patrios con un carrerón internacional, aristócratas varios, Isabel Preysler/Pantoja o modelos de postín. Y es que, como bien sabe Norma Duval, otra de las habituales del ¡HOLA!, una cosa son las revistas y otra la revista, el género teatral más parecido al actual espectáculo televisivo de la intimidad de las celebridades.

El corazón agresivo ha muerto, y en el hueco que ha dejado en el tórax de las televisiones se han instalado cámaras que lo ven todo, que giran en todas las direcciones para mostrar las vísceras de los personajes al tiempo que registran lo que se mueve a su alrededor. Poco tienen que hacer ante este fenómeno los intentos de parodia crítica televisiva, como Sé lo que hicistéis o La escobilla nacional, porque el nuevo género ha nacido como una caricatura terrible y negrísima de lo que un día contuvo: corazón.

Telerrealidad del chisme: tipología de los colaboradores

Periodistas profesionales del corazón
Con experiencia en la prensa escrita, sirven para darle un carácter colegiado al espectáculo (Jesús Mariñas, Rosa Villacastín, Lydia Lozano...)

Azotes de famosos. Profesionales del ataque
Belén Esteban contra Jesulín, Maite Zaldívar contra Julián Muñoz o Mila Ximénez contra Pantoja son tres ejemplos

Mamporreros de famosos Profesionales de la defensa
Periodistas, o no, cuyo mayor mérito consiste en mantener una relación cercana a los personajes y que los defienden a capa y espada: Luis Rollán, Raquel Bollo o Chelo G. Cortés

Famosos del otro lado. Profesionales del plató
Celebridades que pasaron de ser noticia a comentarlas: Massiel, Bárbara Rey, Alessandro Lecquio, Miriam Sánchez

Grandes hermanos. Grandes profesionales de lo suyo
Kiko Hernández y Marta López son expertos en... sea lo que sea que hagan.