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Viernes, 15 de Enero de 2010

El primer año de Obama marcó un punto de inflexión en las relaciones con Rusia

EFE ·15/01/2010 - 21:11h

EFE - El presidente estadounidense, Barack Obama (d), estrechando la mano del presidente ruso, Dmitri Medvédev, durante el encuentro que mantuvieron en la última jornada de la cumbre de la ONU del Cambio Climático en Copenhague el pasado diciembre. EFE/Archivo

El primer año de Barack Obama al frente de la Casa Blanca ha marcado un punto de inflexión en las relaciones entre Moscú y Washington, tras un prolongado período de enfriamiento que hizo rememorar los tiempos de la "guerra fría".

Nada más comenzar su andadura como presidente de Estados Unidos, Obama se pronunció por el relanzamiento o, para usar el término informático empleado por Washington, el "reinicio" de las deterioradas relaciones con Rusia, declaraciones que fueron acogidas con beneplácito por el Kremlin.

Para demostrar la sinceridad de su propósito, el primer presidente afroamericano de EEUU acudió en julio pasado a Moscú, donde se reunió con su homólogo ruso, Dmitri Medvédev, y a quien le expresó lo que el Kremlin ansiaba oír: que Rusia es una gran potencia, a la que se respeta y a la que hay que tratar de igual a igual.

"Todavía es pronto para hablar de una nueva 'luna de miel', pero (...) Obama subrayó que los enfoques de su Administración en las relaciones con Rusia serán distintos a los de sus predecesores", escribió entonces el diario "Izvestia", el decano de la prensa rusa.

En esa cumbre, Obama y Medvédev acordaron reanudar las negociaciones de desarme estratégico, paralizadas durante la administración de George W. Bush.

"Si las mejoras en las relaciones bilaterales quedan refrendadas en acuerdos concretos y pasos conjuntos reales, creo que la confianza mutua podrá ser restablecida bastante rápido", comentó los resultados de esa cita el primer y último presidente de la extinta Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov.

Dos meses después de la reunión de Moscú, en septiembre, el presidente estadounidense anunció la renuncia de Washington a emplazar elementos de su escudo antimisiles en Polonia y la República Checa, proyecto que Rusia rechazaba.

Para el Kremlin, el emplazamiento de radares y cohetes interceptores en Europa del Este era una amenaza directa a su seguridad nacional tan grave, que Medvédev llegó a amenazar con desplegar misiles Iskander en Kaliningrado, enclave ruso en el mar Báltico y el punto más occidental de Rusia.

"Decir que nos es más fácil trabajar tras la llegada al poder de la Administración demócrata de Barack Obama sería simplificar mucho las cosas. Hay más trabajo, pero ha cambiado su calidad", dijo en diciembre pasado el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov en una entrevista con la agencia Interfax.

Según el jefe de la diplomacia rusa, en esta etapa Moscú y Washington "despejan los problemas que se acumularon durante la anterior Administración (estadounidense) y que provocaron una profunda crisis de confianza" en las relaciones bilaterales.

"De hecho, nos hallamos en el comienzo del proceso de retorno de nuestras relaciones a la normalidad, lo que también incluye tener en cuenta nuestra responsabilidad conjunta por los destinos del mundo", dijo.

Pese a la evidente mejora de su relaciones, EEUU y Rusia mantienen importantes divergencias, en particular en lo que se refiere a la situación en el Cáucaso: Washington respalda la integridad territorial de Georgia, mientras Moscú apoya las independencias de las separatistas Abjasia y Osetia del Sur.

También difieren los enfoques de la Casa Blanca y el Kremlin en asuntos como los derechos humanos, la libertad de prensa y la democracia en general.

Pero son muchas más las coincidencias: en particular en asuntos como la necesidad del desarme nuclear, la no proliferación de las armas de destrucción masiva, la lucha contra el terrorismo internacional y otros problemas globales.

Pese a los nuevos aires que se respiran en las relaciones ruso-estadounidenses, los resultados palpables no se concretan de la noche a la mañana.

Aunque Obama y Medvédev manifestaron su voluntad de firmar antes de terminar 2009 un nuevo tratado de desarme nuclear, en sustitución del START, que expiró el 5 de diciembre pasado, los negociadores de ambos países continúan discutiendo los términos del texto.

Bernardo Suárez Indart