Domingo, 16 de Diciembre de 2007

La globalización se ha olvidado de los ultra-pobres

162 millones de personas viven con menos de medio dólar al día

BELÉN CARREÑO ·16/12/2007 - 17:37h

“Cuentan de un sabio, que un día tan pobre y mísero estaba, que sólo se sustentaba de unas yerbas que cogía. ¿Habrá otro, entre sí decía, más pobre y triste que yo? Y, cuando el rostro volvió, halló la respuesta viendo que iba otro sabio cogiendo las hojas que él arrojó”.

Ésta fábula recogida por Calderón de la Barca en “La Vida es Sueño”, es válida, cuatro siglos después, para explicar la heterogeneidad de los 1.000 millones de pobres que viven en el mundo. Según la definición clásica, ‘pobre’ es aquel que sobrevive con un dólar al día. Esta cifra irrisoria es el sueño de 162 millones de personas, que intentan alimentarse, vestirse y guarecerse con apenas 50 centavos (30 céntimos de euro) al día.

Esta cifra llama poderosamente la atención al compararla con la estadística del INE que fija en 16 euros al día (400 veces más) los ingresos para que un español se considere pobre.

Un reciente informe de The International Food Policy Research Institute (IPFRI) evalúa la marcha de la pobreza en el mundo para concluir que, pese a la mejoría generalizada en su erradicación, la globalización económica ha dejado atrás a un colectivo: los ultra-pobres.

El organismo ha recopilado la evolución de los tres segmentos de pobres: los que ganan entre 75 centavos y un dólar al día; los que están entre 50 centavos y 75 y los que están por debajo de los 50 centavos. Así, en el periodo comprendido entre 1990 y 2004, la pobreza se redujo en el mundo de media en un 4%, pero en el estrato más pobre sólo se recortó en un 1,4%.

Impacto limitado

La concentración geográfica de los ultra-pobres arroja algunas pistas sobre el papel del crecimiento económico en su contención. El consenso teórico dice que por cada punto de crecimiento (1%) se reduce entre un 2% y un 3% el número de personas viviendo por debajo del umbral de la pobreza.

Sin embargo, en los países más pobres, el impacto del crecimiento es más limitado, y por cada 1% de mejora económica sólo se consigue reducir el porcentaje de pobres entre 0 y 73 décimas. En este sentido, el Sudeste Asiático (la región en desarrollo que ha vivido el crecimiento económico más vigoroso) ha logrado disminuir su tasa de pobres del 29,8% al 9,1% y casi ha erradicado la existencia de ultra-pobres.

Por el contrario, en el mismo periodo, los países del África sub-sahariana sólo han moderado su tasa de pobres del 46,8% al 41,1% y han experimentado un crecimiento de la población con mínimos ingresos, hasta aglutinar a las tres cuartas partes (más de 100 millones de personas) de ultra-pobres del mundo.

El informe concluye que la principal causa de persistencia de la pobreza es la desigualdad social. A más apertura social, mas probabilidades de erradicar la pobreza.

En este sentido, los expertos entienden que los ultra-pobres están “atrapados” en la pobreza. Aunque parezca difícil de creer, la diferencia entre contar con 50 centavos o un dólar de ingresos al día es determinante a la hora de acceder a determinadas oportunidades que permiten romper el círculo vicioso de la pobreza. Es casi tres veces más fácil que un pobre con un dólar al día acceda a la electricidad que un ultra-pobre.

El primer elemento que condena a un pobre a ser pobre, es la malnutrición. La correlación entre ultra-pobres y ultra-hambrientos (aquellos que consumen menos de 1.600 calorías) es muy elevada y genera un problema claro de baja productividad laboral.

Como son pobres no pueden comer, al no comer no pueden trabajar y, al no conseguir un empleo, son pobres. Esta primera atadura es, probablemente, la más difícil de romper y la que potencia el resto de los lastres de la pobreza.

Campesino y sin estudios

Además, el perfil del ultra pobre viene marcado por habitar en una zona rural, en contra de la tendencia marcada en la década de los ochenta, cuando los más pobres se arremolinaban en áreas urbanas. Otros aspectos como los desastres naturales (propios de lugares alejados), las enfermedades (altamente relacionadas con la mala nutrición) o el género, agudizan la merma de ingresos.

A estos factores se les unen circunstancias adquiridas, es decir, las que son fruto de un acuerdo social. Es el caso de la pertenencia a un grupo excluido, una connotación especialmente relevante en el problema de las castas en India o de los indígenas en latinoamérica. La educación es otro de estos elementos, ya que son evidentes las escasas posibilidades que un ultra-pobre tiene de ir a la escuela. En este caso, la tasa de escolarización de los niños pobres en cuyos hogares tienen un dólar al día (81%) es el doble que la de los niños en cuyas familias cuentan con cincuenta centavos para sobrevivir.

En términos económicos la imposibilidad de acceder a un crédito es uno de los factores que más lastran a los más míseros. Por el contrario, no se ha conseguido demostrar que el tener una tierra en propiedad facilite salir de la pobreza.

Si, efectivamente, en Asia los campesinos que no cultivan sus propias tierras son pobres, en África se da con mayor incidencia la tendencia contraria, es decir, que el que tiene su propio terreno tenga menos ingresos que el agricultor asalariado. Por su parte, en América Latina, la correlación entre pobres y sin tierra es alta aunque, en este caso, descienden en el estrato por debajo de los 50 centavos al día.