Archivo de Público
Viernes, 15 de Enero de 2010

"Un día dijo que no volvería a clase"

La Guardia Civil investiga la muerte de tres taiwaneses

DIEGO BARCALA ·15/01/2010 - 21:11h

- Vaya con los chinitos, Mari Carmen.

- Ni que hubiera tocado la lotería hija, no se habla de otra cosa.

En el colegio, en el Ayuntamiento, en el parque o en el supermercado. El extraño hallazgo de tres miembros de la familia Kun Lee muertos en el salón de su propia casa desde hacía dos semanas despertó ayer una investigación en cada tertulia de San Martín de Valdeiglesias (8.000 habitantes), a 70 kilómetros de Madrid.

Los Kun Lee son taiwaneses pero para los vecinos y el padrón municipal son chinos. Los cadáveres del cabeza de familia, un trabajador de 46 años en un almacén de Alcorcón, y dos de sus hijos (un varón de nueve y la menor de cuatro), yacían en una esquina del salón de su chalet adosado cuando la Policía Local entró, hace dos días, en su casa. La madre, de 44 años, se encontraba débil en un sillón. Y al cargo de los dos niños pequeños, una cría de 11 años y otro de seis, estaba Yun, de 14. O Luz, como se hacía llamar ante sus compañeros de clase.

El primero en morir fue el padre y después los dos hijos

La autopsia de los fallecidos descartó la muerte violenta y aportó datos que permiten a la Guardia Civil establecer una primera línea de investigación alrededor de una posible intoxicación. El primero en morir fue el padre y después, ante el bloqueo de la madre, murieron los dos hijos. Su reacción fue seguir con el día a día velando los cadáveres.

Luz es la mayor de los cinco hermanos y ejerce como tal. Todo el vecindario recuerda cómo se encargaba de llevar en fila a todos sus hermanos a clase. "Lloviera o nevara, siempre los llevaba", comenta una vecina de la familia. La responsabilidad también se notaba en las notas. "Sacaba diez en todo menos en gimnasia, porque tenía un problema en las piernas y sólo hacía la teoría. Era una máquina. Pero tampoco tenía muchos amigos. Yo creo que su padre le dijo: tú a estudiar y nada de lo demás", la define uno de sus compañeros de 3º de ESO en el Instituto Pedro de Tolosa.

Se iba a China

"Un día de noviembre dijo que no iba a venir más a clase. Nos dijo que se iba a China y no sabíamos nada más", resume otra compañera. En el colegio no supieron nada más de Luz, pero el padre seguía trabajando con su furgoneta. Y la madre aún cuidaba el huerto del jardín trasero sobre el que, ayer, apenas quedaban hierbajos y un triciclo abandonado.

Nada hizo sospechar a los vecinos del drama, con cadáveres incluidos, que habitaba el número 35 de la calle Benavides de Órbigo. "Espero que no se hayan muerto de hambre. Con la cantidad de comida que se tira en la basura. Nos habríamos volcado. Pero apenas decían nada. Eran extremadamente educados", lamentó una vecina.

Sin embargo, la hipótesis de una muerte por degradación extrema de la economía familiar no parece cuajar. Fallecido el padre, la madre continuó con algunas tareas del hogar sin avisar a nadie. Actuaba de manera tan cotidiana que esta misma semana había ido al supermercado cercano a hacer una compra. "Se gastó 200 euros", apunta una cajera del Carrefour próximo a la urbanización de chalés adosados. El alquiler alcanzaba, aproximadamente, los 500 euros.

La madre hacía una vida normal con la mitad de la familia muerta en el salón

La delegada del Gobierno en Madrid, Amparo Valcarce, apuntó ayer que se trataba de una familia "que lleva varios años en España, integrada en la comunidad, con toda su documentación en regla".

La Guardia Civil investiga cada declaración de conocidos, del vecindario y de sus personas allegadas para esclarecer el motivo por el que la mitad de la familia continuó encerrada en casa, con la otra mitad muerta en el salón. La madre permanece ingresada en el Hospital de Alcorcón para comprobar si sufre alguna dolencia que pudiera estar relacionada con los fallecidos. Y el resto de niños, todos sanos, serán tutelados de momento por la Comunidad de Madrid.

La extravagancia de la actitud de los Kun Lee desató la rumorología en el pueblo. En el colegio alertaban de la "extrema religiosidad" de la familia y una vecina, trabajadora en la Biblioteca Municipal, aseguraba que debían el préstamo de una Biblia. "¿Pero Yun está bien?", interrumpió un compañero de clase de Luz para dar cordura a la tertulia.