Martes, 18 de Diciembre de 2007

Los líquenes hablan

Investigadores españoles, de la Universidad de León, utilizan estos organismos para mostrar la contaminación de las centrales térmicas

MANUEL ANSEDE ·18/12/2007 - 00:00h

La profesión de liquenólogo cambió radicalmente en la pausa para el café de un congreso de medio ambiente y salud humana, organizado en 1997 en el Véneto, en el noreste de Italia. En aquel descanso, el investigador Pier Luigi Nimis mostró su mapa de líquenes de la región al médico milanés Cesare Cislaghi, que había realizado un atlas de distribución del cáncer de pulmón en la zona. Ambos se quedaron pasmados. Los dos mapas coincidían perfectamente.

La pareja de científicos decidió publicar de manera conjunta los resultados de sus investigaciones en la revista Nature y, desde entonces, los líquenes -unos organismos formados por la unión simbiótica de un hongo y un alga, muy sensibles a los contaminantes ambientales- se han convertido en el indicador más barato para detectar la contaminación atmosférica y, por extensión, el riesgo de padecer enfermedades pulmonares.

Los biólogos Arsenio Terrón y Ana Belén Fernández Salegui, de la Universidad de León, aplican desde 2002 el método de Nimis en siete centrales térmicas del noroeste español para medir la calidad del aire en su entorno. Su labor consiste en recoger líquenes de zonas vírgenes y trasplantarlos a las cercanías de las centrales térmicas, para observar su metamorfosis. Los resultados son inquietantes. Algunos líquenes mueren en menos de 15 semanas, sobre todo en las centrales de Compostilla II, en León, y Narcea, en Asturias. "Es como si hubieran apuntado con un soplete a algunos líquenes", explica Fernández Salegui.

Unión Fenosa, propietaria de la central de Narcea, conoce estos estudios. Incluso ha financiado algunos de ellos. Sin embargo, en su informe de gestión ambiental de 2006, las investigaciones de la Universidad de León se reducen a unas pocas líneas. En el caso de Narcea, la memoria dice: "El estudio de líquenes muestra anomalías en dos parcelas, las cuales indican la existencia de condiciones medioambientales no adecuadas para el desarrollo de los líquenes. En las restantes parcelas, no se modifica su estado fisiológico".

"Esto es todo lo que han extraído de los seis años de estudios", se queja Fernández Salegui. "No tenían obligación de hacer el estudio, pero ya que tienen los datos, podían aprovecharlos para algo", agrega.
Para Terrón, la debilidad de los líquenes en el entorno de algunas centrales térmicas sólo se puede explicar si la contaminación ambiental es muy elevada. "En la medida en la que la contaminación afecta a los líquenes nos afecta a nosotros", advierte Terrón.

Jesús Abadía, director de Medio Ambiente de Endesa, la empresa gestora de Compostilla II, admite que no utilizan habitualmente los líquenes para medir la contaminación ambiental. Endesa, explica, utiliza sistemas de medición automática, que calculan la concentración de contaminantes atmosféricos. En su opinión, "ahora mismo no hay problemas de calidad del aire".

Jesús González, jefe de la central térmica leonesa de La Robla, propiedad de Unión Fenosa, cree que la población no debe preocuparse. "No hay ninguna correlación entre nuestra actividad industrial y los cambios que hemos observado en la flora", asegura.

Infografía de térmicas y cáncer

Nueva legislación para reducir las emisiones

Las centrales térmicas escupen al medio ambiente grandes cantidades de dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno, ozono y partículas, responsables de múltiples enfermedades pulmonares. En un intento de reducir estos contaminantes, el Consejo de Ministros aprobó el pasado 7 de diciembre el Plan Nacional de Reducción de Emisiones de las Grandes Instalaciones de Combustión, que entrará en vigor el 1 de enero de 2008. El objetivo es reducir un 81% las emisiones de dióxido de azufre, un 15% las de óxidos de nitrógeno y un 55% las de partículas.

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