Viernes, 28 de Septiembre de 2007

Exceso de formalidad entre cochinillos

DIEGO VASKO ·28/09/2007 - 18:59h

A 30 minutos de Segovia vi una señal que auguraba ayer un día más emocionante. Al principio pensé que era un solitario molino de viento, pero luego descubrí que es una inmensa catedral de la fiesta, cuyo símbolo para atraer a los feligreses, es una gigantesca cruz en clarísimo homenaje a los franceses Justice. 

Aunque lejos de ser un FIB, la definición de Bill 'saxo' Clinton del Hay Festival "el Woodstock de las mentes", parecía más exacta "because we are your friends, you ´ll never be alone again, so come on" al segundo día del Hay Festival.

De molinos cervantinos a laberintos borgeanos, Edwin Williamson estuvo él sólo con una botella de agua batallando con la acústica de la Iglesia en lo que pareció un cuasi sermón sobre el ilustre escritor argentino. Una hora sin stop en la que habló sobre la vida de Borges y cómo eso afectó a la vida de Borges; como en aquel poema en el que el escritor argentino se desdobla a sí mismo.

Se detuvo también en simbolismos que aparecen en su frondosa obra como el tigre, la espada -a la que emparentó con la madre- y el puñal -asociado al padre-.

Al mismo tiempo en otro espacio, continuaban hablando de la guerra desde la visión de Jaime de Giovanni. Y en las calles se sucedían procesiones por el día de la patrona de Segovia y la Hermandad de Veteranos con su banderita de España, España, España, danzada por las calles al mejor estilo 'Amanece que no es poco'.

Un rato más tarde el exceso de formalidad me derritió. Los tres editores -Anagrama, Pretextos y Siruela- convocados para hablar de su profesión llegaron a adormecer. 15 minutos leyendo sus biografías por parte de un mediador que llegó a espetar "A continuación va a tomar la palabra" para continuar un esquema de coloquios -palabra aburrida si las hay- donde 45 minutos son para las autobiografías y 15 minutos para que la gente pregunte.

El catedrático Paul Preston logró el primer aforo completo de ayer y le puso algo de azúcar al festival. Su traje azul oscuro disimulaba unas zapatillas negras que devolvían la esperanza de hablar de cosas serias sin tanta solemnidad.

Entusiasmó al público con lucidez y conocimiento y fue categórico en sus declaraciones y muy preciso al hablar de los corresponsales extranjeros durante la Guerra Civil: "'Homenaje a Cataluña' (de George Orwell) es el más famoso de los 25 o 30 mil libros que se han escrito sobre la Guerra Civil. Eso es como decir que 'Mi granito de arena para derrocar a Hitler' de Terence Milligan (comediante inglés del grupo The Goon Show) es el mejor libro sobre la Segunda Guerra Mundial".

La esperanza se volvió a oscurecer cuando tuve que perderme la oportunidad de conocer al creador del alcohólico detective John Rebus porque el último transporte público sale de la ciudad de los cochinillos a las 21.30 horas.

Hoy y mañana se esperan los platos fuertes, esperando por cierto, algo que se salga de lo planeado; indicios que hagan creer que la literatura puede ser divertida y puede mezclarse con otros elementos como el vídeo, el sonido y una puesta en escena creativa -más allá de la mesa cuadrada de IKEA- para darle vidilla al estructurado festival del que el austriaco Robert Menasse fue hasta ahora el único capaz de jugarse despotricando contra la puesta en escena y dilapidando: "Si escribir fuera la posibilidad de venir a estos congresos, evitaría escribir".

Mientras tanto, entre tejas rojas, casas derruidas y restauradas, piedra y adoquines, seguiré buscando la playa del otoño.


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