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Viernes, 15 de Enero de 2010

Del entusiasmo al realismo, la Unión Europea mantiene la fe en una nueva relación con Washington

EFE ·15/01/2010 - 21:11h

EFE - (De i a d) Javier Solana, el entonces jefe de la diplomacia de la UE; el presidente estadounidense, Barack Obama; el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, y el primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt, antes del comienzo de la cumbre Estados Unidos-Unión Europea en Washington el pasado noviembre. EFE/Archivo

La Unión Europea mantiene la esperanza de alcanzar pronto una nueva relación con Estados Unidos que colme las expectativas creadas por la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca, pese a cierto sentimiento de decepción que se percibe en Europa al final de su primer año de mandato.

El fracaso de las negociaciones sobre el cambio climático, celebradas en diciembre en Copenhague, ha supuesto para los europeos un auténtico fiasco, que se ha sentido casi como una humillación.

"Si la cumbre de Copenhague nos enseña algo, es que la Unión Europea no tiene suficiente autoridad mundial cuando se trata a países como China", reconocía esta semana en Bruselas, sin ambages, un peso pesado de la próxima Comisión Europea, el alemán Günther Oettinger.

Lo que más les ha dolido a los europeos de esa experiencia es que, a la hora de la verdad, en una de las cuestiones más trascendentales para el planeta, Obama no quiso hacer frente común con Europa, sino que prefirió ponerse de acuerdo con China y las potencias emergentes, sin ni siquiera ofrecer a la UE una silla en las conversaciones decisivas.

El resultado contrasta con los buenos propósitos que se fueron afirmando a lo largo del año, especialmente tras el primer viaje a Europa del presidente estadounidense a principios de abril.

En fecha tan reciente como el 19 de noviembre, día de la designación del primer presidente a tiempo pleno del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, y de la nueva Alta representante para la política exterior, Catherine Ashton, la Casa Blanca emitió un comunicado de felicitación en el que hacía una constatación estimulante:

"Estados Unidos no tiene ningún socio más importante que Europa en la tarea de aumentar la seguridad y la prosperidad en el mundo", decía Obama.

Después de ese comunicado, los europeos se han sentido en cierto modo traicionados, y desde la gran cita frustrada de la capital danesa el realismo ha ido imponiéndose al entusiasmo.

No obstante, en el libro "El Momento Obama", publicado en estos días por el Instituto de Estudios de Seguridad de la UE (ISS), con sede en París, el ex primer ministro irlandés y ex embajador europeo en Washington John Bruton asegura que el cambio en la política exterior propiciado por el presidente estadounidense es "más radical de lo que se esperaba".

"Y representa una oportunidad para la Unión Europea que debe ser aprovechada mientras dure", añade.

Gran parte de la responsabilidad por el desengaño sufrido es imputable, según los observadores, a la propia Unión Europea, que ha atravesado una larga etapa de incertidumbre institucional en la que ha sido incapaz de hablar convincentemente con una sola voz.

Pero esa etapa comienza a quedar atrás después de la entrada en vigor, el 1 de diciembre pasado, del nuevo tratado europeo, el Tratado de Lisboa, que refuerza los mecanismos a disposición de los Veintisiete para llevar a cabo una política exterior coordinada, eficaz e influyente.

El Gobierno español, que asumió el primero de enero la presidencia semestral de la UE, se ha fijado como uno de sus objetivos prioritarios en el campo de las relaciones exteriores la revitalización de las relaciones entre Europa y Estados Unidos.

"Somos lo que se ha dado en llamar 'Occidente', compartimos principios y valores, pero con excepción del tratado militar firmado en el marco de la OTAN no tenemos verdaderos acuerdos con Estados Unidos sobre todo lo demás", resumía el secretario de Estado español para la UE, Diego López Garrido, durante un acto de presentación en Bruselas de las prioridades del semestre.

"Queremos una nueva generación de acuerdos. Tenemos que revitalizar la Agenda transatlántica", anunciaba.

El calendario con el que trabaja la diplomacia española y europea es la cumbre bilateral entre los dirigentes de la UE y el presidente Obama, prevista para el 24 de mayo en Madrid.

En esa fecha, se espera poder proclamar el comienzo de un nuevo vínculo con Washington que "refuerce la complicidad", en palabras del representante español, entre las dos orillas del Atlántico, en cuestiones como la reforma del sistema financiero internacional, la lucha contra el terrorismo, la ayuda a África o el intercambio de datos personales.

El marco actual de relaciones, la llamada Agenda Transatlántica, data de diciembre de 1995, momento en que también España presidía la Unión Europea.