Domingo, 16 de Diciembre de 2007

La espantada a Málaga deja a los cazadores con la mesa puesta

OLIVIA CARBALLAR ·16/12/2007 - 23:14h

El presidente libio se cansó de Sevilla, dejó plantados a los organizadores de la cacería con el plato en la mesa y se fue con los bártulos a otra parte.

Ayer, Gadafi y su séquito cambiaron el lujo y los jardines de La Boticaria por las cuatro estrellas de un NH en el centro de Málaga, donde llegaron sobre las cinco de la tarde. "Recogieron todo, incluida la jaima y se fueron sin dar explicaciones pese a tener reserva hasta mañana [hoy]", dijo un portavoz del establecimiento sevillano.

El coronel quería visitar Marbella, que además del ex asesor de Urbanismo Juan Antonio Roca, también adoran los árabes ricos.
¿Pero por qué esta espantada? Las razones eran ayer tan secretas como pretendían ser las actividades de su visita privada a Andalucía.

Según pudo saber este periódico, la delegación libia no ha visto con buenos ojos la toma de algunas imágenes y la fuerte presencia de periodistas, con los que han intentado jugar al despiste. Público se coló en su jaima el sábado, horas antes de que Gadafi llegara a Sevilla.

De copas con Aznar

Y entre el retraso del avión y las escasas horas que el coronel permaneció en la capital andaluza, sólo pudo recibir al ex presidente del Gobierno José María Aznar y su mujer, Ana Botella. Según fuentes cercanas a la visita, el matrinonio, tras la cena, tomó unas copas con el hijo de Gadafi en el bar del hotel Alfonso XIII, donde se alojaban.

Para lo que el presidente libio finalmente no tuvo tiempo fue para la Junta Islámica y el Sindicato de Obreros del Campo. Los primeros, de quienes partió la invitación a Andalucía, sabían que era "difícil" y entendieron los compromisos de Gadafi.

Los segundos, invitados por el coronel, no quisieron darle mayor importancia. "Con esta indefinición ni siquiera sabíamos ya si íbamos a poder ir porque nosotros estamos por los pueblos", dijo un portavoz. Otra vez será. Aunque para entonces, igual la Iglesia sigue sin dejarle rezar en la Mezquita de Córdoba. 

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